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Mirarse en el espejo de Chile


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25/11/2019


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Argentina se encamina al recambio de gobierno y mientras se esperaba que estos interminables cuatro meses fueran complejos en lo socio económico, todo quedó casi congelado a la caída a pique pos paso,  y paradójicamente en la región estallaron reclamos en varios países.




Si comparamos a cualquier país de la región con conflictos sociales: Ecuador, Chile y ahora Colombia (en Bolivia el tema es de golpe político y más grave) cualquiera de ellos tenía variables económicas macro y de mercado interno, que para Argentina eran envidiables. Es más, no hace falta siquiera hacer el ejercicio mental, de colocar el escenario económico de Argentina de los últimos 8 años, en cualquiera de esos países y me atrevería a decir en buena parte del mundo, para imaginar el estallido social que hubieran tenido. Sin embargo aquí no pasó, no estalló. 

Hubo protestas si, incluso algunas muy numerosas y con graves incidentes. Hubo cortes de calles también. Hubo paros sindicales, hubo marchas multitudinarias, pero no un estallido. No hubo saqueos ni delitos comunes en masa,  que muchas veces aprovechan el caos y la situación anárquica, como pasó varias veces en la historia de Argentina (incluido el gobierno de CFK con focos provinciales).

El desastre, la desesperanza de los jóvenes, la falta de credibilidad en la política --en toda la política-- la ausencia de liderazgos, un futuro incierto, la falta de planes coherentes y nulas expectativas de cambio, esta vez los argentinos lo vemos como un espejo de nuestra historia --el que se vayan todos-- en nuestros vecinos. 

Lo increíble es que los propios argentinos somos los que vienen soportando 8 años de estancamiento y caída de la economía, aumento en la pobreza e indigencia, más del 53% de los niños bajo la línea de pobreza, el salario básico y la jubilación mínima en esa misma línea,  una inflación sostenida arriba de 25% en los 4 años de CFK y arriba de 40% en promedio y con un pico de más de 50% este último año en el gobierno de Macri, un salto de 6.7% a 11 en desocupación y con índices que llegan al 25% de mujeres desocupadas en el Conurbano bonaerense. 

Podría citar muchos más datos, pero solo esto ya es bastante dantesco, como para tener una fuerte explosión social.

Sin embargo fuera de las protestas lógicas, no pasó. No le pasó a CFK que llegó con lo justo a 2015, sacando hechos aislados en el interior y protestas de indígenas y no le está pasando a Macri, que no corrigió lo heredado, endeudó de modo alarmante al país y también está llegando al fin de su mandato sin grandes sobresaltos.

Es verdad que la foto quedó congelada en la caída alarmante pos Paso. Luego de hacer pagar el precio a la sociedad de no haberlo votado, Macri recapituló puso un cepo al dólar, después uno casi total, congeló casi todo lo controlado por el estado, sólo permitió algunas actualizaciones graduales y pateó la deuda en pesos de corto plazo y Letras para enero y se planchó el dólar después de la demanda enloquecida de varios meses. Pero a partir del 10 de diciembre todo volverá a rodar y hay que ver a qué velocidad lo hace, si sigue cuesta abajo y hasta donde el nuevo gobierno puede permitir que se siga cayendo e incluso se acelere el derrumbe del peso y todas sus consecuencias.

En Chile hoy los reclamos son infinitos y la anarquía es latente. Citar el listado a esta altura de las protestas y el caos,  sería interminable. 

