Huelga por el planeta

Se quema la Amazonia, arde África y Groenlandia se derrite; por la sequía mueren las abejas en el centro de Chile, por los deshielos se extinguen los osos polares en el Ártico, la fauna del Amazonas se extingue. Estamos en sequía, viene el calor, los pueblos originarios son asesinados por los incendios. Inundaciones, huracanes, volcanes. La mano del hombre, empuñada de codicia, rompe los equilibrios de la naturaleza.

 

. Estamos en sequía, viene el calor, los pueblos originarios son asesinados por los incendios. Inundaciones, huracanes, volcanes. La mano del hombre, empuñada de codicia, rompe los equilibrios de la naturaleza.
Inmensa torpeza que ha llevado a un punto de casi no retorno. El agobio se extiende, la humanidad sigue a tastabillones insistiendo en sus mismos errores. Defender la naturaleza no es asunto que se pueda levantar con mirada cortoplacista, se requiere una visión de Estado, de compromiso y de amor por las nuevas generaciones, porque es a ellos a quienes les estamos dejando una bazofia de vida, un sistema que esclaviza y que, de perpetuarse, significará que las mayorías mueran por las condiciones de hambre y sed, porque la tierra se agota y los poderosos creen que ellos , con su dinero, podrán salvarse. No parecen entender que es la muerte la que iguala a todos los seres y es lo que resta a cualquiera, sin alternativa.

Los niños son los que desde la absoluta verdad están levantando la voz por el planeta, sin cálculos egoístas, sin pretensiones de poder ni riqueza, simplemente movidos por el amor a la vida que les está siendo negada. Las imágenes que nos llegan son horrendas, pensar que el mar está contaminado por el plástico, por residuos radiactivos, por metales pesados, por el mercurio que se usa para extraer el oro, mientras siguen cubriendo de cemento las tierras rurales, con empresas robando y quedándose con el agua para sus negocios. La impotencia crece, la debilidad alcanza a países chicos como el nuestro, el porvenir amenaza con un escenario de anarquía mundial que nos condenara a ser esclavos de otras potencias, los desplazamientos humanos no podrán frenarse, estamos construyendo nuestro propio holocausto.

Sin embargo, ese fatalismo tiene una contrapartida, basada en mantener la fe, en la unidad de la gente de buena voluntad, que pueda aportar a un cambio conductual profundo, que pueda echar fuera de las instituciones a quienes las han usado para beneficio propio. El cambio no será la entrega generosa del poder por parte de corruptos o avaros conversos, porque esa especie no cambiará nunca, simplemente se les debe sacar del poder con decisión colectiva, para que se pueda disponer del Estado para fines propios de servicio y protección a la nación, a las personas, a quienes debemos compartir la nave y el pan de cada día.

Una visión ecológica no puede olvidar que es en la unidad plural en la acción, con honestidad, con valores genuinos de humanismo sin apellidos, en donde podremos encontrar una opción al fatalismo genocida y ecocida que nos amenaza. El día del paro de la gente en contra del sistema depredador, en protesta planetaria, debe ser una señal de rechazo al sistema que endiosa el dinero, el lucro, antes que la naturaleza y sus ciclos de renovación.

El Día de la Tierra debe ser una jornada de no violencia activa, sin consumir, sin usar el auto, sin ir al retail, eliminado el uso del plástico en la vida diaria, cambiando el consumismo enfermo por austeridad, por solidaridad y comercio justo. Debemos abrir caminos para que los niños y adolescentes puedan tener un mañana, y que, de alguna forma, los viejos nos hagamos responsables de las malas decisiones tomadas, de haber caído en el juego del materialismo y del abuso depredador de los recursos. Separando la paja del trigo, sin enredarnos de nuevo con los traidores sonrientes, buscando representantes honestos y consecuentes. Erradicando la codicia perniciosa. Actuando decentemente, algo olvidado por los arribistas del poder. Frenando la máquina que destruye con excusas de crecimiento irracional. No comprar más de lo que se necesite, adiós a lo fatuo, a lo superfluo, volvamos a una conducta mesurada, que respete los ciclos de recuperación de la madre naturaleza. Cambiemos, todos y cada uno, es la única chance que queda.

Periodismo Independiente, 28 de agosto de 2019.

UNETE



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