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Otro Chile es posible: por qué cambiar el fundamentalismo neoliberal.


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08/12/2019


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El gobierno, pese a su desgaste, ha logrado, con la obsecuencia de la oposición, mantener incólume el sistema económico, sin afectar las condiciones en que se desenvuelven los grupos económicos dueños de Chile. Ha evitado referirse a las demandas de corrección económica que se ha planteado en estos dos meses de explosión social, usando para ello una verdadera campaña del terror y de desinformación, descalificando un cambio del modelo, como una “irresponsabilidad populista”, como si se tratarse de ellos o el caos.

Sebastián Piñera, defiende la concentración de la riqueza a toda costa. Se ha dicho que no ha escuchado el fondo de la protesta social, el rechazo a un sistema abusivo y depredador, que se ha hecho intolerable para más del 80% de los chilenos. Pero, creo que sí lo ha hecho, y su respuesta ha sido aumentar la represión, criminalizar al movimiento social y replegarse con maniobras dilatorias para defender a ultranza los privilegios de los grupos económicos que él y su familia integran.

¿Cuáles son los pilares del modelo que el gobierno defiende?

Las AFP: Los fondos previsionales de capitalización individual constituyen un ahorro forzoso que los grupos económicos obtienen a mínimo costo, luego ese dinero lo prestan al mercado a través de sus propios bancos, con un spread altísimo. Esto explica, en parte, las enormes ganancias de la banca, un sector con 14 empresas bancarias establecidas, que alcanzó en el período 2019, alrededor de 2700 millones de dólares de utilidad bruta. Los tres bancos líderes fueron Banco de Chile, Santander y BCI. Pese a que este año la economía venía a la baja, a raíz de la guerra comercial entre USA y China, las utilidades de la banca han sido siderales. Aunque el riesgo ha sobrepasado la racionalidad, ya que se vive un alto índice de endeudamiento, que alcanza en promedio casi al 70% de los ingresos mensuales, existiendo 4,6 millones de chilenos morosos en el sistema financiero.

La concentración económica: Los grupos dominantes manejan transversalmente los sectores productivos extractivos, minería, pesca y forestal, y cada grupo suele ser dueño de banco, AFP, Isapre, cadenas de farmacias, centros médicos; supermercados, grandes tiendas, sanitarias y medios de comunicación, financiando la política en forma legal o bajo cuerda. Los grupos económicos mantienen una estrategia tributaria elusiva, realizan lobby frente al poder político, frenan las acciones de fiscalización, obtienen condonaciones de impuestos y, cuando son sorprendidos en colusiones, cohecho, en general delitos económicos, saben que su impunidad está asegurada, tráfico de influencias mediante.

El Estado Subsidiario: El modelo neoliberal, en sus instancias globales, como lo es la Organización Mundial de Comercio, OMC, incorporó al orden mundial, como reglas del juego, intereses de las multinacionales, en materias tales como propiedad intelectual, servicios, aranceles, salvaguardias, reduciendo las capacidades de regulación del Estado, trasladando a la competencia internacional, ámbitos de la gestión pública que eran propios del clásico Estado soberano. Es así que, en el caso chileno, la apertura de la economía, invocando “la buena fe y el crecimiento”, ha dejado hacer a las multinacionales, sin que se les fiscalice debidamente para que cumplan con conductas tributarias y ambientales exigibles en cualquier país.

El negacionismo que practica hoy el gobierno, no sólo alcanza a las violaciones de derechos humanos. También niega cualquier alternativa económica que plantee una pérdida de privilegios para las élites. Pero, cada día se levantan y conjugan más voces para plantear, desde distintas especialidades, que otro modelo económico es posible y, de hecho, la mayor parte de los países con que a la élite le gusta compararse, mantienen una economía y un sistema político distinto, lo que comprueba que Chile ha sido el laboratorio del neoliberalismo más brutal.

Como evidencia de lo anterior, baste recordar lo que ha argumentado, en Última Mirada, el Director de la Bolsa  de Santiago, Economista Jorge Quiroz, quien propuso aplicar una política económica keynesiana, sin miedo a usar el Estado para reactivar la economía, con el foco en una planificación que fije prioridades para un desarrollo armónico, saliendo del dogma del mercado, recuperando el rol conductor del Estado en la economía, con planes de inversión en infraestructura que generen un efecto multiplicador y, a partir de ello, un círculo virtuoso que incentive a los agentes económicos privados, en visión de largo plazo, a integrarse a programas maestros de desarrollo, impactando con nuevas expectativas de progreso a toda la sociedad. La deuda sería la herramienta para ese propósito.

Otro modelo económico es posible y necesario

Apagar la convulsión social con mayor justicia y empatía, sería el único camino sensato para la paz social. Para ello, desde distintas miradas, se ha propuesto subir las pensiones de inmediato, elevar el salario mínimo, elevando el endeudamiento público a 40 o 45% del PIB, aplicando políticas de fomento para solucionar problemas estructurales, como el centralismo, logrando potenciar la vertebración territorial del país con una descentralización efectiva, como podrían serlo el ferrocarril de Arica a Puerto Montt o plantas desaladoras para enfrentar la sequía.

Desde una mirada ética, la sociedad civil reclama el término de un sistema abusivo y desprotector de las personas, buscando, en un nuevo trato, eliminar como productos de consumo, las necesidades humanas básicas, entendiendo por tales, el agua, la energía, salud, educación, transporte, educación, generando servicios que aseguren y den cobertura a estos derechos y en los cuales el Estado actúe por sí o en colaboración y joint venture con agentes privados.