Pero quiero dejar un solo ejemplo y no de los más vulnerables, sino de sectores  medios de las sociedad chilena,  que pueden mostrar por qué la desesperanza y la furia. Allá un joven que quiere estudiar en la universidad y no tiene recursos, se endeuda para hacerlo hasta a 40 años. Luego cuando se recibe, con su trabajo profesional si es que lo consigue rápido, debe empezar a pagar en cuotas su deuda. Mientras paga ese crédito está inhabilitado a poder tomar otra deuda para vivienda, bienes durables importantes o nada que sume una cuota alta a sus ingresos. Para cuando termine de pagar su crédito de estudiante, habrá ahorrado poco a la vez para su jubilación (pensión le llaman) que también es privada en las AFP. Si le va bien y logra pagar antes de los 40 o 45 años, quizá en algún banco tenga suerte que le otorguen un crédito para tener su propia casa, si es que sus ingresos y su edad no se lo impiden, sino deberá seguir alquilando. Pero en ambos casos habrá resignado ingresos mensuales para agrandar sus fondos de pensión, lo cual le va a significar al momento de jubilarse, recibir ingresos bajos que no le alcanzaran para vivir.  Desde la universidad a la jubilación, sin cambios y sin grandes progresos en la mayoría de los casos, se habrá pasado pagando casi todos sus ingresos, primero para ser profesional y luego para retirase y al final no habrá logrado la calidad de vida esperada

Es solo un ejemplo que me dio un joven chileno, un recorrido de vida,  que ni siquiera pertenece al sector menos favorecido sino a alguien de clase media. Hay sectores que se ubican muy por debajo de esas posibilidades,  esa historia que es una de las tantas que se pueden analizar, y corresponde a alguien que aún logrando ser universitario y profesional, no consigue crecimiento ni bienestar económico con su profesión.

Indudablemente el crecimiento de Chile de estos años y sus excelentes variables macroeconómicas, no se reflejan en crecimiento de su gente y en distribución de esa renta.

Todo es privado en Chile y lo poco público que hay, en educación por ejemplo, tiene un desnivel casi clasista  y muy pronunciado,  con lo privado en cuanto a calidad de contenidos.

Lo alarmante es que gran parte de la estructura comercial corporativa privada, de servicios y de comunicación, además de estar totalmente concentrada, tener poca competencia (o nada) y altos costos para los ingresos del promedio de la gente, en los casos que no se trata de multinacionales que están en toda la región, los titulares o socios de esas corporaciones son unas pocas familias tradicionales (y cada vez más ricas), muy relacionadas históricamente a la política y el poder económico de Chile.

La asfixia de la gente en cuanto a gastos frente a sus ingresos, la falta de expectativas, la desesperanza de cambio y la pobreza en grandes sectores; se choca con la concentración de la riqueza y la voracidad de esos grupos privilegiados para apoderarse de todos los ingresos posibles de servicios o consumos masivos y básicos.

Eso hace estallar a cualquier sociedad, pese a que las variables macro de un país sean excelentes.

Volviendo a la Argentina y nuestra foto congelada hasta el 10 de diciembre (aunque no tanto,porque los precios se acomodan arriba ante un posible congelamiento y algunos servicios suben) el mapa de nuestros servicios, corporaciones de consumo masivo y costos ineludibles que debe enfrentar la gente, no es muy diferente al de Chile.

Aquí habrá algunos apellidos privilegiados más, no se reducirá solo a familias,  habrán formado diversificadas sociedades y habrán incursionado en distintos sectores, pero la concentración económica también es brutal.

Quizá la mayor y única diferencia con Chile, esté dada en la parte pública y gratuita de educación,  salud, asistencia social y en que hay algunas multinacionales más que se apoderaron del mercado, incluso grupos chilenos propiedad de los privilegiados de ese país.

Por lo demás, electricidad, peajes, servicios varios, la obra pública, buena parte de las licitaciones y hasta  cadenas comerciales, están relacionadas a grupos de poder económico de actual gobierno de Macri (como en Chile al gobierno de Piñera)  aunque venían de mucho antes, desde el Kirchnerismo e incluso desde el Menemismo (como en Chile también venían de antes, con el gobierno de Bachelet e incluso la dictadura), donde los Macri, sus familiares, socios y grupos empresarios amigos, ya tenían grandes sectores y privilegios.

Macri está terminando su gobierno y posiblemente su carrera política.

Cuando se vaya develando la realidad de su gestión, la herencia que ahora va a recibir Fernández y avancen las causas judiciales contra su gobierno, será más evidente y posible su final.

