.
Afortunadamente, gracias a una mayor y
mejor comprensión del conocimiento orientado hacia el origen y causas de los
desastres, en suma, de los riesgos al que están expuestas las poblaciones, empezó
a ganar terreno el concepto de la reducción del riesgo de desastres,
constituyéndose en un modelo de gestión mucho más eficiente y efectivo, al
enfocarse en el conocimiento fundamentado, buscando prevenir o reducir sus
efectos antes de que ocurran. Esta corriente virtuosa, a pesar de no ser
“visible” como lo es la actuación necesaria y oportuna ante la ocurrencia de un
desastre, normalmente considerada “más provechosa” para obtener réditos
políticos y de posicionamiento, fue ganando adeptos poco a poco, al encontrar en
la reducción de riesgos la manera sensata de tratar de evitar los desastres o
minimizar sus posibles consecuencias, ya que como sabemos, siempre ocurrirán.
Con el transcurrir del tiempo y como consecuencia del cambio de
paradigma, se establece la red mundial para la reducción del riesgo (GNDR) cuyo
fundadores estuvieron presentes en la
«Conferencia Mundial sobre la Reducción de Desastres» de las Naciones Unidas,
en Kobe (Japón) en enero del 2005; en la que se estableció un plan de diez años
para la acción en materia de Reducción del Riesgo de Desastres –el denominado «Marco
de Acción de Hyogo» 2005-2015, cuya aplicación significó un impulso a nivel
global sobre la reducción de riesgo de desastres, para luego de su vencimiento
temporal, recoger experiencias y
requerimientos que permitieron aplicar ajustes
y cambios en el enfoque, para dar un siguiente paso a través de la
formalización del instrumento sucesor, el denominado Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo
de Desastres 2015-2030, que se adoptó en la tercera Conferencia Mundial de las
Naciones Unidas celebrada en Sendai (Japón) el 18 de marzo de 2015, garantizando
así la continuidad del trabajo hecho por los Estados y otras partes interesadas
en relación con el Marco de Acción de Hyogo, incorporando una serie de
innovaciones, siendo las más importantes el marcado énfasis puesto en la
gestión del riesgo de desastres en lugar de en la gestión de desastres, la
definición de siete objetivos mundiales, con uno centrado en evitar que se
produzcan nuevos riesgos, la reducción del riesgo existente y reforzar la
resiliencia, así como un conjunto de principios rectores, incluida la
responsabilidad primordial de los Estados y la participación de toda la
sociedad y todas las instituciones del Estado en alcanzar los objetivos
propuestos.
Además, el alcance de la reducción del riesgo de desastres se ha
ampliado considerablemente para centrarse tanto en las amenazas naturales como
de origen antrópico, así como en las amenazas y los riesgos ambientales,
tecnológicos y biológicos conexos y que es el esquema sobre el cual se vienen
desarrollando las últimas Plataformas Globales, sin dejar de mencionar, la
importancia y coherencia que debe existir entre la Plataforma Global para la
Reducción de Riesgos con la denominada Agenda 2030 que constituye el plan
global para la erradicación de la pobreza, la lucha contra el cambio climático
y la reducción de las desigualdades más ambicioso alguna vez adoptado por la
comunidad internacional, que consta de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible
(ODS) y 169 metas asociadas a ellos, aprobados por la Comunidad Internacional
que dan cuenta del alcance y la ambición de este plan universal. Asimismo con el
denominado Acuerdo de París enmarcado en la Convención
Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que establece medidas para la reducción de las
emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del Calentamiento
Global, su aplicabilidad sería para el año 2020, cuando finaliza la vigencia
del Protocolo de Kioto.
Los gobiernos del mundo,
impulsados y motivados por los Organismos Internacionales como la ONU, han ido tomado conciencia de que hay que
hacer mucho con respecto al cambio climático, no solo desde el punto de vista de
tratar de frenar ciertos índices, sino desde la gestión de los riesgos de
desastres, reduciendo éstos, como la única forma practica y efectiva de
construir sociedades más seguras y resilientes y como una forma razonable de
invertir mejor, es decir hacer esfuerzos en la reducción de los riesgos, para
evitar después gastar ingentes cantidades de dinero en la atención de las
emergencias y desastres derivados.
La Plataforma Global para la Reducción del Riesgo de Desastres
(Plataforma Global ), reconocida e impulsada por la Asamblea General de
las Naciones Unidas, es el foro principal a nivel mundial para el asesoramiento
estratégico, la coordinación, el desarrollo de asociaciones y la revisión de
los avances en la implementación de instrumentos internacionales sobre la
reducción del riesgo de desastres. Se estableció en 2006 y ahora es la
principal reunión mundial de partes interesadas comprometidas con la reducción del riesgo de desastres y la
construcción de la
resiliencia de las comunidades y naciones, incluyendo delegaciones de países,
ONG, empresa privada, organismos públicos y privados, Lideres Comunitarios y un
largo etc., ya que de lo que se trata es de compartir los avances, orientaciones , preocupaciones
entre otros aspectos de interés,
con todos aquellos que de una u
otra manera participan en la estrategia de reducción de riesgos de desastres y
por ello, para asistir y participar, no
se exigen mayores requisitos, siendo el principal, el interés y obviamente
solventar los gastos que demanda asistir a Ginebra durante casi una semana,
existiendo siempre la posibilidad de participar
virtualmente.