El trabajo con el sector privado es una estrategia válida y necesaria, pero debe ser transparente y libre de corrupción, considerando que el sistema que se diseñe en una nueva Constitución Política, contemple las rendiciones de cuentas de los gobernantes al pueblo soberano, con aplicación de auditorías a cargo de la sociedad civil, trasladando y fortaleciendo la capacidad de formulación de proyectos a las regiones y comunas, donde la relación deberá ser de activa participación y fiscalización de los actos públicos y uso extendido del gobierno electrónico y la transparencia.

Países tan distintos como Vietnam o Arabia Saudita, han solucionado problemas de infraestructura con la estrategia BOT, Building, Operate and Transfer, es decir con sistema de concesiones, en donde se realizan alianzas estratégicas con el sector privado para obras de infraestructura. En Chile, el instrumento de las concesiones se envileció porque la corrupción fue estructural y las condiciones pactadas con los contratistas fueron leoninas para los usuarios. Pero ese fenómeno de corrupción, que nos remonta a los escándalos de MOP GATE y MOP CIADE, no debiera estigmatizar el instrumento, ya que utilizado con transparencia y honestidad puede ser una palanca efectiva de desarrollo.

Necesariamente, poder reorientar al país hacia una economía humana, pasa por exigir que los grandes grupos tributen. Una fiscalización eficaz, inteligente y honesta, que no sea manoseada por el tráfico de influencias, podría llevar a un aumento importante en la recaudación, incluso sin subir los impuestos sino simplemente fiscalizando con rigurosidad para exigir el pago que corresponda a los grandes contribuyentes, eliminando la evasión con una gestión aduanera y tributaria inteligente. En el próximo Estado Responsable al que se aspira, tomado como antónimo de Estado Subsidiario, que atienda al interés general, se debería generar una fiscalización eficaz

Los grupos económicos saben que en cualquier otro país tendrían que tributar correctamente. Que los delitos económicos no son una broma y se sanciona con cárcel efectiva. Incluso hay multimillonarios en EEUU que han pedido que se les aplique más impuestos, porque entienden que todos sus negocios pueden ir por el suelo si una explosión social desestabiliza el país. Saben, además, que la desobediencia civil, pese a la rudeza y cantidad de organismos represores, es irrefrenable y la historia lo demuestra. Gandhi nunca fue de simpatía de los británicos imperiales. Mandela tampoco lo fue y ambos marcaron un camino redentor de sus pueblos. Invocar la historia chilena es estremecedor porque los acontecimientos sangrientos se reiteran como pacificación cruenta de las protestas populares.

Sin embargo, el mundo ha cambiado y los autoritarismos se han debilitado por la irrupción de redes sociales, donde la gente del estado llano se ha empoderado, principalmente por la desconfianza en la totalidad de las instituciones, corroídas por la corrupción estructural y los vicios. Hoy, en medio de la crisis, la gente se ha vuelto a reencontrar, saliendo de su claustro individualista. La globalización ha entregado un espacio de conectividad instantánea que ha remecido a los gobernantes y poderosos. El planeta, los compatriotas del exterior han sumado su voz a las protestas. Los ciudadanos anónimos, marginados del poder de la plutocracia, han levantado un poder coordinado, auto convocante a nivel global, capaz de demoler imperios y dictaduras. Los jóvenes que abrieron las calles y sin miedo han enfrentado una atroz represión, han sido catalizadores de una bronca acumulada por décadas, las cuales ellos han sufrido en sus familias en carne propia.

Pero, empuercando la movilización social y funcionales a la represión y el miedo, del lado oscuro ha emergido la tenebrosa mano del narcotráfico y la delincuencia en nuevo giro: robar a mansalva, saquear, turbas a las cuales se ha sumado gente desalmada y aprovechadora que, sin límites morales, aprovecha la ocasión simplemente para robar. Una realidad que estaba latente, que había aparecido en cada protesta, partido de fútbol o catástrofe natural, y que ha quedado en el tapete como un subproducto de la marginalidad que existe en Chile.

Para que una economía nacional y local funcione, y en general para que cambie el ánimo de los chilenos, se debe procurar un cambio cultural profundo, que erradique las prácticas corruptas, paternalistas, sectarias o ideologizadas, para reencontrarnos con principios de integridad, decencia y responsabilidad y rendición de cuentas exigiendo nuevos liderazgos que prediquen con el ejemplo.

Otro Chile es posible: un capitalismo con equilibrios de poder, poderes del estado probos sujetos a evaluación popular y prensa libre; Defensor del Pueblo en diversos ámbitos; una economía mixta que procure asociatividad y cooperación; un trato laboral no abusivo que apunte al desarrollo de las personas; derechos básicos asegurados y una tributación acorde sin evasión; en definitiva, un país decente, donde convivamos en respeto mutuo, equidad y armonía.

Gestionar políticas públicas desde la razón y la participación ayudará a aplacar los espíritus y aislará la fuerza bruta. Sólo se debe recuperar la dignidad, alcanzar libertades públicas con los derechos y deberes que implica.

Ese cambio de actitud, ejerciendo la no violencia activa, crítica, pluralista y respetuosa de la vida y el medio ambiente, no sólo es posible, también es urgente, como premisa de sobrevivencia.

Periodismo Independiente, 08.12.2019

periodismo.probidad@gmail.com

 





Etiquetas:   Política   ·   Democracia   ·   Neoliberalismo   ·   Anticorrupción   ·   Sociedad Civil

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