. Sucedió un día antes de que López Obrador diera a
conocer sus cifras alegres, mentirosas y engaña bobos, provenientes de la
Secretaría de los Otros Datos, según él para celebrar su triunfo en las urnas
el año pasado, cuando en realidad México está de luto.
Como era de esperarse y suponerse
los simpatizantes en afortunada extinción del tabasqueño tratan a toda costa de
minimizar el movimiento convocado por Nosotros Somos Chalecos México, de la
misma manera que lo hacen ante el incremento de los índices de inseguridad; la
falta de empleo, ¡claro! para los mexicanos porque a los inmigrantes se les garantizan
40 mil puestos en las maquiladoras.
Escasez de medicamentos;
servicios médicos de cuarta que hacen honor a su transformación; el aterrador endeudamiento que será cubierto cuando
se venda el avión presidencial (bueno de ahí saldrá para pagar todo, por
supuesto, si algún día aparece el estúpido que lo compre y que será
insuficiente), además un mercado tambaleante y sin inversión.
Aunado a eso, López Obrador lleva
hasta sus últimas consecuencias su manera de actuar, siempre por encima de la
ley.
Gracias a sus mensajes de odio y
encono ha logrado dividir a la población en dos bandos conocidos por todos,
pero más allá de ello, estás conmigo o en mi contra. Sinceramente, me encuentro
en el segundo bando y no me da pena reconocerlo, me avergonzaría más creer que
lo mejor que le pudo suceder a México es alguien como él y su gabinete de
quinta.
No han sido seis meses de
desarrollo, de inversiones, de certidumbre, de seguridad, de bienestar para su
gente, por el contrario, ha sido un semestre en el que todos los días se supera
la anterior barrabasada; las ocurrencias gubernamentales son para no creerse y
las políticas públicas sólo tienen una finalidad, clientelismo político que le
garanticen seguir controlando la mayoría tanto en la Cámara de Diputados como
en la de Senadores.
Hacer un recuento de todas sus
malas decisiones ya es de hueva porque continúa marcando agenda, además de que
son por todos conocidas aunque no reconocidas por quienes aún continúan
aplaudiendo sus tonterías.
Efectivamente, hace un año 30
millones de ilusos, me cuesta trabajo creer que estaban convencidos de que era
la única opción que teníamos, tacharon en una boleta los destinos de 90
millones más de mexicanos.
No, no tenemos nada que celebrar,
vivimos en la constante zozobra, en los ataques, con miedo todos los días de lo
que se le ocurrirá al tabasqueño.
Antes de que ganará la elección,
siempre dije que muy a mi pesar, si llegaba a ser presidente (sí, así con minúsculas), lo
respetaría como lo había hecho con los anteriores. Hoy, ofrezco una disculpa,
porque no pienso cumplirlo, las mentadas como el respeto se ganan y él sólo me
inspira lo primero.
No hay nada que celebrar, dejen
de hacerse chaquetas mentales.
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