.blogspot.com/2011/08/el-sentido-de-la-responsabilidad.html">EL SENTIDO DE LA RESPONSABILIDAD
En los últimos tiempos, estoy teniendo la fortuna de
contar con suficiente espacio y disposición para revisar algunos viejos libros
de mi biblioteca que, en razón a prioridades establecidas muchas veces sin
tanta razón o justificación, hacía tiempo no desempolvaba. Y resulta que
compruebo, cada vez con más fuerza y con no poco asombro, cómo muchas de las
cosas que hoy representan fuertes carencias, ya lo han sido en un pasado si se
quiere no tan remoto.
Uno de los aspectos de la gerencia que siempre me he
esmerado en resaltar y cuidar en cualquiera de las gestiones que me ha tocado
realizar en mi vida profesional, es la necesidad de dar, a quien corresponda,
el reporte cierto, sano y periódico de la responsabilidad que asumimos.
En términos simples y técnicos, siempre resumí esta necesidad a mis
colaboradores con una palabra que los no siempre simpáticos gringos emplean
a ultranza en sus empresas –e inclusive en sus sencillos actos de vida
cotidiana– que es el accountability. Esta palabra, –sin
querer darle importancia sintomática al asunto-, si la buscamos en un
diccionario traductor encotraremos que no tiene equivalente directo y exacto en
nuestra lengua; no obstante, la conocemos y la aplicamos por la vía de una
frase compuesta de las tres simples palabras castizas siguientes: rendición
de cuentas; que no es igual pero se ajusta perfectamente a la
idea.
El hecho es que esta noche he vuelto sobre la obra del
trujillano Mario Briceño Iragorri, y encontrado la referencia de una
conversación suya con el ya para ese entonces ex-presidente López Contreras
quien en 1937 hablaba de una "crisis de hombres" en Venezuela.
A lo cual, don Mario argüía a su amigo que, realmente, si podía hablarse de una
crisis no era precisamente de gentes ni de capacidades en sí, sino que era ...de
sentido de responsabilidad en los funcionarios públicos, muchos de ellos
avocados, por falta de examen de sus propios recursos, al ejercicio de
funciones en las cuales no les era posible dar rendimiento alguno... y
prosigue don Mario, y ya en el ensayo de donde extraigo esta historia, escrito
en 1950 (*), con unas palabras que parecieran escritas hoy mismo, 2011:
...Esta crisis sigue vigente, sin que haya visos de que pueda
remediarse...
Son cosas de la historia. Sin embargo,
intentando someterla a cierta verificación empírica –aunque no científicamente
sistemática- me consigo que en muchísimos de los jóvenes talentos
venezolanos con los que me ha tocado interactuar en mi reciente retorno a la
vida universitaria, consigo que hay una energía especial y un talento dispuesto
a actuar y a rendir cuenta de lo hecho. Confieso que es algo que me
energiza y me abre una ventana de esperanza en medio de esta situación llagada
de malas noticias, desencuentros, fugas, muertes y demás síntomas
necrofílicos. Creo que hay un latir en positivo entre los más jóvenes;
entre aquellos que están listos al bate.
A nosotros, los mayorcitos, nos tocará ayudarlos a que
no cometan los errores rancios de los que está plagada nuestra historia, la
reciente y la no tanto.
(*) Briceño Iragorri, Mario. (1972). Mensaje sin destino. Ensayo sobre nuestra crisis de pueblo. Caracas. Monte Avila Editores.