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Julia y la política


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20/04/2019

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El asno será coronado, llegará a lo más alto y aterrorizará al pueblo con su horrible rebuzno.


Geoffrey de Monmouth, Historia de los reyes de Britania.





Durante los últimos días, debido a las elecciones que se nos venían encima, Julia estaba inquieta y preocupada. Mostraba su preocupación leyendo periódicos de toda índole y color. No obstante, no se me ocultaba que ya tenía su voto más que decidido.

-Con motivo de las votaciones -le expliqué sonriendo- era cuando más corrupción se producía en Roma. Como sabes, allí todo estaba en venta. Y, por supuesto, los votos.

-Ha sido una práctica que ha durado hasta hace bien poco. Algo así, si no recuerdo mal, denuncia Blasco Ibáñez en alguna de sus novelas. El caciquismo, una plaga violenta, que se extendió por toda España hasta bien entrado el siglo XIX.

-Sería el equivalente del clientelismo en Roma. A veces sorprende lo poco que cambian las cosas.

-Bueno, reconozcamos que hoy en día no se dan esas corrupciones en torno al voto. Hoy es suficiente con la ignorancia de la gente, y, por supuesto, con las televisiones. Aunque no debemos despreciar el sentido común de muchas personas. No habrán leído ni estudiado, tal vez; pero eso no quiere decir que no sepan dónde les aprieta el zapato.

-Serán una minoría. Me llamó la atención, y mucho, cuando hice el servicio militar, percatarme de que un montón de chavales, de poco más de veinte años, íbamos a dar nuestras vidas, si llegaba el caso, por algo que nada tenía que ver con nosotros, es más, que era contrario a nosotros: mantener los privilegios de una clase, y menuda clase. Es lo que siempre ha pasado en todas las guerras. Invocando a la patria, por supuesto.

-Y no vale la pena morir. Pienso a menudo en los millones de personas que han perecido en las trincheras, o en los campos de batalla… Tanto sufrimiento, ¿para qué?

-Imagino que para nada. No lo sé. Es lamentable que el hombre todavía no haya aprendido a solventar sus problemas de otra forma.

-Mientras las sociedades estén dirigidas por energúmenos, a los que, no lo olvides, les vota la gente, no hay nada que hacer. El otro día, sin ir más lejos, escandalicé a una vecina por lo que dije. Hay personas a las que se les puede aplicar un refrán que, tal vez, y con permiso de don Quijote, hubiese pronunciado Sancho Panza: boca y culo todo es uno. Imagino que don Quijote hubiera reñido a su escudero diciéndole que hay que ser cortés, comedido y bien hablado.

-¿Le dijiste eso a tu vecina?

-Bajé al bar a tomarme un café con leche. Y esta, sin encomendarse a Dios ni al Diablo, se sentó a mi lado. Y sin decir ni buenos días, comenzó con el tema de moda, y del que todo el mundo sabe y entiende: Cataluña, los catalanes y la traída independencia. Me dio el desayuno. Hasta que harta de oír tantas tonterías y sandeces, le contesté que antes de derramar una sola gota de sangre, permito yo, y por lo que a mí respecta, que se separe de España hasta la más minúscula de las aldeas que la forman y conforman. Pagué y me fui. Imagino a quién le va a votar tan astuta persona. Ella que es tan dependiente.

-El ser humano es hipócrita por naturaleza. Y estúpido. Recuerdo que me escandalizó, siendo yo bien joven, que un compañero del servicio militar se hubiera ido a un campo de fútbol a gritar e insultar a un jugador de su equipo. Este había fichado por otro club, y se iba de la ciudad y abandona el equipo. Mi compañero se quedó afónico gritándole traidor, pesetero y otras lindezas de más grueso calibre. Le hice caer en la cuenta de que él era un emigrante, que había salido de su tierra en busca de una vida mejor, y que, el futbolista, también tenía derecho a hacer lo mismo. Fue hablar con la pared.

-Sí, pues nuestro vicio siempre nos parece el mejor. O, como diría un clásico, a nadie le huele mal su propio excremento.

-Efectivamente. Y por eso mismo desconfío de que este puñetero mundo tenga salvación. Mientras no cambiemos interiormente, no hay nada que hacer. Siempre habrá personas, sin dos dedos de frente, que se tienen por muy inteligentes, y que apoyarán todo aquello que les digan. Pensar por sí mismo, leer y estudiar, es una faena harto pesada.

-De acuerdo, pero no por eso nos vamos a quedar quietos. Está claro que cada uno de nosotros interpretamos las cosas según nuestros propios intereses, o movidos por unas fuerzas extrañas y misteriosas… Te cuento. Hay una capítulo de El ingenioso hidalgo que, por más que lo leo, siempre lo recuerdo a mi manera. Sé que no es así; pero yo siempre lo recuerdo como el desafío entre dos pueblos para dirimir qué alcalde de su respectivo municipio rebuzna mejor.

-No lo recuerdo…

-A un alcalde, si no recuerdo mal, se le pierde su rucio en la montaña. Y el alcalde del pueblo vecino le ayuda a buscarlo, pues, según propia confesión, rebuzna como los ángeles. El otro no le va a la zaga. Y rebuzno por aquí, rebuzno por allá, dan con el rucio muerto en medio de la selva.

