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Esta vez no lo debemos consentir. Hasta ahora, los
sindicatos de clase han abusado de la población; se han despreocupado de la
crisis que sufren los trabajadores; han abusado del cobro del FOGASA
menospreciando al ciudadano que perdía el empleo; han pisoteado el Estado del
bienestar y rebajado la política social del Gobierno radical socialista. Y lo
han hecho por egoísmo, insensatez, exceso de mediocridad y mala fe. Por eso
esta vez no vamos a consentir que se salgan con la suya. Ya no hay duda que el
sindicalismo de clase es un dañino y desconcertante mal.
Estamos hartos de movimientos
radicales del estilo del Sindicalismo Vertical Unificado, del movimiento ‘perroflauta’ o de los comunistas
del 'Niño Jesús'. Eso de ocupar la calle se ha acabado. Si el Gobierno no sabe
aplicar la ley ni la Justicia sabe estar en su sitio, la ciudadanía debe tomar
la iniciativa porque sobran uno y otra. España aún tiene pendiente la
revolución social y nunca es tarde para iniciarla con todas consecuencias, pero
prescindiendo de movimientos radicales de izquierda, cuyo despendolamiento no
es más que el afán de dañar a quien se sacrifica y contribuye a la mejora
social.
Nunca la izquierda había hecho
tanto daño social y económico a los
propios ciudadanos y a la sociedad. ¿Acaso existe mayor pérdida social que la
pérdida de empleo por la ineficacia sindical y gubernamental? Pues eso es la
izquierda: el artífice del gasto desproporcionado, desorbitado, desequilibrado,
innecesario y analfabeto, frente a las equilibradas políticas económicas del
liberalismo. Ahí tienen las políticas de izquierdas aplicadas por el
‘zapaterismo’ más vulgar. Por eso las izquierdas pretenden sumarse al frente
radical; un frente radical donde confluyen los mal llamados indignados (dígase
"indignantes"), radicales del nacionalismo pedigüeño e izquierda
'hundida. ¿Alguien conoce mayor horterada con aspiración política? Va a ser
verdad lo que decía Bradbury respecto a que la izquierda “es una imposibilidad
en un universo imposible".
La mediocridad sindical en la que
han incurrido siempre los sindicatos de clase se vuelve a poner de manifiesto
en su propia opinión respecto a las futuras movilizaciones: "no se tiene
en cuenta a los ciudadanos a la hora de decidir". Como si ellos hubieran
mirado por el individuo y las familias a la hora de aceptar cierre de empresas
a cambio de dinero del FOGASA y prebendas para familiares y amigos. ¡Hay que
ser mafiosos para decir eso, cuando los propios sindicatos de clase ignoran
permanentemente la dignidad del ciudadano y del trabajador! Incluso se arrogan
una representación de trabajadores que no llega ni siquiera al 2%.
¡Sinvergüenzas, parásitos, verduleros,…! ¡Cuánta mafia escondida tras la
dignidad del abandonado trabajador!
Jesús Salamanca
Alonso