. Esta fecha, casi olvidada por la mayoría, no pasa desapercibida para
otros muchos.
Los comicios de abril de 1931
parecían no tener más valor que el meramente administrativo, pero el plebiscito
se planteó como: monarquía o república. El cambio esperado hizo que muchos
vallisoletanos, al igual que muchos españoles, imaginaran una nueva etapa de
esperanza. Se atisbaba un horizonte de libertad, vetada para el pueblo en
momentos precedentes y, ante tales perspectivas, el apasionamiento pronto se
vio reflejado en la propaganda electoral, mucho más abundante en la ciudad que
en los pueblos. A la campaña electoral se unió un fuerte afán de movilización
en pro de la amnistía. Los últimos días del mes de marzo, Valladolid había sido
escenario de una importante manifestación en demanda de tal concesión. La
convocatoria tuvo su origen en las organizaciones obreras encabezando la misma
los líderes socialistas Cabello y García Quintana.
No pasa desapercibido el
ingente espacio que la prensa local dedicó al proceso electoral, tanto a la
campaña como a la propia jornada electoral y a los resultados. El cómputo final
de los mismos y el triunfo de la conjunción republicano-socialista vino a
corroborar el peso que la misma tenía en Valladolid y, especialmente, el
partido socialista.
En los primeros días de
abril, cada formación política estaba convencida de su propio triunfo. El
plebiscito era extraordinariamente atractivo, dado el tiempo transcurrido desde
la última citación a las urnas. DIARIO REGIONAL, editado con censura
eclesiástica, desconfiaba del proceder de los futuros ediles y parecía recoger
un sentimiento de rutina y conformismo: "Van a
repetirse los mismos procedimientos que se empleaban antes del advenimiento de la Dictadura: las visitas
domiciliarias, el convite en abundancia, (…) y, pasadas las elecciones,
derrotados o con el acta de concejal en el cabildo, no volverá a vérseles por
el distrito hasta otras".
El diario católico ponía
en duda la celebración de los comicios, aunque "...nos
alegraría que se celebraran...". No muy
alejadas de ese mismo sentir se
encontraban algunas opiniones vertidas en el diario El Norte de
Castilla. El fin último de las elecciones era solventar la provisionalidad en
que estaban los Consistorios y la campaña electoral hizo que amainaran los
conflictos acaecidos en el mes de marzo.
La candidatura
monárquica de Valladolid presentó en la prensa local el manifiesto de la
coalición el día 5 de abril e hizo hincapié en la trascendencia que suponían
los comicios por lo que "sería suicida permanecer
indiferentes", a la vez que intentaban
mostrar al electorado que representaban "la
normalidad frente al desasosiego y perturbación" que aplicaban a la conjunción republicano-socialista. Pero también
estaba presente para muchos monárquicos el recuerdo de los sucesos de
diciembre, por lo que desde la formación del Centro Constitucional se criticó
duramente la falta de organización y la desidia de los sectores más
conservadores. No fueron menos duros los ataques verbales que se dirigieron
contra las izquierdas: "¡Ahí es nada! ¡Socialistas
y comunistas haciéndonos el presente de una República burguesa! ¡Profesionales
de la algarada y del desorden regalándonos una República ordenadamente
conservadora! ".
La candidatura
republicano-socialista presentó la campaña como una etapa hacia el
derrocamiento del régimen y así lo recogió El Norte de Castilla. Valladolid no
vivió incidente alguno. Este mismo diario coincidió con el Gobierno civil en la
cifra global de candidatos antidinásticos de la provincia y capital, pero no
así en la de los monárquicos que fueron siete menos de los que anunció; sin embargo,
el Anuario Estadístico de España de 1931 rectifica al Gobierno civil al
reflejar veintitrés candidatos más. También aparecieron en la prensa
vallisoletana las candidaturas de algunos de los pueblos: Medina del Campo,
Nava del Rey, Olmedo, Medina de Rioseco, Tordesillas, Peñafiel, Villalón,...
Desde el Gobierno civil
se garantizó la intolerancia de coacciones y se adoptaron las medidas precisas
para que, en la jornada electoral, fuera completo el orden y la transparencia
del sufragio. Igualmente se había insistido en la represión enérgica de
cualquier intento de desorden. Con tales cauciones el orden fue completo, como
lo fue en el resto del país "...salvo algunos pequeños
choques que no revistieron importancia" según constató el Ministerio de Gobernación.
El Norte de Castilla del
14 de abril, refiriéndose a la jornada electoral del día 12, destacó en
titulares que el país había pasado por "una
jornada histórica", a la vez que se hizo eco de
una nota de don Santiago Alba en la que se incidía en la necesidad de procurar
la paz en España; nota que el día 8 de abril había sido publicada por La Libertad.
En Valladolid el triunfo
republicano-socialista era una realidad. La falta de fortuna de la coalición
monárquica fue achacada a la mayor y mejor organización de las fuerzas de la
izquierda. En esta capital no fue precisa la proclamación directa de candidatos
en virtud del artículo veintinueve de la ley electoral de agosto de 1907,
aunque sí se dieron muchos casos en la provincia ya que el artículo aludido
eximía de someterse a votación cuando eran proclamados tantos candidatos como
los que debían ser elegidos.
Conocidos los datos
resultantes, el día 14 fue izada la enseña republicana en la Casa Consistorial
y en el edifico de Correos y Telégrafos. Bien avanzada la tarde hubo una
manifestación popular encabezada por dirigentes republicanos y socialistas y,
llegada la misma a la plaza mayor, fue proclamada la República en Valladolid
en nombre del Gobierno provisional. El entusiasmo en la capital, dirá la prensa,
no fue inferior al de otros lugares del país; si bien no faltó la nota de
intranquilidad ante la noticia posterior de que iba a ser declarada la Ley Marcial.
Desasosiego que se plasmó en una nueva manifestación, completamente pacífica,
que acabó frente a Capitanía General, donde fueron proferidos 'vivas' a la República y al ejército.
Confirmada la tranquilidad, la concentración popular se disolvió con total
orden.
El día 15, declarado
fiesta nacional, Valladolid fue una ciudad tranquila y apacible. En esta misma
fecha DIARIO REGIONAL ofrecía a sus lectores, en primera página, su punto de
vista sobre los acontecimientos de los momentos pasados: "Hasta el domingo creíamos que, aun siendo manifiestamente
poderosa la corriente de opinión republicana, todavía estaba junto a la Monarquía la mayor parte
de la nación. El domingo se desmoronó esa creencia nuestra (...). En dos días,
la nación ha subrayado, significativamente, su complacencia con el veredicto
dado en las urnas (...). Ya no hay dudas sobre la explícita y abrumadora
derrota de la Monarquía".
Y si el
día antes la transmisión de poderes se había efectuado de forma pacífica,
quedando constituido el nuevo Gobierno bajo la presidencia de Alcalá Zamora, no
tardó la máxima autoridad provincial (Alfredo Queipo de Llano) en ser
sustituido por el nuevo gobernador (José Guardiola Ortiz) que, siguiendo las
instrucciones del Ministro de la
Gobernación, procedió a la constitución de todos los
Ayuntamientos de la provincia conforme a los resultados del día 12 de abril,
cumpliendo con la Ley
Municipal de 1877.
Jesús Salamanca Alonso