Es irónico ver a los habitantes de Finlandia, Suiza, Japón, Irlanda, Macao, Noruega, Chile entre otros países que poseen limitadas riquezas naturales, disfrutando una vida cómoda y esperanza futura, gracias a una educación de calidad, en contraste con los desesperados habitantes de una empobrecida Venezuela, injustamente colmada de riquezas naturales, dilapidada por un pueblo encandilado por la buena vida y despilfarro, desde el ciudadano más sencillo hasta el mismo populista presidente.




