Por eso no creo en los milagros

Hace un año, para ser exactos la noche del primero de julio, cuando salió José Antonio Meade ante los medios, derrotado a reconocer el triunfo de López Obrador en las elecciones a la presidencia de la República, a pesar de que mi cabeza giraba a mil por hora y el miedo me invadía, guardaba la esperanza (ya voy a desterrar de mi vocabulario esa palabra que nos ha llevado a todo menos a eso), que todo se trataba de una pesadilla; de una lamentable equivocación en el conteo rápido, pero no fue así, por eso ¡no creo en los milagros!


. Un año después confirmo que no me equivoqué, es lo peor que pudo sucederle a México; lo que a otros les llevó décadas hacer, él lo ha logrado en tiempo récord.

En todos los gobiernos hay aciertos y desaciertos, pero en este primer semestre del morenista son error tras error; cada burrada que sale de su boca y ejecuta supera a la del día anterior; sin embargo, lo más increíble es que sigue habiendo gente que le aplaude y hace maroma y media para justificar sus barrabasadas.

Curiosamente esos 30 millones que votaron por López Obrador lo hicieron porque éste les prometió acabar con la corrupción y la inseguridad, además de alcanzar un desarrollo económico jamás visto en la historia.

Ha pasado medio año y la inseguridad está peor que nunca, claro, faltaba echar a volar la Guardia Nacional que arrancó el domingo pasado y obvio, como por arte de magia, tal y como lo dijo el tabasqueño,  los delincuentes decidieron dejar de delinquir porque sintieron unas ñañaras cañonas por la presencia de la nueva policía, que la neta es la misma burra revolcada sólo que con otro nombre.

Ni hablar de la corrupción y mucho menos del desarrollo económico, ese dejó de existir en el momento en que se supo de su triunfo.

Las políticas emprendidas por la actual administración, no van dirigidas o encaminadas a un mejor desarrollo económico y mucho menos a superar la pobreza. Ha sido todo lo contrario, ya que la incertidumbre económica que se ha generado, deriva de algunas medidas de esta administración, así como de lo impredecible de su política económica.

Por si fuera poco, los programas sociales de López Obrador no apuntan a que los pobres pasen a ser parte de la clase media, sino a desaparecer ésta última. Y les tengo una noticia, seguirán siendo pobres y no sólo económicamente hablando, también en educación y cultura, porque por lo visto este gobierno le apuesta a la ignorancia.

Comenzaré a creer en los milagros si México sobrevive a estos seis aterradores años de gestión de López Obrador.

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