. Pero en
realidad es un regalo impuesto, el cual aceptamos y por el cual debemos dar
cuenta de ello.
Pasamos
la infancia apegados a nuestros congéneres, los padres, hermanos, abuelos, tíos
y el resto de nuestros familiares. Cuando la infancia se acaba, seguimos
pasando por la pubertad y la temida adolescencia. Hasta ser adultos. Esto
último, el ser adultos, nos lleva mucho tiempo conseguirlo y se dé cierto, que
algunos no llegan a serlo ni por asomo.
Las
personas que lo han logrado parecen algo distraías, abstractas de ellas mismas,
añorando los años de juventud.
Las
contrariedades, los problemas, el trabajo, la pareja… cuantas cosas, cuantos
momentos vividos, a veces nos perdemos lo más esencial de todo ello. Se nos
olvida vivir para nosotros, olvidamos saber ser felices. Lo dejamos en un
segundo plano, sin darnos cuenta de que después de muchos años haciendo lo
mismo, la monotonía se ha apoderado de nuestras vidas y somos como autómatas,
dirigidos por una computadora. Pero doy gracias a que éstas se rompen o dejan
de funcionar bien, dándonos la ocasión de rectificar y dar otro giro a nuestra
vida, algo necesario. Estamos habituados a olvidar el pasado, tanto, que lo
convertimos en historia, la cual gracias a grandes escritores, que plasmaron la
vivencias antes de olvidarlas en nuestros queridos libros, que después
estudiaremos. Sin olvidarnos de las grandes tecnologías que tanto nos ayudan y
atrapan…
Seguro
que muchas veces nos hemos parado a pensar, cómo sería nuestra vida sin las
tecnologías, sin internet, y claro está, sin estas redes sociales, que tanto
nos facilitan la relación entre los seres humanos. Muchas personas han dejado
de lado la sociabilidad normal, es decir, salir y encontrar amigos. Cuando se
encuentran por mera casualidad, lo primero que te preguntan es si tienes
Facebook o Tuenti…
¿Qué
sería de muchos de nosotros sin Internet? ¿Cómo podríamos adaptarnos de nuevo a
ese cambio? ¿Qué sería del ser humano, sin electricidad, sin ninguna fuente de
energía a nuestro alcance?
El
Sol, nuestra fuente de calor y luz, siente que pasan por él los años, que son
miles… Las tormentas solares cada vez son más fuertes. Los expertos en el tema,
dicen que la próxima será destructiva para la Tierra. Los mayas lo predijeron.
Quizá sea ese fin del mundo que tantos años llevan anunciando los testigos de
Heova.
Estoy
segura de que solo es un cambio más en el universo, un cambio que afecta a
nuestro planeta: La Tierra. Nuestro planeta está desgastado, agotado y también
su cambio estaba cerca, la naturaleza se renueva y no piensa en nosotros: los
seres humanos. Hemos agotado los recursos naturales de la Tierra, hemos
perforado la capa de ozono, envenenado los mares, ríos, quemado montes,
millones de hectáreas de árboles talados, hemos urbanizado los bosques incluso
las selvas y algunos desiertos. Y ahora que vemos que todo este trabajo, que
todo el progreso de la evolución, quedara obsoleto, ahora trabajamos para
afrontar ese cambio, estamos intentando por muchos medios depurar nuestra
basura…
¿Y
si fuera demasiado tarde? Quizá la humanidad también tenga que evolucionar, y la
pregunta es… ¿Estamos preparados para el gran cambio?