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Moral del conformismo en los vallenatos


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15/04/2019


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Por estos días se han hecho variadas la opiniones sobre la remodelación de la tradicional plaza Alfonso López en el centro de Valledupar, obra que está próxima a concluir y que hasta ahora ha sido el lugar de encuentro donde están ubicados también el Consejo de la ciudad, la Iglesia de la Inmaculada Concepción y la sede de la Alcaldía Municipal, además de ser el sitio donde se empezaron a coronar los primeros reyes vallenatos, y luego del traslado de este último evento al Parque de la Leyenda Vallenata, simplemente quedó a disposición de los artistas que quieran ofrecer sus espectáculos.


Las opiniones son algo divididas y tocan varios temas:  que es muy costosa y se están robando el dinero (tuvo un costo de 8 mil millones), que ya el valle no es lo mismo porque se pierde su identidad, que por esto se va a perder bastante tradición, etc.

Sobre esto quiero tocar sólo el tema de la identidad, pues desconozco cómo se están invirtiendo los recursos, y si de verdad hay robo de éstos espero que se sepa públicamente.

Puede que lo que vaya a decir en las siguientes líneas no tenga relación directa con la plaza Alfonso López, pero a mí parecer dice mucho de nosotros (los vallenatos).

Cuando se habla de identidad me pregunto ¿qué entendemos los vallenatos por ello y a qué factores creemos que está condicionada?

Si por ello entendemos como algo que se pierde cuando a una plaza se le cambia la cara y ya no nos va a dar tantos recuerdos, o como algo que quedó desvanecido cuando nos prohibieron seguir con las parrandas en el río, entonces deberíamos replantearnos ese concepto.

Si bien la identidad en nosotros no depende de cosas como estas, lo cierto es que con ello reflejamos una muestra de lo que somos como ciudadanos conformistas: personas que le tenemos miedo al cambio y hacemos lo posible por no salir de nuestra zona de confort, a lo mejor porque no sabemos de qué estamos hechos y cuánto podemos lograr para consolidar una sociedad más fuerte.

Me explico: en varias zonas de la ciudad nos quejamos del mal servicio de energía, pero con que el equipo de sonido o el picó haga ruido todo el fin de semana en la cuadra, se nos olvida el problema; nos da nostalgia que el vallenato ya no cuente verdaderos relatos de vida, pero repetimos una y otra vez, a todo pulmón, esa canción que nos habla del o de la ex que hace 5 años nos dejó, o de la repetida fiesta del fin de semana, o cualquier letra vacía, pero nada de las buenas historias de una tarde por el río o por la plaza...

Vivimos aturdidos por los días calurosos del verano, pero poco o nada hacemos realmente por el medio ambiente, después que haya aire acondicionado en mi cuarto o en mi casa lo demás me vale ¿cuál sembrar árboles? ¿para qué?

En otras partes de Colombia, y el mundo, su identidad destaca más que todo por la forma como se le da solución a sus problemas, por la forma como no se quedan de brazos cruzados ante una necesidad que los atañe. En Medellín por ejemplo, sin hablar de los caóticos problemas que enfrentan como las pandillas o bandas delincuenciales, y la contaminación, tomo como ejemplo esa forma de apropiarse de todo: sus esfuerzos y logros, sus problemas y necesidades.

Cuando en esta ciudad fueron apareciendo necesidades como proveer a los hogares de servicios públicos, con venta de empanadas se fue creando EPM, una de las mejores empresas de Latinoamérica; cuando había necesidad de un templo para las diversas actividades de los feligreses, con rifas y bazares se levantaba una iglesia, y así de la misma manera se fueron creando universidades, hospitales, bancos, etc., a tal punto que hoy es la ciudad más innovadora de Latinoamérica, y cuando la comparas con una ciudad promedio en Colombia, Medellín parece ser de otro país.

En el año 2010, en Chile, cuando un grupo de 33 mineros quedaron atrapados a 700 metros bajo tierra, la solidaridad y el esfuerzo conjunto quedó marcado como rango distintivo de esa cultura, al unir esfuerzos por sacar hasta el último hombre con vida de allí.

Aspectos como éstos, denotan la verdadera identidad de una región, que muestra que cuando hay cambios y dificultades, lo primero que se busca es la unión y la forma de enfrentarse a ello.

Ahora, ¿cómo estamos actuando los vallenatos frente a cambios y dificultades que nos incluyen a todos?

La modernidad es uno de esos cambios, y por qué no dejar de lado ese nostálgico pensamiento que transmite la canción del maestro Jorge Oñate cuando dice "...ya no hay casita de bareque, se llena el Valle más de luces", y mejor enfrentar este reto de la mejor manera, antes de quedarnos atrás?

¿Qué haremos los Vallenatos frente a problemas como las altas temperaturas que nos han llevado a largas sequías, o frente a la necesidad de que nos presten un mejor servicio de energía, o retos como la modernización de las ciudades, y con ello la transformación de algunos lugares emblemáticos?

¿Y cuál sería el primer paso? ¿Ser como los chilenos o los paisas? Si nos dijeran que así debe ser, probablemente nuestro sensible orgullo regional quedaría herido, y no es la idea. El punto está en tratar de formarnos como verdaderas personas diariamente, aunque esto implique un gran esfuerzo por dejar de hacer cosas que nos gustan, como incumplir normas, hacer ruido todo un fin de semana en la cuadra, o responder con vulgaridades al primer enfado porque sino perdemos la 'dignidad'. Todo esto traerá luego su recompensa: una sociedad admirada por su manera de innovar y enfrentar las dificultades, suplir sus necesidades colectivas, y no una sociedad que se conforma con lo que tiene.

Sólo espero que, siguiendo una constante reflexión, los vallenatos podamos dar una verdadera muestra de cultura ciudadana, sin temor al cambio, no tanto para proyectar una imagen al mundo, sino para consolidar una sociedad como Dios manda, donde las dificultades concretas de una sociedad sean los problemas de todos para darle una pronta solución, y poder salir adelante.





Etiquetas:   Cultura   ·   Identidad

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