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Guerra Comercial: que nos pille confesados


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08/08/2019


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Entendiendo la Guerra Comercial




El orden mundial de Bretton Woods que se impuso bajo la hegemonía norteamericana después de la segunda guerra, significó generar cuatro organismos: el Fondo Monetario Internacional, FMI, el Banco Mundial, El Acuerdo General de Aranceles y Comercio, GATT, y el Consejo de Cooperación Aduanera de Bruselas. La esencia del nuevo orden económico occidental fue desmantelar los nacionalismos económicos promoviendo el libre comercio. Para la reconstrucción de los países devastados por la guerra, el Banco Mundial era el organismo de cooperación que canalizaría ayuda para la reconstrucción. En lo financiero el FMI, tuvo como objetivo mantener una estabilidad monetaria mundial a nivel de Bancos Centrales, que alineaban sus monedas nacionales con el dólar estadounidense. Hasta el inicio de los setenta fue convertible en oro. En un escenario bipolar rígido, el apalancamiento económico iba acompañado de acuerdos de defensa contra el enemigo ideológico, representado por la Unión Soviética y China Comunista. Allí surgieron la OTAN, el TRIAR, ASEAN, el CENTO, acuerdos de asistencia militar con el sesgo ideológico anticomunista que caracterizó la guerra fría.

Fue Charles De Gaulle quien puso en jaque a Richard Nixon y al padrón dólar-oro, al exigir a la Reserva Federal que le cambiara a oro metálico los billetes que empapelaban Francia. A partir de esa jugada, se retiró el padrón oro y se creó una moneda de cuenta, que es convencional y que circula entre los bancos centrales y el FMI: el Derecho Especial de Giro, DEG. Bajo la figura de una franja cambiaria, las monedas se alineaban con el DEG, el cual en su partida tuvo la paridad de 1 dólar estadounidense.

Monetariamente, la dominación del dólar significó que fuesen otros países los que sostuvieran la divisa americana, dado el déficit gigantesco de la superpotencia, consecuencia de su rol de gendarme militar sin contrapesos, manteniendo desgastadoras guerras en regiones distantes y en defensa de sus intereses imperiales.

A partir de los noventa, desaparecida la URSS, el orden económico se consolidó en el Acuerdo de Marraquech de 1994, que dio nacimiento a la Organización Mundial de Comercio. Luego de transcurrido el plazo de gracia de 5 años para que los países que habían suscrito el Acuerdo, comenzaran a cumplirlo, se ingresó al Siglo XXI con las corporaciones multinacionales alcanzando enorme influencia en las decisiones globales. La caída de los socialismos reales y el surgimiento de un sistema neoliberal planetario, motivo a Francis Fukuyama en 1992 a escribir su ensayo «El fin de la historia» en el cual plantea que finalmente se ha impuesto en el mundo el sistema liberal. Con la ideología neoliberal dominante, la concreción de un materialismo económico global era inevitable.

Los hechos que se pueden relevar del quinto de siglo XXI transcurrido, contradicen parcialmente la prospectiva de Fukuyama, en la medida que China, un gigante híbrido, estructuralmente de partido único, autocrático y sin contrapesos, que ha hecho suyos los instrumentos del sistema económico global practicando una diplomacia económica audaz, ha puesto en jaque a Estados Unidos, la superpotencia imperial, que ha debido, en la era Trump, dar por el suelo con toda su filosofía librecambista.

En las dos décadas posteriores al 11 de septiembre de 2001, la relación centro-periferia se ha hecho más compleja por la desregulación de clásicas medidas proteccionistas que ha impuesto el orden de la OMC. Destaca la influencia creciente en los países latinoamericanos de las corporaciones multinacionales, las cuales han invertido controlando recursos básicos en un modelo extractivo, que controla materias primas, pero que ha radicado sus establecimientos productivos y de montaje industrial en otros países donde puedan optimizar su rentabilidad.

China supo leer la codicia de las multinacionales y su connotación apátrida, para tentarlas con una legislación atractiva de equity joint ventures, que aseguraba una participación pareada de los inversionistas extranjeros con empresas y trabajadores chinos, asegurando a los proyectos bajas barreras ambientales, un clima laboral sin conflictos sindicales y trabajo a un precio irreal.

