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Del impeachment al tuítere gringo


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23/12/2019

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Trump, el remedo de presidente del que fuera -antes del trompismo- el país más poderoso del mundo se encuentra -como dicta su más exigente costumbre- sumergido por enésima ocasión en un escándalo que responde, a su vez, a ciertos intereses muy -pero en serio muy- por encima de sus capacidades tanto intelectuales como laborales.


Es decir que la bronca que el mentado personaje se encuentra librando actualmente, responde más a los intereses de sus patrones -es decir de sus titiriteros- que de sus propias voluntades; quienes manejan y deciden los pasos más importantes de la casi obsoleta carrera política del magnate estadounidense pende de un hilo muy delgado que tan solo cuenta con dos finales, extender su hilarante, ultra racista, incoherente y despreciable mandato, o suicidarlo políticamente pero, ¿de qué depende que la una o la otra opciones se sucedan? Primeramente debemos comprender que estamos hablando de un asunto más mediático que administrativo, a entender mejor, un show; así como Donald tomó la infantil, incoherente, obvia  blandengue, obtusa e infructífera iniciativa de incluir a los cárteles de la droga mexicanos en las vastas listas de aquellos que siembran el terror y amenazan el hipócrita modus vivendi gringo para hacerse de algunos votos de más, este nuevo episodio en el ridículo, burlesco y desmedido espectáculo que ha sido su vida –toda su vida- no es más que un nuevo montaje.

 

Debemos recordar sus incursiones en la lucha libre estadounidense, sus soberbias apariciones en distintos espectáculos televisivos de corte subnormal y, obviamente, su ridículo protagonismo en el programa del aprendiz que, más allá de la buena intención por ser una verdadera incubadora de futuros líderes empresariales, resultó ser un nauseabundo derroche de oligofrenia por parte del susodicho, para darnos cuenta de que, como cada político en el mundo, él también besa pies, gónadas y manos.

 

El futuro juicio político que enfrentará por los conceptos de Abuso de poder y Obstrucción al congreso, únicamente responde al típico movimiento de fichas de los creadores de la tragicomedia política gringa, sí, estamos hablando de los verdaderos dueños del país, quienes allá, completamente alejados de los reflectores y las filosas plumas de periodistas y comunicadores, han decidido ya, que su actual títere –el tuítere anaranjado- sirva quizás, por última ocasión a sus neoliberales y dictatoriales intereses, para esto, deben convertirlo en víctima o en héroe.

 

En pocas palabras, el mundo entero está siendo testigo de verdadero teatro político mundial –hablar de un nuevo orden mundial resulta aún aventurado- en donde, de resultar culpable, Trump perderá toda oportunidad de reelección –aquí es donde todos aplaudimos y sonreímos y cruzamos los dedos- o bien, de resultar inocente, su popularidad alcanzará el nivel adecuado para contender por la presidencia nuevamente, convirtiéndose en ese transparente e inmaculado personaje al que Hollywood nos tiene acostumbrados.

 

Por fortuna, la sociedad más viciosa de entre todos los hijos pródigos de la mancomunidad británica está completamente dividida y la tendencia no resulta favorable para el mandatario tuitero quien, hasta el momento, pareciera estar a punto de ser obligado a dejar de lado sus arrebatos infantiloides, su inconmensurable xenofobia, su indiscutible sociopatía, su vasta ignorancia, sus berrinchudas rabietas y su infinita incapacidad administrativa para fajarse en el papel del adulto que aparentemente nunca se ha atrevido a adoptar.



Si bien es muy cierto que la economía gringa ha sabido mantenerse a flote a partir de sus arranques de nacionalismo –cual si fuera el más débil de los espermatozoides abandonados de Hitler-, la deplorable postura diplomática en la que ha dejado a la nación entera, resulta más importante para los intereses políticos de unos cuantos.

 

Por fortuna, la guerra –es decir el acostumbrado despliegue de violencia injustificada, ruin e imbécil a la que nos tienen acostumbrados la degenerada política gringa- no ha resultado una opción viable para aumentar la popularidad de Donald porque, a decir verdad, ¿quién en su sano juicio pondría en manos de un desequilibrado y malcriado personaje a un ejército entero?

 

Ya veremos que sucede con el correr de los días pero, en definitiva, debemos alegrarnos porque bien podríamos ser testigos del derrumbe de uno de los personajes más indignos que ha dado la humanidad de os tiempos modernos.

 

Antonio Andrade

Poeta, Periodista y Escritor mexicano



Etiquetas:   Política   ·   Teatro   ·   Estados Unidos   ·   Donald Trump

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