. De éstas, una de cada cinco terminará no respondiendo a ningún tipo
de tratamiento. Es lo que se conoce como
depresión mayor resistente.
Julia (nombre ficticio) tenía 54 años y llevaba más de una
década luchando contra la depresión, en el mayor grado en que ésta pueda
considerarse. Como relata la doctora Puigdemont, psiquiatra del hospital de
Sant Pau, su estado apenas había mejorado en los últimos tiempos. Vivía con su
padre, y ambos necesitaban un cuidador, – uno para cada uno -. Había probado
con todos los tipos de antidepresivos disponibles, con psicoterapia e incluso
con terapia electroconvulsiva (electroshock), pero los resultados no llegaban.
Hasta que decidió someterse a un tipo de tratamiento experimental que en España
está llevando a cabo el mencionado hospital de Sant Pau, en Barcelona. El
tratamiento recibe el nombre de estimulación cerebral profunda (ECP), y
consiste en la colocación de unos pequeños electrodos en zonas determinadas del
cerebro, específicas para cada tipo de enfermedad que pretenda tratarse. Hoy,
Julia no sólo no necesita un cuidador, sino que, en palabras de la propia doctora
Dolors Puigdemont, coordinadora del proyecto, “ahora incluso es ella la que
cuida de su padre”.
Que en lo más profundo somos electricidad es algo que se
conoce desde hace mucho tiempo. Franklin, de hecho, observó ya que la
electricidad estática podía provocar contracciones musculares, y desde los años
40 se generalizó el uso de la terapia electroconvulsiva para el tratamiento de
múltiples enfermedades mentales (aún hoy se utiliza para el tratamiento de
depresiones resistentes a fármacos, con éxito). La ECP es, por así decirlo, su
forma fina y evolucionada, ya que permite liberar la descarga eléctrica en las
zonas deseadas con una gran precisión. Pero, ¿en qué consiste exactamente?
¿Para qué se usa? ¿Por qué en Sant Pau?
Electricidad y depresiónLa ECP consiste en la colocación de
un par de electrodos en la zona del cerebro que se quiere estimular. Para ello,
y por la precisión que requiere, se usa una técnica conocida como estereotaxia:
primero, al paciente se le practican una serie de pruebas de imagen cerebral,
para conocer su estructura particular. Después, se fijan las coordenadas
deseadas en un “casco” especial, que mantiene la cabeza inmóvil. A continuación
se introducen los electrodos tras abrir un pequeño orificio en el cráneo.
Durante todo este tiempo la persona está despierta (el cerebro no “duele”), y
puede indicar si nota alguna sensación extraña. Una vez en la región deseada se
duerme al paciente y se implantan los electrodos, que estarán conectados a una
batería colocada bajo la piel del costado. La mayor parte de las personas a las
que se le ha practicado son enfermos de Parkinson, por varias razones: una es
que se conocen con bastante exactitud los circuitos cerebrales que están
alterados. Otra es que medir la respuesta al tratamiento es bastante sencillo:
basta con observar la mejora de sus movimientos. Hoy en día la ECP como
tratamiento para el Parkinson está aprobada, y más de 70.000 enfermos han sido
ya tratados. Pero, ¿cómo se llegó a la depresión?Electricidad y depresión
Mientras trataban con ECP a los pacientes con Parkinson, los
médicos se dieron cuenta de que algunos de ellos sufrían alteraciones
inesperadas en el humor. Algo estaban provocando los electrodos que no tenía
que ver con los temblores y que quizás podría emplearse para aliviar la
“tristeza” extrema. En el año 2005, el grupo de la psiquiatra Helen Mayberg, en
Toronto, publicó los primeros resultados de su uso contra la depresión
resistente. Escogieron a 6 pacientes e implantaron electrodos en la llamada
área 25, una zona de comunicación entre la corteza prefrontal y el sistema
límbico que se sabía que estaba alterada en pacientes depresivos. Los
resultados fueron que 4 de ellos mejoraron sustancialmente. Cuando leyeron el
artículo en el departamento de Psiquiatría del hospital de Sant Pau, el doctor
Víctor Pérez y su grupo decidieron pedir financiación para poder realizar esta
técnica. La consiguieron, y sus primeros resultados han sido aceptados para
publicarse en la revista International Journal of Neuropsychoparmacology. Según
la doctora Puigdemont, “de los 8 pacientes tratados, 5 alcanzaron la remisión
completa al año de seguimiento, pero en realidad todos mejoraron, al menos
parcialmente”. De hecho, la propia doctora comenta: “imagina lo que es estar
tratando durante años a un paciente sin apenas observar ninguna mejoría. Y
verle tras la operación ilusionado y pensando en nuevos proyectos”. Por su
parte, el psiquiatra Eduard Vieta, director del Programa de Trastorno Bipolar
en el Hospital Clínic de Barcelona y persona ajena al proyecto, valora
positivamente los estudios realizados hasta la fecha. Sin embargo, destaca que
la ECP para la depresión “todavía está en fase experimental, y en cualquier
caso debe tenerse en cuenta que la mayor parte de los pacientes responden bien
a los tratamientos tradicionales, como son los fármacos antidepresivos y la
psicoterapia, aunque muchas veces ambos deban combinarse”.
Otras enfemedades
De momento, la ECP está aprobada para el tratamiento del
Parkinson y en vías de confirmarse su uso para el trastorno
obsesivo-compulsivo. Para la depresión es aún una terapia experimental, ya que
el número total de pacientes estudiados en todo el mundo es de poco más de 50,
– aunque la cifra no es muy inferior a la de pacientes obsesivos – y los datos
de su eficacia a largo plazo son aún escasos. Al mismo tiempo se está
estudiando también la posibilidad de emplearse en otros trastornos como la
esquizofrenia, el dolor crónico, las adicciones o incluso la obesidad. De
hecho, mientras se implantaban los electrodos a un paciente con obesidad
mórbida, éste recuperó de repente recuerdos que había perdido mucho tiempo
atrás, lo que hace que se abran posibilidades de aplicación para el tratamiento
del Alzheimer. Pero esa es otra historia, con seguridad mucho más lejana y
complicada. La de hoy es la depresión, la depresión resistente, y para ella hay
esperanzas fundadas. La ECP es una operación, y no está exenta de riesgos, como
posibles hemorragias o infecciones, pero como dice la doctora Puigdemont, que
ha seguido la evolución de todos los voluntarios, “si preguntaras a los 8
pacientes si volverían a operarse, los 8 te dirían sin dudarlo que sí”.
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Vídeos
A continuación se incluyen dos links para ver sendos vídeos
sobre el proyecto y sobre “Julia”. El primero fue emitido por la televisión
catalana TV3 con motivo de la Maratón Solidaria en 2008, y se puede ver aquí.
El segundo apareció en la cadena de noticias 3/24, y recoge imágenes actuales
de “Julia” tras la operación. Puedes verlo pinchando aquí.
Jesús Méndez
Ésta es la versión original del artículo “Electricidad
contra la ´tristeza´”, publicado en la sección de ciencias del diario Público
el 19/09/2011 y que ha sido colgada también en la página de Dixit_ciencia y en
el blog 20000caligrafias