. En vez de
apoyar y defender a los trabajadores, se empeñan en apoyar al Gobierno,
haciendo daño a la ciudadanía y al empleo. Se han convertido en enemigos del
trabajador, en vez de en apoyo, colchón y estímulo.
Tanto el sindicato socialista como el
comunista se empeñan, entre otras pretensiones,
en que el Estado no tiene por qué mantener a la Iglesia católica.
Siempre han defendido que la Iglesia aporta y reporta más vicio y ocio a la
ciudadanía que beneficio y ayuda. Lo cierto es que hasta el Gobierno socialista
se vuelca con la banca, con las clases pudientes y se esconde ante el peligro
de religiones calificadas como violentas, mientras menosprecia a la Iglesia católica y a las
organizaciones afines volcadas con los más necesitados.
Muchos, siguiendo las directrices del
retro-progresismo sindical, se apuntan a esos mismos ‘pensares’, como resultado
de la ignorancia que ha impregnado a la sociedad del desprecio, la
incongruencia y el paro; una sociedad sin estímulos ni acordes, sin
perspectivas ni ilusión. En definitiva, una sociedad cansina y aturdida por las
consignas de una izquierda rácana y ‘amarranada’ socialmente.
Nos parece mal que los sindicalistas de
clase hagan apostasía de la religión católica. Sépase que apostasía – lo
aclaramos para quienes estudiaron con la LOGSE o en las inmediaciones de la
misma — es la negación, renuncia o abjuración a la fe en una religión, así como
la salida o abandono irregular de una orden religiosa o sacerdotal. Quienes
hacen apostasía están en su derecho, pero no deben mirar para otro lado cuando
a ellos se les apliquen los mismos criterios y especificidades.
Quienes se declaran ateos no tienen por qué
financiar con su dinero a la Iglesia. Del mismo modo quienes no creemos en los
sindicatos de clase ni en su permanente estupidez ni en el ‘burdel’ sindical,
no tenemos por qué contribuir con nuestros impuestos al mantenimiento de semejantes
esperpentos que, dicho sea de paso, se han convertido en un atentado laboral y
en una fábrica de dañar a los trabajadores.
Ni queremos ni estamos dispuestos a
financiar con nuestro dinero a los sindicatos afines al Gobierno. De la misma
forma que a la Iglesia acabarán financiándola sus feligreses, exigimos que a
los dañinos sindicatos de clase los financien sus ‘feligreses’. Y para que ello
sea realidad hay que empezar porque a los liberados sindicales (liberados de
trabajo) los paguen sus sindicatos y no las empresas ni las administraciones
públicas.
Ya está bien de que tanto liberado sindical
viva sin dar ni golpe y levantándose a las doce y media de la mañana, cuando
millones de trabajadores casi hemos levantado España de su miseria y su adormecimiento.
Personajes del estilo de los liberados sindicales del Sindicato Vertical
Unificado nunca levantarán un país como esta España cuarteada, desilusionada y
arrepentida de depositar su confianza en el aborregado y adocenado socialismo.
En 2010 el Estado aportará más de
veintitrés millones de euros para mantener a liberados sindicalistas que nada
reportan a la sociedad. ¿Por qué no se pone una casilla en la declaración de la
Renta para recaudar voluntariamente ese dinero?
Vamos a darles la respuesta. Mientras que el
dinero que recauda la Iglesia se emplea en ayudas al necesitado, el que reciben
los sindicatos de clase es para que ellos sigan mamando de la ubre, disfrutando
del ‘burdel’ sindical y fomentando el caos laboral que ellos mismos han creado.
Por eso, y porque conocemos el mundo del
sindicalismo desde todas sus perspectivas, invitamos al ciudadano responsable,
comprometido, trabajador y honrado a
declararse apóstata sindical. Pero, además, les invitamos también a que quienes
paguen cuota a los sindicatos dejen de hacerlo y la empleen en ayudas
humanitarias que redunden en beneficio de la ciudadanía.
Solo así conseguiremos que se encauce el
sindicalismo y se reforme la Constitución de 1978. Una Carta Magna que empieza
a parecer carca y vulgar en muchos de sus contenidos y predicamentos, como en
todo lo referente al sindicalismo.
Jesús Salamanca
Alonso