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Una Navidad con Dignidad


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20/12/2019


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La historia lo registrará: el 18 de octubre se inició en Chile el proceso constituyente y, a partir de ese día, hemos vivido en una vorágine que ha tenido una represión brutal y asesina, que el mundo ha sancionado con un repudio global; se trata de unos 5 millones de chilenos marchando de Arica a Punta Arenas; con una consulta municipal que recogió más de dos millones de votos y un 95% de ellos diciendo que Chile quiere una nueva constitución política. El proceso constituyente partió de la sociedad civil el 18 de Octubre y la clase política se subió sobrecorriendo al carro. Que no pretenda, entonces, conducirlo.




Han pasado dos meses y se ha logrado, pese a la torpeza y tozudez del peor Presidente de la historia, que la clase política reconozca que el modelo abusivo llega a su fin, que iremos a un Plebiscito con paridad de genero, con cuota reservada para los pueblos originarios. Falta que se apruebe el voto obligatorio de entrada y salida.

Estamos en medio de un proceso que, en lo personal y como miembro de la generación del 70, nos llevó 46 años alcanzar. Un proceso que augura para nuestros hijos y nietos un clima de solidaridad, que ya ha empezado. Corroídos por el individualismo y el miedo, transitamos 46 años sin arribar a un mínimo cambio real. Ahora, por fin, se avizora un camino de esfuerzo para un Chile democrático sin la desigualdad asquerosa a la que nos ha llevado un modelo perverso.

Ahora estamos en ascuas, compartiendo en los barrios, en las asociaciones gremiales, en los sindicatos, en las calles, en los trolebuses; por doquier la gente se expresa, con rabia, pero también con alegría. Perdió el miedo y eso marca un cambio espiritual de fondo. Tendremos que conversar del Chile que queremos para 50 años más, habrá muchas aristas, pero eso vendrá por su propio peso, la característica principal del proceso es que seremos un Estado Democrático de verdad, no más una democracia de mascarada, protegida por esbirros políticos y militares, para beneficio de un puñado de familias. No habrá golpes de Estado, nadie se atrevería en su sana razón a una estupidez semejante. Ganamos las calles, recuperamos el tranco fuerte de quien sabe hacia donde se dirige.

Y esta revolución no es una invasión alienígena, ni un complot internacional, ni una fuerza extremista iluminada. Somos el puro y simple pueblo: hombres, mujeres, ancianos, jóvenes y niños que, de pie, a cara descubierta, tomados de las manos en la diversidad, reclamamos vivir en paz.

Es cierto que los reaccionarios, aferrados a su codicia, tienen terror, el miedo que trataron de infundir a la gente con sus guanacos cargados con agua tóxica, sus perdigones, sus abusos, sus encerronas, sus mutilaciones. Pero les salió el tiro por la culata. Los que se han asustado son ellos y empiezan a sacar sus riquezas a paraísos fiscales.

Esos plutócratas deberán soltar sus privilegios y terminar con sus corruptelas. Trabajaremos para refundar un Estado honesto, porque los trabajadores del sector público lo son, y siempre la corrupción ha venido del clientelismo que usa al Estado como botín de guerra. Por eso lograremos un Estado efectivo y responsable, libre de cohecho y tráfico de influencias. Los delincuentes económicos sean notificados que que si lo vuelven a hacer habrá para ellos penas reales de cárcel, que se les acabó la plata dulce, que su burbuja explotó y ahora tendrán que tributar y dejar de saquear impunemente nuestros recursos. El agua es un derecho humano, la tierra se respeta, La depredación extractiva de nuestros mares, bosques, campos y minas por intereses internacionales y los socios locales, tendrá un término cercano.

Fijaremos con transparencia tratos que atiendan el bien común y los inversionistas que quieran trabajar en Chile lo podrán hacer siempre que paguen sus impuestos y respeten la ley, los lobbistas que pavimentan la corrupción saldrán del juego.

Se viene una Navidad distinta, el consumismo irracional va de salida. Ha aumentado el sentimiento de respeto a la naturaleza, estamos saliendo de la trampa de las tarjetas a tasas de usura. El cambio de conducta apunta a la austeridad, a la modestia, a compartir, a recuperar los abrazos de Año Nuevo con los vecinos. Basta de individuos egoístas que se miran el ombligo.

Esta Navidad tendremos una gran regalo, conquistado con el sacrificio de nuestros jóvenes mártires, por el tesón de trabajadores que han ocupado el lugar que les corresponde en esta rebelión. Por los artistas, poetas e intelectuales que a tientas van cantando, curando heridas y pintando las calles de dignidad, de esperanza.

Hernan Narbona Veliz Periodismo Independiente 20.12.2019







Etiquetas:   Política   ·   Democracia   ·   Derechos Humanos   ·   Chile   ·   Sociedad Civil

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