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Perdón, por las iras que causé -tan absurdas, que ahora quisiera ahogarlas en el calor de un fraternal abrazo- Perdón, por mi soberbia con los humildes, mi insolidaridad con los afligidos, mis mentiras, mis silencios y mi hipocresía. Perdón a la Luna, por compartir tan poco su presencia. Al Sol, por no idolatrarlo, embutido en mi atea simplicidad. Al Cosmos y su infinita grandiosidad, debo pedir perdón, pues, en mi insignificancia, he osado desplegar mi prepotente plumaje. Al Mar, profundo, inmenso y rebosante de vida. A los árboles pacientes y masacrados. A todos los animales hermanos y, a la vez, desconocidos. A todos les pido perdón. Pero sobre todo, a los niños por no compartir sus juegos y a los ancianos por no escuchar sus consejos. Y a mi amada, le pido perdón, por mucho que te quiera, jamás será suficiente. Luis Marradeshttp://www.luismarrades.com Ciudad de México Junio 1999