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Reseña "El enebro" de la escritora Barbara Comyns


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25/07/2019


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Un libro extraño del que no sabía qué pensar a medida que avanzaba. El epílogo de Margaret Drabble me ayudó a comprender por qué esta lectura resulta tan desconcertante. Está inspirado en un macabro cuento que desconocía de los Hermanos Grimm que lleva el mismo título. De hecho, antes de arrancar la novela el lector se encuentra un breve texto del mismo: «Mi madre me mató, mi padre me comió, Marlichen, mi hermanita, recogió mis huesecitos y, envueltos en un pañuelo, los enterró bajo el enebro. Pío, pío, soy un lindo pajarito».


  Si no sabes que pertenece a dicho cuento, solo consigue desorientarte. Pero además, antes de comenzar leí la breve biografía de la autora (ya fallecida) ofrecida por la editorial, donde habla de su infancia dickensiana. Solo así, reuniendo estos aspectos, se entiende mejor el panorama global de la lectura. Habría ayudado que el epílogo hubiera ocupado el puesto de un prólogo.

  Pero entramos ya en la lectura y nos encontramos con Bella Winter, narradora en primera persona de su experiencia vital: una madre soltera en el Londres de los ochenta de una niña de color, acomplejada por su cicatriz en el rostro que empieza a ver la luz al encontrar trabajo en una tienda de antigüedades y la amistad con un matrimonio que será clave en su nueva vida.

  Las dificultades para salir adelante no son pocas tras una dura infancia con su madre y la reciente ruptura de una relación amorosa. Pero Gerard y Bernard, componentes del matrimonio amigo permitirán ampliar sus miras y expectativas. Y sin embargo…

  Los puntos suspensivos resumen lo que no se puede contar. O sea, todo, porque revelar aunque sea poco de “El enebro” es contar mucho. Sin embargo hay otros aspectos a comentar sobre esta novela. Teniendo en cuenta su espíritu de cuento y/o fábula la perspectiva es otra. Por eso no habrían resultado tan impactantes algunos giros en la historia que espeluznan. No obstante, hay un aire permanente de cierta tensión cuando la lectura se encuentra avanzada, donde se intuye la inminencia de una situación fatal o en todo caso, de capítulos nada agradables. Hay tramos realmente inquietantes donde te dices a ti misma: «pero, ¿esto cómo es posible?».

  Por ello, si desconoces como comentaba antes que el origen de “El enebro” es un cuento siniestro, la historia chirría. Es más, cuando este tipo de sensaciones fueron muy intensas, eran ya muchas las páginas que llevaba leídas. De no ser así, dudo que hubiera continuado porque lo que estaba leyendo no resultaba creíble.

  Otra cuestión interesante en la novela es la manera de abordar las relaciones tóxicas. La Bella de esta novela-cuento trata de pasar de largo por algunas de ellas, como si estuviera ciega, mientras como lectora te preguntas cómo es capaz de continuar adelante con esos pasos tan evidentemente erróneos. Como si fueran crónicas anunciadas de “amistades peligrosas”. ¿Es ingenuidad, inocencia?, te preguntas entonces. Pero es que tanto Bella como otros personajes de “El enebro” son una especie de metáforas, hasta veces alegorías de la vida donde el amor mantiene sus dos caras, su lado romántico y el más cruel.

  Por supuesto, ese enebro del título es el símbolo del cuento que se esconde tras la novela, en el marco de ese maravilloso jardín descrito por la autora, como ese remanso de belleza del matrimonio amigo de Bella, que también disfrutará esta última. Tan enigmático como inquietante.

  Otro aspecto que he disfrutado es la descripción de la vida cotidiana del Londres de Bella, donde disfruta del negocio de las antigüedades, del entorno de quienes se apasionan con este arte con tantas posibilidades narrativas, pero también donde la joven tiene que luchar duro. Debe sacar adelante sola a su hija y aunque tiene dependencias emocionales ciertamente turbadoras que ella misma desconoce (o no reconoce), es una mujer luchadora, con ganas de ser autónoma.

  Sin duda esta lectura es una experiencia distinta. Confunde, atrae, turba, gusta y disgusta en distintas proporciones. Por eso es diferente. Y como cada lector es un mundo…







Etiquetas:   Escritores   ·   Libros   ·   Periodismo   ·   Reseña   ·   Lectores

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