Esta reunión se lleva a cabo cada 2 años, caracterizándose por
haber incorporado formatos que facilitan el diálogo y el intercambio entre
todas las partes interesadas, tanto gubernamentales como no gubernamentales.
Cuenta, por ejemplo, con los diálogos de alto nivel que reúne a altos
funcionarios gubernamentales, incluyendo jefes de estado y de gobierno,
ministros, alcaldes, parlamentarios y líderes del sector privado, la ciencia y
la sociedad civil. Asimismo, con mesas redondas ministeriales, para tratar
temas de interés común con participantes de alto nivel, sesiones y mesas de
trabajo sobre temas específicos, y una serie de eventos laterales, como
laboratorios de aprendizaje, reuniones de organismos afines o que guardan
relación con la temática de la Plataforma Global, sin dejar de mencionar la
posibilidad de tomar contacto con otros participantes tanto a nivel individual como a
través de reuniones bilaterales con otros países u organismos de interés.
Este año, tuve la suerte de asistir, juntamente con otros 4000 interesados,
al desarrollo de la VI Plataforma Global, cuya temática de referencia fue «Dividendo
de la resiliencia: hacia sociedades sostenibles inclusivas», haciéndose hincapié en la forma en que la gestión del
riesgo de desastres y las inversiones para el desarrollo basadas en el riesgo
producen dividendos en múltiples sectores y zonas geográficas, a todas las
escalas y en todos los entornos sociales, económicos, financieros y
ambientales.
El «dividendo de la resiliencia», entendido este concepto como la capacidad de
la sociedad de recuperarse rápidamente después de la adversidad que conlleva un
desastre, se debe interpretar en un sentido más amplio, pues va más allá de un
beneficio económico. Contribuye a reducir el riesgo de desastres, a fomentar el
desarrollo y a generar múltiples beneficios sociales, ambientales y económicos
a largo plazo.
Lo que pude apreciar como asistente, es
la excelente organización del evento, desde la etapa previa a su inicio a
través de las facilidades que brinda la internet para inscribirse como
asistente y obtener información sobre el programa general y especifico de
desarrollo del evento, incluidas las consideraciones detalladas para participar
en cada una de las actividades, especialmente aquellas reservadas para las delegaciones oficiales de
los estados u organismos, elaborando la agenda propia de cada participante, así como tomando conocimiento de
los temas a ser tratados a través de resúmenes ejecutivos en diversos idiomas,
sobre aspectos logísticos y
administrativos, no solo de la Plataforma, sino también de la localidad de
Ginebra, especialmente valiosos para quienes asisten por primera vez.
La realización de la Plataforma Global
en sí, más allá de las formalidades del acto de inauguración y clausura, se
caracterizó por la realización en simultáneo de diferentes foros y eventos
laterales sobre importantes temas, que daban cabida al interés del gran número
de participantes.
La pregunta que uno podría hacerse es
si estos considerables esfuerzos globales valen la pena, por los resultados
obtenidos.
A priori mi respuesta es que si, ya que
la temática tratada es relevante, pues los estados, con su correspondiente
componente social y económico, y me refiero a todos, están expuestos a sufrir
de una u otra manera las consecuencias de los desastres, tanto los originados
por los fenómenos naturales como por la acción humana o antrópicos, unos más
que otros, por cuestiones de ubicación geográfica, dimensión, densidad
poblacional, etc.
A los factores exógenos, como son el de
la morfología o características del territorio, de la meteorología, con el
componente inevitable del cambio climático que exacerba las condiciones, se deben considerar factores tan relevantes
como los niveles de pobreza existentes, nivel cultural y educativo de las
poblaciones, cohesión e identificación
social, forma de gobierno, niveles y desarrollo de la gestión local, preparación,
etc. que harán que la vulnerabilidad y las consecuencias de un posible desastre
se incrementen o disminuyan, así como condicionaran la resiliencia de esa
sociedad.
Sin duda la pobreza por si misma, es
tal vez el factor que mayormente condiciona la vulnerabilidad, por que en
esencia afecta todos los otros factores, por ello, es muy importante la
estrategia señalada en la Plataforma Global, denominada “No dejar a nadie
atrás”, que en su verdadera dimensión debe marcar el compromiso de cada
sociedad, de incorporar en las acciones de reducción del riesgo de desastres a
todas las personas, localidades, especialmente enfocarse en las más vulnerables
y así en una escala global, como la desarrollada en la Plataforma, buscar que a
través de la cooperación y colaboración internacional , no se deje atrás a
ningún pueblo, país o región.