Europa y Estados Unidos pisaron el palito y vieron como emigraba su infraestructura industrial, a medida que sus multinacionales se posicionaban en la región del sur de China, para aprovechar las ventajas otorgadas. Con este piso estratégico, China logró adherir a la Organización Mundial de Comercio, OMC, y fue aceptada, pese a los cuestionamientos ideológicos, la evidencia de actuaciones contrarias a las reglas de libre concurrencia, como incumplimientos en protección de propiedad intelectual, el dumping ambiental y laboral. Los índices de crecimiento anual del gigante asiático neutralizaron los cuestionamientos y permitieron que se sumara al sistema comercial mundial como un socio auspicioso, jugando con esas reglas.

La experiencia demuestra que China ha sido eficaz en su diplomacia económico-comercial y ha jugado en el sistema global en forma audaz, usando el capitalismo financiero en su beneficio, sin que esto debilite en lo más mínimo el poder político comunista al interior del país continente.

China se convirtió en el principal comprador mundial de materias primas y semielaborados y, gradualmente, a medida que se generaba en su propia economía una emergente clase media, del orden de 200 millones de personas, sus compras también crecieron hacia otros bienes y servicios. En el plano monetario, China se convirtió en el principal comprador de los bonos soberanos que ha emitido la Reserva Federal de EEUU para suplir su déficit creciente.

La posición manifiesta de Donald Trump de hacer nuevamente grande a los Estados Unidos es una reacción conservadora que ha chocado con la experiencia neoliberal que ha promovido la superpotencia y ha hecho tangibles contradicciones conceptuales que tiene la administración republicana para dar marcha atrás en políticas de globalización que siempre favorecieron a las grandes empresas transnacionales norteamericanas. La relación de intercambio de China con EE.UU. demuestra que la locomotora del crecimiento ha sido China, pese a la interdependencia compleja que ello provoca.

Trump ha buscado negociar con China aplicando un neoproteccionismo duro, que trasgrede los principios del orden neoliberal. Esto, sin dudas ha generado contradicciones vitales, en donde intereses geopolíticos han hecho al gobierno de Trump actuar en contra de una estrategia global de EEUU, fundada en la protección irrestricta a sus empresas multinacionales. El hecho de haberse retirado del TPP, que busca asegurar un statu quo a las multinacionales, ha sido sintomático de esta posición pragmática y llena de tensiones de la era Trump.

Por su parte China y Rusia han avanzado en una alianza estratégica que busca desdolarizar el comercio mundial, volver a un padrón oro y generar organismos de cooperación paralelos a los de Bretton Woods. Ambos países han hecho las mayores compras de oro en los mercados internacionales. Además, Rusia y China han acordado usar sus respectivas monedas nacionales, el rublo y el yuan, en su intercambio comercial. También han avanzado en la emisión de criptomonedas oficiales para participar en comercio electrónico por fuera de la Libra que ha lanzado Facebook.

Estados Unidos quiso jaquear a Huawei, pero la realidad le hizo retroceder, toda vez que las cadenas productivas de la gigante tecnológica china se imbricaban con sus pares norteamericanas, por lo que boicotear a Huawei impactaba fuertemente en las propias empresas estadounidenses. La interdependencia de las corporaciones se hizo sentir también respecto a la industria espacial y aeronáutica norteamericana, en el abastecimiento de tierras raras, que produce principalmente China, lo que significó otro golpe en las narices al voluntarismo de Donald Trump, algo que al parecer, no se ponderó en detalle.

Las últimas noticias de esta guerra comercial se han centrado en el petróleo, donde China dejaría de comprar a empresas norteamericanas para preferir otros países proveedores. China es el principal comprador mundial de crudo mientras EEUU el principal productor, por encima de Arabia Saudita. Un desvío de comercio complica a EEUU y China fijará cuotas de importación al petróleo norteamericano, por encima de las cuales habría aranceles de castigo y en represalia a los que Trump está aplicando a manufacturas de China.

Una variable crítica dentro de la complejidad de estos escenarios, se dará en los mercados de capitales. La deuda pública de EE.UU. ya equivale al 98% de su PBI. China es acreedora principal de los bonos soberanos de Estados Unidos y en septiembre éste debe servir intereses que en caso de no ser pagados provocarían un default y llevaría a una gran caída del dólar. China tiene en su tesoro más de un billón de dólares (un millón de millones) en bonos de la deuda de ese país. Cualquier forma de default desestabilizaría la economía global.

En medio de la guerra comercial EEUU ha desempolvado viejos instrumentos de regulación del intercambio, como aranceles diferenciados, cuotas o contingentes y prohibiciones. Pero la herramienta cambiaria que ha aplicado China al devaluar el Yuan, le ha significado abaratar aún más los precios de las mercancías chinas en el mundo, con lo cual ha atenuado el efecto arancelario en sus exportaciones a los Estados Unidos.

