Es difícil construir una idea fuerza que resulte convocante, transversal, que motive, sacuda y llame a una acción colectiva masiva y aglutinante. Los mensajes en la sociedad mediática se difuminan rápidamente, como chispazos o bengalas fugaces. Y no ha sido por una acción racional premeditada, sino a través de un exabrupto emocional de una persona ególatra que se siente centro del mundo, que brotó, en forma espontánea, casi mágica, esta frase para el bronce que ha de calar hondo en el inconsciente nacional: “cualquier patipelao se siente con el derecho a criticar a los servidores públicos”.




