Es el estadio uno, la primera fase, el nivel más bajo. Suele llevar consigo una mezcla de miedo a lo desconocido, expectación y ganas de hacer no se sabe muy bien el qué. Llegan a las redacciones en verano, se cruzan a la puerta de los medios de comunicación con quienes abandonan su puesto en busca de unas vacaciones que pongan tierra de por medio con el día a día y el agobio de la actualidad (aviso: no hay distancia suficiente). Son los becarios, seres anodinos con los que lidiar, y a los que enseñar una profesión que ni siquiera los que más tiempo llevan en ella saben dominar a la perfección.



