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Defendiendo lo absurdo: La Segunda República


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17/04/2019


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En coautoría con Emilio Velasco






“Salud y República” era el clamor de unos pocos con motivo de la “celebración” de aquel nefasto capítulo del Reino de España: la Segunda República. El 14 de abril se ha convertido en otro día más para celebrar lo absurdo. Los progres de corte fascista (a los que dedicaremos un artículo), celebran la Segunda República y babean pensando en una tercera. Una a su antojo, claro está, no basándose en el verdadero concepto republicano.

Desde esta humilde tribuna, queremos recordarles brevemente a aquellos que tanto anhelan vivir en la Segunda República en qué consistió ese régimen de terror totalitario, apelando a su razón y su sentido común (si es que los conservan).



Usando la base de datos del Banco Mundial y el Instituto Nacional de Estadística, vamos a revisar el ámbito económico de la Segunda República. En cuanto al comercio interior y exterior, es alarmante. Primero, las exportaciones totales se vieron reducidas en un 58% con respecto a 1936, y de un 72% al 1931. Una reducción abrupta, digno de lo que algunos llaman “repúblicas bananeras”. La moneda se depreció un 20%, reduciendo el poder adquisitivo de las familias españolas, que ya estaban golpeadas por un clima de inseguridad e inestabilidad democrática, una economía que se encogía y un contexto internacional de crisis.





La continua atmósfera de inestabilidad política tuvo sus repercusiones económicas en una sociedad primordialmente rural. A inicios de 1931 se registraron un 15% de retiro de fondos de los bancos, y empezó una constante fuga de capitales que seguía hiriendo a la gente de a pie. En cuanto al PIB español, desde que se instauró la república hasta el final de sus días presentó un decrecimiento que empezó en -3.87% y culminó con un récord histórico en -22.57% en el 36. El número de parados aumentó en un 70% durante los 5 años de esta nefasta república “bananera” europea.



La Segunda República estuvo marcada por la violencia política, producida por anticlericalismo, el odio al otro y los problemas sociales. Aunque este no es un rasgo único de la República (ya que durante la Restauración hubo atentados personales por motivos políticos), esta se intensificó hasta un punto inaguantable. Los partidos políticos de toda índole formaron a sus juventudes y los convirtieron en grupos paramilitares que se encargaban de asesinar a sus adversarios políticos, iniciándose así un proceso de acción-reacción que produjo un aumento de la violencia constante.





Según Ramiro Cibrian, se registraron más de 700 incidentes violentos de carácter político en el último semestre de 1936, dándose un promedio de 11,4 muertos por semana.



Otro de los motivos para afirmar que La Segunda República estuvo marcada por la violencia política es la gran cantidad de golpes de Estado que hubo en un período de cinco años. Si consideramos que un golpe de Estado es usar la fuerza, vulnerando la legalidad vigente, con el objetivo de tomar el poder político; así como: derogar, suspender o modificar total o parcialmente la constitución; impedir la libre celebración de elecciones para cargos públicos; disolver las Cortes Generales, el Congreso de los Diputados y el Senado; declarar la independencia de una parte del territorio nacional; sustituir por otro el Gobierno de la Nación; sustraer cualquier clase de fuerza armada; impedir la aplicación de las Leyes o que cualquier autoridad pueda ejercer legítimamente sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o resoluciones administrativas o judiciales; podemos considerar que hubo cuatro golpes de Estado durante este período.



El primero de todos fue la Sanjurjada producido el 10 de agosto de 1932. Fue un levantamiento militar, liderado por el general Sanjurjo, que pretendía derrocar al Gobierno de Azaña. Este golpe de Estado fracasó, Sanjurjo fue detenido en Huelva, ya que pretendía escapar por Portugal.



El segundo de estos fue la llamada Revolución de Octubre de 1934. Bajo el liderazgo de Francisco Largo Caballero, el PSOE y sus juventudes, la Unión General de Trabajadores, los comunistas, anarquistas y la parte asturiana de la Confederación General del Trabajo  (por eso el golpe de Estado tuvo tanta relevancia en Asturias, pero no en el resto) se sublevaron el 5 de octubre contra el Gobierno de Alejandro Lerroux por incluir en su nuevo gabinete a tres miembros de la CEDA como ministros y cuyo fin era “una revolución social en España”. Alejandro Lerroux reprimió el golpe usando a los regulares de África y a la Legión.



El tercer golpe de Estado se dio el 6 de octubre de 1934, un día después de la Revolución de Octubre del 34, en Cataluña. El presidente de la Generalidad, Lluís Companys, proclamó en Barcelona el Estado Catalán. El Gobierno de Lerroux declaró el estado de guerra y ordenó disparar a la artillería contra la Generalidad y el Ayuntamiento de la Ciudad Condal. El Gobierno catalán se rindió y los líderes de la insurrección fueron detenidos.



El cuarto y último de todos es el del 18 de julio de 1936, que se trató de un levantamiento militar, liderado por Mola, Queipo de Llano y Sanjurjo y apoyado por grupos hostiles contra el Frente Popular como Falange, Renovación Española, sectores de la CEDA y carlistas entre otros, con el objetivo de derrocar al Gobierno del Frente Popular e instaurar un directorio militar. Este golpe triunfó en ciertas partes de España mientras que en otras fracasó, dando lugar a la Guerra Civil Española.





Cuando se enarbola la bandera de la Segunda República no se hace una defensa de un sistema político legítimo como es el republicanismo, sino que se considera y se defiende el régimen de la Segunda República como un sistema democrático y deseable para la actualidad. ¿De verdad queréis eso?¿Un sistema en el que la polarización, el odio y el conflicto destruyen la sociedad y pervierten todo? Si la respuesta es “sí”, el lector tiene una serie de países que siguen ese modelo en la actualidad, y le invitamos a que se vaya y viva su utopía “progre”.



Etiquetas:   Comunismo   ·   Pobreza   ·   España   ·   Desigualdad   ·   República   ·   Intolerancia   ·   Asesinatos

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