. Vamos, que el león quiere moverse por su cuenta sin tener que hacerlo acompañado. Sin embargo, la propuesta no tiene nada de sorprendente, puesto que desde aquellos tiempos en los que se le ocurrió a alguien lo de las autonomías, León ya rugía reclamando derechos históricos. Lo que sucedió fue que nadie le hacía caso. Entonces tuvo que callarse porque pintaba poco en el panorama político, ya que en eso de la riqueza no andaba demasiado sobrado, teniendo en cuenta que las grandes industrias se movían por otro lado y en lo sustancial, que es el mangoneo, los magnates políticos estaban en otros asuntos. Ahora las cosas han cambiado. No por una menor efectividad del mangoneo o porque el caciqueo, que hoy se viste con otros ropajes, sea mayormente significativo, sino por eso de que a río revuelto ganancia de pescadores.
La situación no es para menos y hay que aprovecharla. Cierto que las leyes están ahí incluso la Constitucion se encuentra en plena forma y se mantiene en vigor el llamado Estado de Derecho, pero también lo es que los garantes políticos lo tienen crudo, porque cada uno va a lo suyo y ganar adhesiones tiene un coste que, si se paga, es la quiebra del negocio y, si son se paga, el cierre. Por lo que el que más o el que menos quiere hacer su política de ocasión para ver si sale algo en limpio. Como se ve, algunos ya no se hablan en el tímido lenguaje de las autonomías o del más avanzado de autodeterminación, en el aire parecen flotar términos como nación o independencia. Estaba claro que eso de las autonomías eran un arreglo puntual para salir del paso, lo mismo que lo de las federaciones, ya que en el fondo de los reinos de taifas, que aspiran a ser verdaderos reinos, solo está la pretensión de independencia para satisfacción de sus promotores, que ven en ella un mayor negocio en términos de poder personal, aunque sea local. Hay que tener en cuenta que eso del despertar los sentimientos de nación-local está muy bien, hasta suena a progre en la época del imperio, pero mejor sería que se quedara en casa, junto con los ideólogos y sus ideologías.. Se suele argumentar que en un país plural todos los plurales tienen derecho a ser naciones basándose en argumentos históricos y, si no los hay, se pueden inventar. Para eso están los intelectuales de la historia dispuestos a fabricarlos a medida. Porque todo es cuestión de interpretación. De manera que cualquier lugar, pueblo, ciudad, provincia o región del solar patrio puede reclamar su independencia del resto. Aunque se trate de vender como original, el proceso al que se asiste no es nuevo, basta con echar un vistazo a las hemerotecas del diecinueve para observar la vigencia de este sano espíritu que aun se mueve en estos tiempos. Tampoco el caciquismo, aunque suene a rancio, puede decirse que se haya extinguido con el tiempo. Bajo nuevas fórmulas se ha mantenido vivo dispuesto ha revivir su sueño de retorno a la época feudal, apoyado ahora en lo que llaman la idea de nación. Ya no se hablaría de siervos de la gleba ni de las cosas de antaño, los nuevos siervos serían libres, no estarían atados a la tierra y estarían condenados a emigrar a Europa. Claro que con tantas fronteras en este mosaico de futuras naciones, no se podrían salvar las trabas ni con el Schengen. Volviendo a esta realidad mediática de la actualidad leonesa, la economía simbolizada por el león, aun en el panorama global, no es desdeñable porque las hay peores. Hay que tenerla en cuenta ya que la economía manda por encima de la política. En este caso cuenta con cierta relevancia tradicional en lo de las minas cerradas, la industria obsoleta o en cuanto a productos agrícolas de calidad, mucho turismo y rincones históricos, aunque no tiene mar, pero le basta con los ríos —que hasta se desbordan cuando llueve—. En el negocio de internet, hoy en día decisivo en términos de progreso, también se mueve lo suyo. Vamos que podría subsistir de forma independiente, siempre que fuera guiada por unos señores innovadores, incluso hacerlo no solo como autonomía sin Castilla, sino llegado el caso como nación soberana. El problema es que si lo hace como reino sus vetustas cortes tendrían que designar un rey local, y va a ser difícil, aunque como último recurso podría servir al caciqueo cualquiera de esos nativos de la patria que sirven sus imágenes al mundo de la comunicación. Tal vez la viabilidad de este proyecto, que seguramente responde al amor al terruño local hábilmente manejado, aunque se mira con ocurrencia, no sea algo absolutamente descabellado, puesto que todo depende del potencial de negocio que los más avispados vean en la empresa. Por ese lado, si la independencia, tal y como sucede en otros puntos de este mosaico geográfico artificial movido por el caciquismo moderno, redunda en negocio basado en el poder económico para una minoría que aspira a definirse como de selectos, aprovechando la coyuntura, el asunto de las independencias puede servir. Probablemente pronto estaremos hablando de naciones por todos los rincones de este solar, actualmente convertido, silenciosamente, por un lado, o a las claras, por otro, en espacio de acogida de la inmigración mundial. ¡Vaya panorama!. Antonio Lorca Siero