.
Dame pan y llámame perro es lo que parecen dar a entender tanto
el presidente en funciones como los “marqueses” de Galapagar. Ambas partes
defendieron en su día luz y taquígrafos para todo tipo de acuerdos, pero lo
hacían cuando estaban en la oposición. Pecaron de mentirosos, trileros,
troleros e inexpertos. No sabían lo que era estar en Gobierno. Eso de rendir
cuentas nunca va con la izquierda, generalmente acomplejada, confusa y opaca.
Sobran ejemplos en estos días cuando se está en plena negociación con las
distintas banderías de la izquierda española y del golpismo catalán.
Tampoco faltan “marqueses” que no lo son, pero actúan como
si lo fueran y no se les caen los anillos cuando hablan de “abusos contra las
mayorías sociales”, a la vez que los cometen mientras atropellan y humillan la dignidad
personal. Dicen defender los derechos laborales y sociales, pero no los
practican; a veces, rebajan la dignidad y los derechos como si el otro no
significara nada. Lo peor de todo es que se alimentan y enriquecen de la
ignorancia social y del analfabetismo funcional y sectario de sus propios
votantes. Recuerden que el movimiento obrero socialista de antigua unión
Soviética, allá por 1935, hablaba de derechos, pero esos solo lo eran para la
clase dirigente, en tanto que regulaban el estajanovismo para que los demás se
limitaran a hacer méritos en el partido a base de horas de trabajo para
aumentar la productividad.
Hay que tener cuidado con las funciones de cada contrato. Si
te contratan como escolta no tienes que dejarte obligar “a calentar el asiento del coche
antes del comienzo de la jornada laboral fijada por contrato”, al igual que
tampoco se debe hacer de recadero ni ir a por la comida para los titulares del
marquesado ni “productos infantiles para los tres bebés de la pareja” ni para
los perros guardianes. ¿Qué trabajo y sueldo digno pueden garantizar “robaperas
y pelamanillas” de este calibre, como los componentes del “marquesado” de
Galapagar? ¡Es el ejemplo vivo del
chavismo bolivariano más absurdo, dictatorial y esquizofrénico! Ahí tienen estos días a los “señores
marqueses”, sin hacer ruido ni dar que hablar, conocedores de que el CNI
advirtió a Pedro ‘Plagio’ de la insensatez de meter “el zorro en el gallinero”.
El presidente en funciones no descarta romper ese preacuerdo e ir a nuevas
elecciones, aunque solo sea por fastidiar al “último Borbón”, como dice
Puigdemont.
Son claros ejemplos de que tenemos que vacunarnos contra esa
siniestra con piel de cordero y contra la ultraizquierda parasitaria, ruin y
abusiva. Sin duda, se precisa con urgencia un Gobierno de progreso, pero que siempre se queda en “progre” y poco
más. Es evidente que la “progresía” no garantiza la seguridad ni el bienestar
ni el progreso, pero sí la desaceleración social y económica más peregrina,
además de los peligros sociales que la izquierda lleva aparejados. Apenas han
pisado alfombra y ya son casta aunque la ciudadanía los conoce figuradamente
como “castuza”, nada que ver con su significado real en Puerto Rico.
No hay que caer en la barbaridad de pensar que el falso
progresismo garantiza las pensiones, la educación, la sanidad igualitaria y los
salarios. Ya hemos vivido dos veces las crisis y siempre llegan de la mano del
PSOE aunque empieza negándolas. Sepan que el socialismo se acaba cuando se
termina el dinero de los demás. Y en ello estamos. Ahí tienen el ejemplo de
Andalucía: el socialismo crea la crisis y el superdéficit, pero sanciona a
quien gobierna después, justamente el momento en que Andalucía levanta la
cabeza; más grave aún, la ministra de Hacienda castiga el déficit e
incumplimiento que ella misma aprobó e incumplió. ¿Se puede ser más burros?
El tema de estos días es la postura del trilero, Pedro
‘Plagio’ Sánchez, tras no conseguir la investidura. No ha faltado tiempo a su
portavoz para aventar que no se subirán las pensiones y se aumentará el Salario
Mínimo Interprofesional mientras no haya Gobierno. No deja de ser una forma de
chantaje con tintes infantiles, pero amplio daño a un importante sector de la
ciudadanía. Los ánimos se han crispado y ya empiezan a oírse campanas de
manifestación de jubilados. Se sienten engañados por el trilero y trolero
presidente en funciones. Al parecer, durante la campaña electoral, y siempre
según el PSOE, no eran promesas electorales sino simples reflexiones de
trabajo. Mientras tanto, Isabel Celaá descompuesta, cariacontecida y con esos
pelos.