. Se trataba de un deporte minoritario y que no contaba con
la legión de seguidores y practicantes que se contabiliza a día de hoy. Se
trataba de un deporte a la sombra de otras disciplinas de mayor renombre como es
el caso del tenis. Variantes como el frontón, o el ping pong o el squash,
parecían incluso estar más asentadas.
Pero desde hace unos años el pádel se ha convertido en toda
una moda, más allá de su única práctica como actividad deportiva. Son muchos
los que cada vez deciden apuntarse o probar suerte con la pala. Y es que una de
las ventajas principales de este deporte es que no hace falta tener una
experiencia previa para empezar a practicarlo.
Si es cierto que toda aquella persona ducha, o hábil con una
raqueta o pala que haya tenido alguna experiencia similar seguro se
desenvolverá con mayor agilidad sobre la pista. Pero lo cierto es que incluso a
las personas que nunca han jugado al tenis se les puede dar bien este deporte.
Por qué tiene tanto
público
El pádel y los clubs
de pádel han ido favoreciendo esta tendencia. Primero por su
profesionalización, y luego por su democratización para pasar de convertirse en
un deporte ‘elitista’, o asociado con gente adinerada, a ser un deporte plural
y abierto a cualquier persona evitando así clasismos y estereotipos.
¿Y por qué ha conseguido situarse en una situación tan
privilegiada? Principalmente porque es un deporte de los más completos que
existen. Es un deporte en el que el cuerpo está en continuo movimiento, y
además se afianza el gen competitivo. Donde se aúna tanto el poderío físico
como la técnica y la calidad.
Además, normalmente se juega en equipos (de dos), y esto
favorece el compañerismos, sobre todo si no se tratan de competiciones
profesionales y sí de partidos para practicar.