. Algún periódico incluso se ha atrevido a proclamar a Rivera
como líder de la oposición de la recién inaugurada legislatura. Y es que hay
que reconocer que a Ciudadanos no le faltan palmeros, más o menos espontáneos,
entre los medios de comunicación.
Lo primero que deberían explicar estos
palmeros es cómo se puede presentar como vencedor a alguien que lleva cuatro
elecciones generales anunciando que va a adelantar al PP y que aún no lo ha
conseguido. Porque si no se me ha olvidado contar, el PP ha sacado nueve
diputados más que el partido naranja, y hoy por hoy esos nueve diputados son
los que marcan la diferencia entre el verdadero líder de la oposición, y la
tercera fuerza política.
Si bajamos al detalle vemos que en Cataluña,
feudo originario de los de Rivera, el partido naranja se ha llevado un batacazo
considerable, pasando de ser la primera fuerza en votos en las últimas
elecciones autonómicas, a unos exiguos cinco diputados de los 48 en liza. En
Valencia, con los populares no ya en descomposición sino más bien descompuestos,
los naranjas tampoco han consumado el pregonado sorpasso al PP, y se quedan
como tercera fuerza. Y ni siquiera Toni Cantó, candidato estrella de Ciudadanos
a la Generalitat Valenciana, ha conseguido superar en votos y escaños a una
casi desconocida Bonig, por mucho que Cantó se empeñe, como su líder Rivera y
sus palmeros, en presentarse como “líder de la oposición”.
Sólo en Cataluña (donde Cs ya estaba por
delante del PP) y la Comunidad de Madrid, se ha consumado el anunciado sorpasso
en escaños.
Por eso uno no acaba de entender ese
desmesurado entusiasmo de bastantes medios con los resultados de Ciudadanos. O
bueno, ¡para qué engañarnos! Lo entiendo perfectamente, porque es entusiasmo de
todo menos desinteresado.
Lo que es indudable es que Ciudadanos ha
mejorado sensiblemente su mejor resultado electoral, y que, sin llegar al
sorpasso, tiene por primera vez al PP a tiro de piedra. Además, el reparto de
escaños le convierte, como ya le sucedió en 2015 y 2016 en un actor clave de
cara a la formación del nuevo gobierno. Y aquí es donde está la madre del
cordero.
Desde el IBEX (cómo no) y desde la patronal,
ya han manifestado su preferencia por un gobierno sustentado por PSOE y
Ciudadanos, y las presiones que va a tener que soportar Rivera en este sentido
van a ser importantes. Pero no es menos cierto que Ciudadanos ha conseguido
atraerse el voto de buena parte del centro derecha jurando y perjurando que no
va a pactar con Sánchez; ¿qué precio tendría para los naranjas un pacto con el
PSOE, a menos de un mes de las elecciones municipales y autonómicas? Por poner
un ejemplo, el frustrado pacto Sánchez-Rivera de 2015 le supuso a Ciudadanos
perder casi un millón de votos. ¿Va a asumir Ciudadanos ese riesgo?
Si pacta con el PSOE la credibilidad de
Rivera quedará bajo mínimos. Por mucho que pudiera defender el pacto en
términos de responsabilidad política, hacer presidente a Sánchez, el de la
tesis plagiada, el del Falcon, el político con menos escrúpulos de la etapa
democrática, supondría darle la razón a Casado, cuando decía que votar a Rivera
era votar a Sánchez. Y supondría dejarle al PP en exclusiva el papel de
oposición de centro derecha.
Si Ciudadanos quiere desbancar al PP como
primera fuerza del centro derecha, no puede pactar con Sánchez. Al menos ahora.
Después de las autonómicas y municipales ya será harina de otro costal. Que en
tema de bandazos Rivera es especialista.