Hay que ver que hace Fernández con este escenario, que además de crisis terminal, tiene tan alta concentración, tantos beneficios a  grupos reducidos y tantos privilegios a los mismos de siempre (incluido el entorno Macri)

Hay que ver cuánto se anima a cambiar y desconcentrar, cuantos privilegios se anima a quitar y cuánta distribución propone su modelo.

No habrá milagro con semejantes desequilibrios macro en cuanto a lo económico. Que se alineen todas las voluntades necesarias para poder cumplir con las deudas, que se reactive, vuelva a haber flujo de divisas y se vuelva a crecer, será muy complejo. Pero sin embargo esta vez se ve una oportunidad única, que antes no se vio en crisis anteriores. Es la primera vez que existe una consciencia colectiva, incluido todo sector empresario y económico no concentrado ni especulativo, de que hay que salvar al Peso. 

La gente tiene ingresos en pesos, recomponer el poder adquisitivo perdido será muy dificil, pero perder más significaría que nadie pueda comprar ni vender prácticamente nada.

¿Quién podría vender bienes durables, seguir cobrando servicios, vender tecnología y ni hablar de autos o propiedades, si el dólar se escapa a la vez que el peso se derrumba más?

¿Hay lugar para vender menos, de lo que ya  se vende?

¿Y para recaudar menos el Estado tiene margen?

Es evidente que no.

Y el compromiso de frenar la caída y salir del estancamiento, es de todos. Aunque el más responsable será el gobierno con las medidas que tome.

Sin embargo una vez que se deje de caer, se comience a salir, se reactive, se vuelva a vender y comprar, vuelvan a circular cantidades de pesos y entren dólares, ese solo será el comienzo.

Lo realmente importante será, que los pesos circulen por toda la sociedad y con más distribución, que las rentas no se dolaricen al nivel que lo venían haciendo y sigan saliendo del sistema y que haya una distribución cada vez mayor de esa renta.

Para eso será indispensable un cambio impositivo, hoy más de 70% de la recaudación son impuestos al consumo y servicios y previsional (que pagan más los pobres y sectores medios) y menos del 30% significan los impuestos a la renta, la riqueza, los bienes o la especulación financiera teniendo fondos en el país o peor aún, fuera del sistema (que pagan los sectores más altos y poderosos)

Corregir ese desequilibrio será crucial.

Para eso además  habrá que ir contra la concentración productiva y comercial y afectar intereses históricos, de multinacionales y poderosos.

Chile tarde, desesperados y por la fuerza, lo está empezando a hacer.  Su gobierno, el de Piñera un hombre de la derecha, viene reduciendo por ley los costos de energía, peajes, salud, medicamentos y educación, aunque todavía los siguen operando los mismos poderosos y no se animó a quitar privilegios, solo les achicó su renta. 

El nuevo gobierno de Fernández se puede mirar en el espejo del gobierno chileno, como también puede no hacerlo creyendo que el problema era Macri y no el modelo. También puede solo atender a la urgencia y no hacer un cambio real y estructural,  pero corre el riesgo de que en algún momento, pasado un tiempo  lógico si nada cambia,  los argentinos empiecen a mirarse en el espejo del pueblo chileno. 

Incluso los Originarios de acá se pueden mirar en el espejo de los Originarios de Chile, que hasta el propio Piñera devolvió tierras de su propiedad que había comprado y eran ancestrales, mientras que aquí llevan años esperando por las postergaciones de la aplicación de la Ley de Tierras Originarias que le dio derechos y desde 2006 se prorroga su definición, a la par que millonarios extranjeros como Benetton se hicieron de casi 1 millón de hectáreas.

La próxima prórroga vence en septiembre de 2021 y hay que relevar y entregar las tierras..

Hay que ver qué hace Fernández, su socia política no hizo muchos cambios estructurales y en el tema originario fue un retroceso, Macri incluso  empeoró todo en general.

De todos modos el problema no es de nombres, sino de modelo de sociedad.



Etiquetas:   Economía   ·   Cristina Fernandez de Kirchner   ·   Crisis Social   ·   Dólar   ·   Mauricio Macri

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