Los estados y correspondientes
gobiernos, a través de sus representaciones, participan de este interés sin
duda, nuevamente, unos más que otros, de acuerdo a como perciban sus propios
riesgos, o como perciban los riesgos a una escala global, que puedan generar
migraciones o éxodos masivos, situaciones de tensión y enfrentamientos,
hambrunas considerables, desarrollo o propagación de enfermedades, algunas nuevas,
uso de grandes cantidades de recursos para atender los desastres, etc. y bajo esta mirada es que el interés en
cooperar se sustenta, bajo la premisa de que un mundo convulsionado no es bueno
para nadie y que mas temprano que tarde, afectará a los países considerados
desarrollados, que son un atractivo para quienes lo único que les queda es la
esperanza.
Así podemos encontrar, que por
diferentes intereses, o por una mezcla de ellos, estos esfuerzos globales
motivan una gran concurrencia y participación, entre quienes requieren
apoyo y entre quienes están dispuesto a
darlo y en el medio están aquellos estados que han mejorado sus niveles de
crecimiento y desarrollo, que quieren
demostrar que están autogestionando sus propios riesgos, como una forma de madurez social y política y que bajo esta
premisa, tienen algo que aportar al sistema internacional, siendo tal vez, el
rol de muchos de los países de la región sudamericana, tal como se evidencia de
las declaraciones oficiales, donde cada Jefe de Delegación expone en forma
breve y concisa su situación como país,
que incluye las perspectivas, expectativas, carencias, proyectos y
necesidades más apremiantes. Ello no impide por supuesto sacar un gran provecho
de los diferentes foros en que uno participa, así como establecer contactos con
los pares en la Gestión del Riesgo de Desastres.
Sin embargo, dado el tiempo tan corto
para revisar la agenda del avance en la reducción de riesgos de mas de 180
países, resulta en la abundancia de muchas generalidades en las intervenciones
y a veces grandilocuencias, especialmente en los foros de nivel más alto, que
hacen que uno pueda cuestionar el contenido y plena autenticidad de las mismas
y por tanto el provecho de esta forma de pronunciarse.
En cuanto a las diversas mesas de
trabajo y eventos laterales, que uno podría esperar sean más técnicos, nuevamente
el factor tiempo juega en contra, originando el tratamiento general de aspectos
importantes y es que en 5 o 10 minutos por orador, resulta muchas veces
imposible un desarrollo más puntual de estos temas.
A la vista de la experiencia vivida,
puedo decir, desde mi perspectiva, que el tiempo para tratar tanta amplitud y
diversidad de temas resulta muy corto, sin embargo, considero que el balance es
positivo, que hay una real motivación de los gobiernos, ONG, líderes
comunitarios, organizaciones privadas, etc. en participar en esta Plataforma Global, más aún
cuando son reconocidos y publicitados los nocivos efectos globales del cambio climático
y sus perspectivas del futuro mediato, que exigen una respuesta más ambiciosa,
amplia y rápida de los objetivos por lograr a través del Marco de Sendai.
Claro está, que cada quien participa con
y bajo sus propios intereses y sin pretender hacer un juicio de valor, si puedo
decir que no son evidentemente los mismos, pero confluyen para lograr los
propósitos de la Plataforma Global, en cuanto a la reducción de los riesgos (multirriesgo)
de desastres, buscando cumplir los objetivos del Marco de Sendai, que debe
guardar coherencia mutua con los objetivos de la Agenda 2030 y el Acuerdo de
Paris.
Tal vez la mejor forma de sacar
provecho de estas Plataformas Globales, es participar mas activamente desde las
etapas previas, haciéndole un seguimiento detallado a través de un grupo de
trabajo que mantenga continuidad en el esfuerzo y que pueda convertirse en un
factor y actor de cambio de aquellos aspectos que deban mejorarse.
Como conclusión puedo afirmar
categóricamente, que la reducción del riesgo de desastres con toda la amplitud
de acciones que conlleva, es y debe ser; un objetivo nacional, una
responsabilidad exclusiva de cada estado, su gobierno y sociedad en
general al que hay dedicar los mayores esfuerzos y presupuestos adecuados,
para lograr efectivamente prevenir y reducir los múltiples riesgos al que esta
expuesta la poblacion en su conjunto, así como sus medios de vida, “construyendo”
sociedades seguras y resilientes.
Lo que haga o deje de hacer un estado,
con todas sus instancias, políticas, religiosas, militares, productivas,
etc. definirá la capacidad de
subsistencia y recuperación de su sociedad, es decir su resiliencia. Ningún
organismo o institución internacional va a hacer lo que no esté dispuesta a
hacer ese mismo estado, que puede esperar cooperación y/o colaboración, pero
nunca la sustitución del ejercicio de las funciones esenciales y
responsabilidades por darle viabilidad, consistencia y continuidad a su propia
existencia.
¡Los esfuerzos globales sin duda
ayudan, pero no reemplazan, ni pretenden hacerlo, la decisión, determinación y
acción nacional es su conjunto, como única forma para construir la estructura
de una sociedad segura, inclusiva en la extensión del concepto y por supuesto resiliente!
Escribe aquí tu artículo