. A veces llegué a preguntarme hace tiempo si
habría vida después de la LOGSE socialista. Y sí, no solo hay vida, sino que
invita a la risa, pero también al
desconcierto.
Desde el curso pasado, el alumnado titula
en la educación secundaria con tres materias suspensas en septiembre, aunque no
con cualquier materia. Y eso se llama estupidez, racanería y barbaridad.
No tiene ningún sentido que un alumno o
alumna titule si no tiene aprobadas todas las materias que componen el
curriculum de secundaria. Pero, ya saben, el socialismo ha traído permisividad
al mundo de la docencia, racanería, comodidad y ausencia de criterio ético. Y
todo ello con un agravante: las comunidades del PP tampoco hacen nada útil para
salir de la red en la que están atrapadas.
Esas insensateces se han extendido también
al bachillerato. En un principio se anunció a bombo y platillo que con cuatro
suspensos en primero de bachillerato se podía matricular el alumnado
exclusivamente en esas y en dos o tres materias de segundo. Según la entonces
ministra era preciso hacer más atractiva esa etapa. Y la mejor forma de hacerla
atractiva era mediante la flexibilidad.
Eso que pretendía el PSOE era “una mala
solución”, como apuntó en su día el portavoz del PP, Eugenio Nasarre. No hay
duda que rebajaba el nivel de exigencia. La ex ministra, Mercedes Cabrera,
recibió toda una avalancha de críticas; pero se echó la manta a la cabeza y
decidió avanzar por un camino sucio y polvoriento.
En el año 2007, la Comisión Europea estaba
muy preocupada por la situación de los datos que ofrecía el sistema educativo
español. No hace falta decir que hoy sigue preocupada. “Tenemos que cumplir los
objetivos de Lisboa - decía por entonces,
Cabrera - respecto a la
continuidad de los jóvenes en el sistema
más allá de la etapa obligatoria”.
Antes o después había que poner freno a las
insensateces. Ni siquiera la Administración educativa ha respetado su propia
ley. Por eso dijo el Tribunal Supremo que no se podía cursar materias de
segundo de bachillerato con tres o más suspensas.
La FERE dio al Ministerio de Educación una
‘bofetada’ en toda la jeta; parte de la
regulación de las enseñanzas mínimas de
bachillerato, reguladas por decreto, se le vuelvieron a atrancar al Ministerio
de Educación.
El propio desarrollo de la normativa del
bachillerato era contrario a la ley orgánica que regula el sistema educativo
(LOE). Estábamos ante una clara contradicción. Y el Tribunal no podía pasar por
alto el atropello ministerial.
El problema de todo ese tratamiento es que
generó un importante contratiempo a las comunidades autónomas que se vieron
obligadas a reaccionar deprisa y corriendo.
“Tal regulación reglamentaria carece de cobertura legal y altera por
completo el régimen regulador de la LOE“, explicó el Tribunal supremo.
“La Administración no ha respetado la Ley,
en este caso la LOE, como norma de rango superior a la que se encuentra
sometida…”. El profesorado calificó, en su día, de auténtica estupidez la
medida y posteriormente la CONCAPA manifestó manifestado que era una “auténtica
barbaridad”.
Frente a la irracionalidad ministerial, el
profesorado defiende una enseñanza de calidad. Hoy nadie tiene duda respecto a
que el profesorado es el pilar más firme y de garantía de todo el Ministerio de
Educación y de las Consejerías de Educación de las comunidades autónomas.
Por cierto, un profesorado que cada vez se
está hartando más de que retoquen a peor
el sistema educativo español. Algunas comunidades autónomas han convertido ese
sistema en aberración y su porcentaje de abandono escolar sobrepasa el 35%, que
es un atropello en toda regla.
Hay comunidades que deberían devolver las
competencias educativas al Ministerio de Educación, aunque visto lo visto no sé
qué es peor. Lo que sí es cierto es que la Administración socialista se ha
visto obligada a rectificar en silencio y con desprecio a la ciudadanía.
Cada vez que al Gobierno de Rodríguez se le
ocurre algo, suele presentarlo como novedoso. No es capaz de controlar las
pocas ideas que fluyen de sus miembros y ‘miembras’. “Las ideas no duran mucho.
Hay que hacer algo con ellas”, decía Ramón y Cajal.
Jesús Salamanca
Alonso