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Los Tartufos de nuestro tiempo. Réplica a Luis Folgado de Torres


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06/07/2019


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Tartufo es un personaje de la obra de teatro homónima de Molière. Es un hipócrita de oro, un rufián, un falso, un engañador que se vale de las buenas palabras para seducir y aprovecharse de los ingenuos. Es quizá el icono ficticio de los moralizadores que esconden su alma mezquina e interesada haciéndose pasar por devotos seguidores de altos ideales y fines nobles.


El Tartufo retrata un tipo de personajes de cualquier época. Nuestro tiempo también posee de este tipo de caracteres en abundancia. La moral ha cambiado con los tiempos, pero la pequeñez mezquina de los individuos que se siguen valiendo de discursos morales o de valores o ideales elevados para ocultar sus miserias o para obtener ventajas personales es la misma de siempre. No hace falta más que examinar los discursos y acciones de la mayoría de nuestros políticos, de esos que dicen desvivirse por España, por el pueblo, por los valores democráticos, por los obreros, por las mujeres y los niños etc. cuando mayormente por lo que más se preocupan es por medrar en su carrera, y algunos hasta por comprarse un casoplón en Galapagar después de haber estado predicando contra la inmoralidad de la casta. No sólo en España, donde la picaresca ya nos viene de rancia tradición, sino en cualquier nación democrática actual vemos cómo la demagogia de los charlatanes se abre paso en sus luchas por el poder. Como cuando se nos dice que hay que invadir Irak o Libia por razones humanitarias, por liberar del yugo de los tiranos al pueblo oprimido, y luego vemos que los tiburones que se instalan en el país son peores y traen peores catástrofes que las existentes previamente a la invasión, y se apropian de los bienes y de los recursos del lugar. Y es que, con contadas excepciones, la política va de eso, de hacerse con el poder, de dominar, no de luchar por defender unos valores morales. Maquiavelo sabía mucho de ello, y muchos de los más brillantes representantes de la política actual seguro que se han leído y tomado buena nota de su El príncipe, aunque lo disimulan bien.

El tartufeo de los políticos es palpable en materia de igualdad de género. Al igual que en el tema de las pensiones, no es el bien general de la sociedad lo que anima sus políticas, sino el afianzarse una buena parte del llamado “voto cautivo”, procedente de sectores de la población muy numerosos que sólo votan a quien les ofrece ventajas. Utilizan un discurso moral rasgándose las vestiduras sobre el machismo preponderante en nuestra sociedad para lucrarse de unos codiciados votos: tanto la izquierda como la derechita cobarde han visto un gran negocio en estar poniendo leña al fuego con sus discursos que enfrentan hombres y mujeres para luego ofrecerse ellos como soluciones, tal cual pirómanos bomberos. En países como el nuestro, donde el censo de votantes femeninos es de un millón de individuos más que el de los hombres y además tienen menos abstención, y donde la mayoría de estos votantes femeninos son muy sensibles a cualquier discurso que prometa una protección y privilegios extraordinarios a las mujeres más allá de la igualdad, en estos, como digo, el rico botín de votos cautivos son la mayoría de las mujeres, más un porcentaje muy significativo de hombres neocalzonazos que son capaces de humillarse a sí mismos y humillar a todo el género masculino tirando piedras contra su propio tejado al tiempo que reclaman más ventajas para la mujer y dicen que el futuro será femenino.

Quitando la obviedad de que la política no es en general algo propio de almas limpias, hay también entre la población general mucho personaje que vive de descargar sus frustraciones y sus miserias señalando a otros. Se los encuentra uno todos los días entre periodistas moralizantes o simples escritores aficionados en sus redes sociales, de esos que ponen el grito en el cielo y se escandalizan y señalan con el dedo a otros congéneres cuando observan alguna paja en el ojo ajeno. Nuestros tiempos además ofrecen discursos prefabricados condensados en palabras que sirven para crucificar a quien se increpa con un mínimo de recursos literarios, de modo que tampoco hace falta tener gran labia o talento literario para acometer la retórica moralizante de nuestro tiempo. Basta por ejemplo con señalar con el dedo a alguien y pronunciar las palabras mágicas “machista”, “misógino”, “fascista”, “ultraderecha”, “xenófobo”, “homofóbico” u otras semejantes y ya se hace quien las pronuncia con el estatus de persona valedora de altos valores humanos, sobre todo si el individuo en cuestión es afín a ideologías progres de izquierda, con ese aire de superioridad moral que suelen tener. No todos estos individuos son Tartufos porque no siempre utilizan sus discursos para beneficio propio, pero sí es de notar que no están entre ellos los individuos más dignos. Los hombres íntegros no se entretienen criticando a individuos, o bien hablan de ideas en general o bien callan, pero no se dedican a despotricar acerca de individuos particulares, salvo, claro, que sea para replicar a quien ha increpado primero.

Quisiera ilustrar la cuestión con un ejemplo de la vida real que creo que puede clasificarse como “Tartufo de libro”. Es además el caso que este personaje ha hecho público un texto que ataca mi persona y que no ha tenido respuesta hasta el momento. Por alusiones, no está demás aclarar qué pienso de tales afrentas. El elemento en cuestión se llama Luis Folgado de Torres y es el actual editor y administrador único de Ediciones Áltera.

El estilo poco elegante de Luis Folgado puede palparse en otro texto que ha hecho público donde señala con el dedo a modo reprobatorio al antiguo editor y dueño de Ediciones Áltera antes de 2017, Javier Ruiz Portella, escritor, editor iconoclasta y promotor de iniciativas destinadas a sacudir nuestro letargo existencial, actual editor de elmanifiesto.com, y el hombre que mantuvo la editorial durante varias décadas como estandarte de la incorrección política con un reconocido prestigio entre libreros. Ediciones Áltera es hoy mucho menos de lo que fue, muchos libreros que he consultado se acuerdan de la editorial de hace unos años y piensan que ésta ha desaparecido en la actualidad; tal es la pésima labor del actual gerente de la misma. Ciertamente, Portella ha cometido errores en sus labores editoriales, su espíritu quijotesco a veces o sanchopancesco otras veces ha tenido algunos aciertos y algunas meteduras de pata notables, pero no cabe duda de que él es el alma máter de los tiempos gloriosos de Ediciones Áltera, y parece algo torpe por parte del administrador de la actual Ediciones Áltera volcarse a vilipendiar y desligar la editorial de quien fue su mayor artífice.

Volviendo al caso que me atañe, Luis Folgado proclama en 2018 que retira de Ediciones Áltera mi obra Voluntad. La fuerza heroica que arrastra la vida, que para su sorpresa contiene pasajes machistas y que en la nueva etapa de Ediciones Áltera que él lidera no puede consentir que tal ocurra, en nombre de una acción moral amparada en la corrección política de nuestros tiempos. Sobre el machismo o misoginia de mi libro no voy a discutir aquí; ya lo he hecho en otros escritos. Básicamente, decir que: 1) en ningún sitio se habla de la inferioridad o superioridad de la mujer frente al hombre, sino de distintas facetas de ambos; 2) que muchas de las citas del libro que circulan por ahí están sacadas de contexto y que hay que leerse el capítulo 5 completo o al menos algunos párrafos completos en vez de líneas sueltas separadas de las aclaraciones posteriores; 3) que yo soy libre de expresar las ideas y observaciones que me parezcan pertinentes (dentro de la legalidad vigente) y no necesita esta sociedad de guardianes morales que vigilen por el pensamiento políticamente correcto, y mucho menos de censores. El quid de la cuestión no está sin embargo en el tema del machismo, sino en lo que Luis Folgado no cuenta y que es la verdadera motivación para publicar su agresiva diatriba contra uno  de sus (ex-)autores. Realmente, el machismo o no de las palabras de libro es sólo una máscara, una cortina de humo para ocultar otros hechos. Tal es lo que nuestros politicastros están enseñando a la población.

Voluntad. La fuerza heroica que arrastra la vida fue publicada en octubre de 2015 por Ediciones Áltera. El editor con el que se negoció tal publicación fue el mismo Luis Folgado, que por entonces estaba empleado en la empresa que regía Javier Ruiz Portella, con lo cual conocía perfectamente sus contenidos mucho antes de lo que él manifiesta. Las cláusulas del contrato contenían unas estrictas condiciones de impresión, distribución, difusión, limitación del precio de venta al público y envío de una elevada cantidad de copias al autor en tanto que coedición. Posteriormente, al no cumplirse íntegramente tales condiciones, la editorial tendría que devolver la mayor parte del importe aportado por el autor.

Estuvo la obra en distribución hasta abril de 2017, fecha en la que Ediciones Áltera, que pertenecía hasta entonces a la mercantil “Difusión de Revistas y Libros, S. L.” regentada por Javier Ruiz Portella, fue vendida íntegramente con todas sus obras a una nueva empresa, “Comunicación y Publicaciones Caudal, S. L.”, regentada por Luis Folgado de Torres. Con la venta de la editorial, Luis Folgado se comprometía contractualmente a mantener la distribución de los libros en las colecciones de la editorial. En el caso particular de mi libro, Luis Folgado firmó además en julio de 2017 una novación de contrato de edición por la que reiteraba que mantenía la distribución del mismo. Sin embargo, en el transcurso de la venta de la editorial Luis dio la orden a la distribuidora de destruir todos los ejemplares del libro que no habían sido vendidos sin dar aviso de tal al autor, incumpliendo flagrantemente los contratos. Probablemente, pensaría que la obra no tendría mucho más recorrido en ventas, y así pues se ahorraría unos gastos de transporte y almacenaje a una nueva distribuidora, pues se destruyeron varios cientos de copias y cada ejemplar tiene más de mil páginas y un peso de alrededor de un kilogramo y medio.

En julio de 2017, ciertos canales de redes sociales y algunos medios de comunicación se incendiaron con la polémica suscitada con uno de los capítulos de la obra (cap. 5). Grupos feministas pusieron el grito en el cielo, algo a lo que ya nos tiene acostumbrado este sensible colectivo. De esta polémica estaba perfectamente informado y puesto al tanto Luis Folgado, quien no le dio importancia e indicó su disponibilidad para mantenerse firme contra esta lacra de las feministas y sus “ña-ña ña-ña”. Se agotaron los pocos libros que quedaban disponibles en librerías y se descubrió que habían sido destruidas todas las copias impresas que quedaban por venderse, algo con lo que quizá la editorial no contaba. Se solicitó la reimpresión de los libros destruidos y la reanudación de la distribución, siendo la solicitud ignorada. Luis Folgado intentó por un tiempo cargar la culpa sobre el antiguo editor, Javier Ruiz Portella, de haber destruido las copias existentes. Hasta que en febrero de 2018 se descubre, por unos intercambios de e-mails de los que tuve constancia, que quien había dado la orden de destruir los libros fue Luis Folgado. Entonces, éste, acorralado por sus mentiras y sin querer hacerse responsable de las reclamaciones correspondientes, publica en la página web de su editorial esa nota anunciando que la Editorial Áltera retira el libro por ser machista, pidiendo perdón a los lectores por no haberse dado cuenta antes y bla, bla, bla. Todo teatro, Folgado sabía perfectamente de estos contenidos desde la aparición del libro en 2015 por ser él quien lo editó y negoció su publicación, y su propósito con esta exhortación moral no es otro que el escurrir el bulto de sus obligaciones.

La obra será próximamente republicada por la editorial EAS en formato de tres volúmenes separados, con todo el soporte económico y el apoyo moral de un editor que cree valientemente en el pensamiento insumiso. Está además en proceso judicial la demanda a Luis Folgado por incumplimiento de contrato. Probablemente, el tartufo esté intentando refugiarse detrás de las feministas para no asumir sus faltas, probablemente sueñe con que algunos feministas y feministos acudan al juicio con pancartas para apoyar a su héroe exigiendo la retirada de cargos contra el delincuente. Esto sin embargo resulta inaceptable en un Estado de derecho. Un contrato es un contrato y hay que cumplirlo o asumir las penalizaciones correspondientes por no cumplirlo; de lo contrario, si cada uno hace lo que quiera y cualquier contrato puede cumplirse o no a antojo de los que lo firman como si fuera papel mojado, se acabaría la sociedad civil.





P.D.: En fecha 17-10-2019, se celebró la audiencia previa al juicio por la demanda judicial a Ediciones Áltera: en ella, las partes acordaron que "Comunicación y Publicaciones Caudal", regentada por Luis Folgado, pagase a Martín López Corredoira una cantidad convenida en concepto de incumplimiento de contrato para no tener que ir a juicio. Moraleja: el que la hace la paga y no sale gratis saltarse la ley.









Etiquetas:   Libros   ·   Filosofía   ·   Cultura   ·   Feminismo   ·   Moralidad

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