El impacto de la guerra comercial en Chile

Chile es la economía más abierta de América Latina donde se ha aplicado un modelo liberal extractivo, sustentado en la Constitución Política de 1980, que ha asignado al Estado un rol subsidiario, configurándose una alta concentración de la riqueza y una fuerte desigualdad social. En la estrategia del comerciante, Chile apostó a insertarse en la globalización a través de numerosos acuerdos comerciales. Chile tiene 26 acuerdos comerciales con 64 mercados, ampliando su mercado interno de 16,6 millones de habitantes a uno de 4.302 millones de consumidores potenciales en todo el mundo. En los noventa Chile abrió el sector minero para que mineras extranjeras pudieran exportar concentrados de cobre abandonando las propuestas de industrialización del recurso primario. El crecimiento de China significó que los precios del cobre, principal rubro exportador subieran en una racha alcista ligada a los índices de crecimiento del gigante asiático.

A cifras de 2017, los principales destinos de las exportaciones fueron China ($19,2 Miles de millones), los Estados Unidos ($10,3 Miles de millones), Japón ($6,38 Miles de millones), Corea del Sur ($4,06 Miles de millones) y Brasil ($3,44 Miles de millones). Los principales orígenes de sus importaciones fueron China ($15,4 Miles de millones), los Estados Unidos ($11,5 Miles de millones), Brasil ($5,32 Miles de millones), Argentina ($2,77 Miles de millones) y Alemania ($2,63 Miles de millones). En el sector minero, continua siendo el mayor exportador de cátodos y minerales de cobre, además es el mayor exportador de carbonato de litio, yodo, nitratos de potasio, abonos minerales nitrogenados y molibdeno.

El principal ahorro interno que se genera de los fondos previsionales es de administración privada a través de las Administradoras de Fondos de Pensiones, AFP, con un monto total de 208 mil millones de dólares. El 43% de este activo, 89 mil millones de dólares, está colocado en instrumentos financieros en bolsas extranjeras.

El actual sistema de comercio exterior chileno funciona alineado con el dólar estadounidense y los DEG. Si cambiase el sistema monetario que rige desde la post segunda guerra, se generaría una gran complejidad. Actualmente es el Banco Central el que da la paridad de las divisas respecto al dólar, para las Declaraciones Aduaneras. Si se enfrentase un cambio del orden mundial, tendríamos que aprender a negociar con el bloque que estarían integrando Rusia y China y es pertinente preguntar si hay capacidad o margen de maniobra para seguir negociando con ambos bloques antagónicos.

De las cifras expuestas se puede inferir el alto riesgo por el que atraviesa la economía chilena, con una expectativa de crecimiento tendiente a cero, pese a los mensajes forzados de optimismo que Sebastián Piñera ha difundido para el segundo semestre. Chile tiene un Estado inválido que se ha ceñido por más de 4 décadas al dogma neoliberal y reaccionar con medidas realistas que rompan las camisas de fuerza de la legalidad heredada de la dictadura parece improbable. Porque se podría realizar por lo menos un paréntesis en la estrategia neoliberal para adoptar acciones pragmáticas que le dieran un relativo margen de maniobra frente a escenarios peores que se avizoran en la guerra comercial. Se requiere un Estado que pueda dinamizar coinversiones de emergencia para lograr una relativa autarquía alimentaria y habría que racionar las divisas frente a escenarios recesivos.

El impacto de un default en los fondos de pensiones sería trágico para todos los afiliados. Continuar dependiendo de las importaciones sin fijar prioridades país para el uso de las reservas, resultaría una irresponsabilidad y para bajar la dependencia de mercados que se cierren por el conflicto, se debería preventivamente reactivar el sistema de créditos recíprocos que existe en ALADI. En algún momento, en la escalada de una guerra comercial, nuestros embarques a Asia podrían ser bloqueados. Si la guerra comercial deviniera en medidas militares, la estrategia del tendero hará agua definitivamente y habrá que tomar definiciones de Estado porque la no alineación resultará inviable.

Frente a este panorama opaco, Sebastián Piñera en un gesto propio de su voluntarismo, pidió a Xi Yinping y Trump terminar con su guerra comercial (sic). El Ministro de Hacienda, quizás con más realismo, señaló ante unas religiosas, que había que rezar para que terminara la guerra comercial. Sólo cabe agregar, con esta actitud de las autoridades, esperemos que la crisis “nos pille confesados”.

Periodismo Independiente, 07 Agosto 2019


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