Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Libros   ·   Periodismo   ·   Lectores   ·   Escritores   ·   Reseña   ·   Poesía   ·   Chile   ·   Filosofía Social   ·   Novela   ·   Consumismo



2010-2019: El Fin de una Era.


Inicio > Ciudadanía
29/11/2019


85 Visitas




Si en este último mes he aprendido algo en Marketing y Publicidad ha sido a escribir un análisis DAFO. Un análisis DAFO es un estudio (ya sea personal, de una empresa o una competencia) de las Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades; en otras palabras, debemos aprender a identificar esos factores en un entorno empresarial o personal, de modo que conozcamos nuestros puntos fuertes y débiles y así podamos evolucionar.

Es una tarea tediosa pues no siempre vemos lo bueno en nosotros, siempre creemos que el resto es mejor y que estamos rodeados de defectos, como los hierbajos que deben ser arrancados en primavera para permitir que las flores crezcan: nosotros somos los hierbajos.

A pesar de haber obtenido buenas notas en estos proyectos he podido darme cuenta de que, quizá, no he realizado ese estudio introspectivo que debemos hacer, pues o bien me guiaba por las indicaciones de la profesora o bien redactaba de modo que la profesora leyese lo que esperaba encontrar; es una de las ventajas de escribir durante tanto tiempo, la gente acaba creyendo cualquier historia que narres, incluso te atribuyen esa experiencia y afirman que está basada en hechos reales.

Aprovechando que el año está a un mes de acabar y con ello una era, una década llega a su fin, he creído apropiado redactar un análisis de un solo elemento: los sentimientos.

Estos son una debilidad, una amenaza, una fortaleza e incluso una oportunidad; es aquello que nos duele, que nos vuelve locos, que nos hace más empáticos y humanos, aquello que nos abre puertas a nuevas experiencias y personas.

Un sentimiento que lleva rondando mi cabeza un tiempo es la tristeza. 

Si hay algo que tiendo a hacer, con frecuencia, es reprimir. Cada vez que siento impotencia, tristeza o ira cojo un vaso de agua y bebo, creyendo que con ello puedo tragar esos sentimientos como si fuesen pastillas; es una metáfora, pero la vida no es un poema y no siempre funciona.

No podemos embotellar aquello que sentimos, no podemos etiquetarlo y elegir, cuando creamos necesario, cómo reaccionar ante una situación; la vida es un acto improvisado.

La salud mental es uno de los factores (por no decir el factor por excelencia) más importante, es aquello que nos compone y nos forma, el cerebro es la máquina que permite nuestro funcionamiento. Todo está en la mente: la forma en la que percibimos las cosas, las primeras impresiones, el modo en el que gestionamos el estrés, la ansiedad o los miedos; todo lo creamos desde la imaginación, desde impulsos o reacciones químicas, todo tiene una explicación lógica aunque nosotros lo interpretemos como un asunto del corazón y no de la inteligencia.

Ignorar el proceso interno que hacemos es una amenaza, pues nos convierte en pequeñas bombas compactas que explotan al ser miradas; hacemos lo posible por contener aquello que consideramos innecesario hasta que no hay más peso que pueda ser soportado y todo estalla.

Considero que decepcionarse, entristecerse o sentir rabia es innecesario y evito sentirme de ese modo repitiendo "estoy bien" y sonriendo si existe cualquier circunstancia que pueda afectarme; no quiero mostrarme así y creo que esa es una de mis fortalezas cuando en realidad, es una de mis debilidades pues desperdicio más energía fingiendo y manteniendo la calma que dejándome llevar por lo que me hace humana.

No he llegado al extremo de estallar, no este año, al menos; pero sí he conseguido identificar lo que me hace fuerte y me brinda oportunidades: permitir ser.

Puedo afirmar que esta década ha sido la más realista de mi vida, pues he pasado por tantas épocas, relaciones y experiencias que solo puedo decir que me he convertido en alguien más consciente de su situación. Y es aterrador.

No puedo reclamar lo rápido que ha pasado el tiempo o que no ha sido el año de mi vida, a pesar de no haber sido el peor. Comencé la última parte de esta década con rabia e incomprensión: "¿habré hecho algo mal?", "¿para qué esforzarse, al fin y al cabo?"; los meses siguientes fueron algo nerviosos, muchas cosas que hacer, el conocimiento de otras que iban a ocurrir y el miedo de comprobar que no podías parar aquello y estabas a disposición de lo que el universo deseara. El terror de no ser suficientemente buena, la mala elección de las expectativas altas o el temor de no haber empleado bien las horas de esta última era.

No me permití sentir aquello, siempre tenía la mente llena de estímulos y de cosas que distrajeran ese ahogo cuando todo estaba en silencio y yo quieta; enfrentarse a tu visión del mundo y de tu propio reflejo es complicado.

He perdido mucho tiempo tratando de evitar cualquier sensación desagradable cuando eso, en realidad, es parte de ser persona. Ahora me permito desilusionarme, enfurecerme o llorar, aunque no quiera y crea que es inútil; no debería sentirme mal por expresar lo que siento y llevar a cabo las acciones que quiero, por seguir los consejos que doy.

No debería sentirme mal por querer quemar puentes o cortar relaciones que ya están muy rotas, no voy a perder más tiempo y me resulta indiferente si pagan justos por pecadores; yo soy justa y he pagado mi castigo.

No debería sentirme mal por molestarme con ciertas personas, por querer dejar de hablar con alguien o quiera comenzar una amista nueva; no debería sentirme mal por preferir realizar otras actividades o emplear mi tiempo de ocio en otras ocupaciones.

No debería sentirme mal por ser, todos tienen el derecho de dar la espalda o saludar por las mañanas, ¿por qué no yo, también?

Uno de los motivos por los que este tipo de análisis es realizado es porque después de una temporada debemos volver a analizar nuestro entorno y comparar: ¿hemos conseguido llegar a nuestras metas?, ¿hemos cambiado algo?

Desde mi propia experiencia, sí, he conseguido alcanzar mis objetivos aunque todavía quede trabajo por hacer: ya no me arrepiento. Está bien si te enfadas sin motivo, si te encuentras más feliz de lo habitual, si gritas o lloras y tienes momentos de soledad, eso es el resultado de un cambio.

De modo que, ahora que una era llega a su fin, os invito a realizar tal examen y os animo a preguntaros si sois esa persona a la que aspiráis ser: ¿estás dónde creíste que ibas a encontrarte hace diez años?











Etiquetas:   Economía   ·   Marketing   ·   Psicología   ·   Reflexión   ·   Filosofía   ·   Sociedad   ·   Psicoanálisis   ·   Sentimientos   ·   Análisis   ·   Filosofía Social

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
18856 publicaciones
4745 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora