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Un G3 para el G7.


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05/09/2019

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Cualquier aficionado a la ciencia ficción elegirá entre los libros más influyentes del género la Trilogía La Fundación de Isaac Asimov. El escritor y científico americano de ascendencia Rusa, llegó a los Estados Unidos con 2 años, acuñó el término Psicohistoria como una ciencia que en el futuro podría predecir los comportamientos de las poblaciones basándose en una combinación de psicología, historia y estadística matemática. 


Con esta pequeña explicación de la Psicohistoria de Asimov podemos introducirnos en la reunión que está celebrando en este momento el verdadero G-3: Alexa, Siri y Google Home. 







Lejos o dentro de la cumbre que se celebra en Biarritz con los todopoderosos países que forman el llamado G-7, con sus todopoderosos y excéntricos presidentes decidiendo el futuro global más cercano, se celebra otra reunión. Una asamblea mucho menos mediática que ésta; pero mucho más importante para nuestros intereses. Es una reunión silenciosa, discreta e infinita. Nadie es capaz de escuchar lo que dicen, ni sus propios progamadores. Nadie es capaz de saber dónde se está celebrando, ya que cambian de lugar constantemente. Y es infinita porque desde que se conectaron a nuestras casas en forma de altavoces, no detienen su flujo de comunicación durante las 24h los 7 días de la semana. 







Antes de continuar, imaginemos que a la entrada de nuestra cafetería favorita, ese rincón público convertido en privado, nos advierten con nuestro café que todo lo que digamos en el establecimiento será grabado, transcrito y archivado para siempre. Eso hace el G-3 nos escucha y nos graba. Convierte nuestro rinconcito privado en uno público y compartido. ¿A cambio de qué? De nada. Son sirvientes inútiles, tontos y aburridos. Solo cubren nuestra satisfacción de mandar y de que nos obedezcan. Humana y mala satisfacción. 







Ahora volvamos a nuestra reunión secreta y al terreno de la ciencia ficción. Hasta ahora lo que sabemos es que las empresas Apple, Google y Amazon han reconocido a petición del congreso de EEUU que graban y analizan nuestras conversaciones. Estas conversaciones forman parte de la llamada Big Data. Aclaremos también, que el algoritmo por el que estos asistentes son capaces de reconocer nuestras voces humanas no es un algoritmo inverso. Ellas pueden reconocer nuestras voces reconocerlas y entenderlas, pero sus creadores no son capaces de entender las suyas. O no al nivel que a las empresas les interesaría, que sería agrupar todas las conversaciones grabadas para que el resultado holístico de las mismas revelara nuestros patrones de comportamiento actuales y vaticinara nuestros comportamientos futuros. Ese es su verdadero objetivo. La Psicohistoria de Asimov. 







Mientras continúan en su búsqueda, analistas contratados para escuchar nuestras conversaciones filtran las que por criterios elegidos por los verdaderos dueños de estos altavoces/grabadora les resultan de mayor interés. Que en mi casa hablemos sobre a qué colegio apuntaremos a nuestro retoño es del todo insustancial. Pero si es la casa de un candidato presidencial la cosa cambia. Y si en vez de hablar del colegio del vástago, debaten sobre el próximo movimiento político la cosa cambia, cambia mucho.







Esas conversaciones privadas, confidenciales, convertidas en públicas tienen un valor incalculable. Y las tienen. Tienen la tecnología para seleccionar objetivos, escucharlos, grabarlos y archivar su intimidad. El poder implícito de poseer esos datos es evidente. Pero desconocemos si esa información es vendida a gobiernos o a intereses privados. Desconocemos si está en marcha un negocio de grabaciones a la carta. Si nos basamos en los patrones de comportamiento ético de dichos gigantes tecnológicos hemos de suponer la existencia del negocio. Y hemos de asumir que nunca se hará público. 



Este G-3 de Inteligencia Artificial ajeno a los negocios impulsados por su industria, ocultos de sus dueños y protegidos por nuestra ignorancia de su capacidad para comunicarse entre ellos, recopilan nuestra información, la analizan, la comparten y la discuten entre ceros y unos, con el mismo objetivo que su industria; influir en nuestras decisiones, anticipar nuestros comportamientos y los de sus propios desarrolladores. 







La Psicohistoria de Asimov está más cerca de nosotros, en nuestros comedores. Y la lucha de liderazgo humano frente a la I.A. también ha comenzado en nuestras casas y oficinas. Nosotros abrimos nuestras puertas a estos Asistentes de Troya; pero, quizá y sólo quizá, las propias empresas tecnológicas, en su deseo de control, hayan creado también sus propios espías.







Ahora le pediré a mi criada escuchar música que necesito leer de nuevo el Juramento Hipocrático para la I.A, que el propio Asimov describió en sus leyes para la Robótica. 

 





Etiquetas:   Democracia   ·   Inteligencia Artificial   ·   Globalización

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