-Una excelente metáfora.

-Sí, pero interesada. No creo que yo esté interpretando bien el capítulo. Aunque don Miguel de Cervantes -dijo sonriendo- se las trae. No lo hagamos inocente.

-Y además, y de acuerdo con tu interpretación, sería muy aplicable a la situación actual. Y creo que a la de cualquier época.

-Es posible. No te lo niego. Supongamos por un momento que el rucio muerto es el pueblo, o, como se dice ahora, la ciudadanía. Ya sabes que soy una defensora acérrima de la lectura de los clásicos. Pues bien, en un libro clásico, desconocido para la inmensa mayoría de las personas, profesores y alumnos, se cuenta que un sabio, que trabaja a las órdenes de un rey, se entera de que en un reino lejano hay unas hierbas que, convenientemente mezcladas, resucitan a los muertos. El rey le da permiso para indagar dichas hierbas. Y el sabio pasa muchos años lejos de su tierra mezclando hierbas y más hierbas sin conseguir ningún resultado. Hasta que admite su fracaso, y se despide de la tierra y de los sabios de la misma confesando su frustración. Y entonces un sabio le dice que las hierbas que él busca son los libros, que, convenientemente leídos y digeridos, resucitan a las personas de la ignorancia, la muerte, a la sabiduría, la vida.

-Demasiada faena eso de leer. Es más cómodo estar muerto. Tal vez así no se oigan los rebuznos… ¡Qué mal! Es una metáfora horrible. La mía.

-Sí, desde luego. Porque sabes, imagino, que el que algo quiere, algo le cuesta.

-Los dioses no regalan nada. Lo sé. Y lo que has contado de tus recuerdos e interpretaciones del Quijote, me recuerda a mí lo que dijo, no sé si Cicerón o alguno de estos: si las vacas y los bueyes pudieran representar a sus dioses, los harían a su imagen y semejanza. ¿No hace lo mismo el votante con sus políticos o viceversa? ¿Los oyes hablar de vez en cuando?

-Me dan asco. Verdadero asco. Aquí en el país se ha instalado últimamente el exabrupto, la descalificación, el todo está permitido y nada tiene consecuencias. Y se ha perdido, no te digo ya la vergüenza, sino el más elemental sentido común. Y la educación, que ni la tienen ni la conocen. ¿Programas? Ni lo sueñes: las campañas electorales son un circo aburrido lleno de ocurrencias absurdas. Y de zancadillas y golpes de los pobres payasos totalmente pasados de moda.

-Y lo más gracioso del caso es ver a la gente votando a individuos que van a adoptar políticas en contra de los mismos que les han votado.

-Así es. Imagínate a mi vecina, la que desayunó conmigo, lo que le va ni le viene sobre la posible independencia de Cataluña. Mientras está entretenida con esto, en su ambulatorio faltan médicos y enfermeras, el instituto donde va su nieto tiene carencias de todo tipo, y su pensión cada vez es más magra, y etc, etc. Pero ella está obcecada con la independencia de Cataluña. Increíble. ¿Qué te parece?

-No me parece nada. Hace siglos que se fragmentó el imperio romano, y la vida sigue. Y unas cosas mueren, y otras surgen a la vida. Y lo que dices tú, todo menos derramar una sola gota de sangre. Amén de que hay muchas formas de romper un país, utilizando la retórica actual.

-En realidad la política, los políticos, deberían servir, si es que han servido para algo en esta vida, para ser capaces de aunar voluntades, de hacer proyectos que unan a todos… pero su proyecto es lanzarnos a los unos contra los otros. Y a río revuelto, ganancia de pescadores. Y así va.

-Algo parecido se propuso Cicerón a lo largo de su vida. Lo malo del caso fue que su visión de la República no se adecuaba a los tiempos: no se podía gobernar como se había hecho hasta ese momento. Las circunstancias cambian, y con ellas deberían hacerlo las constituciones, y la forma de entender las políticas.

-Tienes razón, pero lo bueno de Cicerón es que era un hombre inteligente. ¿Sabes? Me ha sorprendido: en el último libro que he leído de él hay una pequeña alabanza a los Graco, a la reforma agraria que estos trataron de impulsar, y que les costó la vida a manos de los senadores.

-Los privilegiados. Pero entonces no faltó el pan y el circo.

-Ni ahora faltan soflamas ni salvadores de la patria. Con sus discursos-pegamento van a impedir que se rompa el país por una parte, aunque está más que quebrado por otra y aun por otras.

-Sigamos cultivando el jardín.

-Eso, comamos que tripas llevan pies y no al contrario. Y gracias a estos se deambula, y del deambular, vino la ley de ambitu, o corrupción. Antes, en época ciceroniana, el voto se pedía deambulando. Y se daba la mordida al mismo tiempo. Para ahorrarse pasos.

-Ahora lo hacen como los alcaldes, pero desde un entarimado. El Señor nos coja confesados.





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Etiquetas:   Corrupción   ·   Elecciones

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