. En este
hemisferio, gran mandador solo hay uno, al menos por el
momento, porque se enfrenta a una dura competencia y pudiera ser que
le quitaran el mando desde su propio país o porque perdiera la
batalla con los del hemisferio opuesto. Aunque esto parece difícil
por el momento, tiempo al tiempo. No es preciso entrar en argumentos
aclaratorios sobre su identidad, porque se conoce sobradamente quien
manda en esta parte del mundo. y no es otro que el supremo
representante de USA. Aunque ese mandato incontrovertido se disfrace
empleando términos políticos, jurídicos, comerciales o con esas
sonoras palabras que emplean los economistas de prestigio para
suavizar la realidad.
Es sabido, aunque a veces no reconocido, que la fuente del mandato
en la actualidad está en el poder económico, lo de la
política y el poderío militar ha pasado a un segundo término,
porque quien controla el dinero está disposición de comprar
voluntades y misiles. Dentro de él, la industria productiva pierde
la batalla ante la arrolladora fuerza del efectivo. De manera que
aquel que dispone de las claves del dinero especulativo domina
el mundo.
No está claro si es por la habilidad de su pobladores, por la
grandeza del país o su posición estratégica, el caso es que ha
sido a USA donde se ha dirigido el gran capital dedicado a
producir ingentes cantidades de dinero. Debería aclararse que si
bien allí concentrado, no quiere decirse que sea suyo, o sea de la
patria, porque no lo es, ya que el dinero no tiene patria,
pero sí dueño.
Aunque así sea, este país dispone de su incondicional apoyo, puesto
que opera como si fuera propio, siempre que se siga el camino marcado
y en tanto le rinda beneficios a su verdadero tenedor. He aquí la
clave para gobernar este medio mundo, contar con el respaldo del
dinero.
Como así sucede, el que allí manda puede mandar —en tanto no le
desbanque la competencia de la clase política tradicional, que le
acecha permanentemente y estrecha el cerco— no solo en su tierra,
sino saltando fronteras y llegar a imponer su voluntad,
entiéndase la del dinero
prestado
a buena parte del mundo occidental. Basta con que hable de sanciones
económicas o de imponer
aranceles, para que todos se
echen a temblar y se plieguen de inmediato a las exigencias del gran
mandador. Quien no acata sus órdenes, contraviene su sagrada
voluntad, y es mala cosa. El que se opone a las sanciones
que decreta o no se muestra en línea con su política
se arriesga a perder su
favor y ser objeto de
otras sanciones. Semejante posicionamiento tiene consecuencias,
porque supone la exclusión de los
beneficios del dinero
bajo control del gran capital. El resto del mundo permanece impasible
ante cualquier injusticia y las organizaciones humanitarias, en ese
caso, miran para otro lado.
La
paradoja más evidente reside en que las políticas estatales sigan
hablando de soberanía
y luego esta parte del hemisferio obedezca los mandatos del mandamás
sin rechistar —hay que aclarar que, no tanto como sin rechistar,
porque a veces protestan algunos con la boca pequeña, para salir en
las noticias—. Igualmente llamativo es que se hable de libertades
y derechos cuando huelga la
crítica, no se oiga a los grandes opinadores y que los más
comprometidos hablen de que la política seguida por el
Estado-hegemónico de ese medio mundo es cuestión de justicia.
Está visto que el dinero es capaz de comprar hasta la racionalidad y
el sentido de la equidad. Pero esto es lo que hay, y el que no esté
de acuerdo que se aguante, porque quien
manda manda.
Pese
a los intereses de la política, sometida inequívocamente a las
órdenes del poder económico del capital, la opinión que
camina por libre —es decir,
la que no es asalariada de ningún financiador público o privado—,
no puede dejarse silenciar por las conveniencias de cualquier
mandador, por grande que sea. Nadie está en disposición, pese a
contar con el apoyo del dinero, de adoctrinar sobre la
justicia, el
bien. el
mal y los valores. Aunque
esta función se la
arroguen unos pocos gobernantes,
el criterio para pronunciarse solamente corresponde a la
conciencia colectiva.Antonio Lorca Siero..