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Cuenta la leyenda que Lenin le dio 3 cartas a Stalin para leerlas en
tiempos de crisis, en el primer desequilibrio Stalin abrió la carta
número 1 y leyó: “échale la culpa de todo lo que pasa a los americanos”,
a lo que acto seguido Stalin creo los foros apropiados y dictó la
agenda para culpar de todo, absolutamente de todos los males de la URSS a
los americanos, la crisis amainó y vinieron los tiempos normales, al
tiempo surgió una nueva crisis y Stalin abrió la carta número 2 la cual
decía así: “échame la culpa de todo lo que este sucediendo” y el
mandamás soviético volvió de igual manera a culpar a de todos los males
ahora a Lenin, la gente entendió que así era y las aguas volvieron a la
tranquilidad, en la tercera crisis, Stalin temeroso abrió la última
carta que Vladimir Ilich Ulianov le había dejado y con ojos casi
llorosos leyó: “escribe 3 cartas”.
Ficción o realidad es cierto que pocos o ningún gobernante mundial
asume la culpa de sus actos de gobierno y prefiere encontrar culpables o
distractores para evitar culpas y México no es la excepción, en el
pasado inmediato hemos visto ejemplos magistrales, pero sin duda alguna,
el maestro, el mandamás, el creador y padre de todas las distracciones
es Andrés Manuel López Obrador, quién desde hace más de 18 años ha usado
estas cortinas de humo o cajas chinas para soslayar su responsabilidad
en los diversos actos de su vida, tanto la privada como la pública.
Desde siempre acuñó la frase: “mafia del poder” como un elemento
abstracto culpable de los males de México, pero en el momento mismo en
que ganó la elección del 1º de julio lo primero que hizo fue arropar a
los integrantes de esta mafia del poder y la incluyó de facto en su
gabinete y en las áreas responsables de sus tomas de decisiones. Pero
fiel a su diatriba y confrontamiento que le ha traído dividendos
multimillonarios (su partido recibirá este 2019 1,600 MDP), tenía que
encontrar un nuevo enemigo ya que ahora que él ocupa la silla que
“antes” era propiedad de la mafia del poder, esta tenía que desaparecer,
y encontró en la sociedad civil, esa que no tiene apoyo ni poder
económico ni manera de enfrentar el aparato gubernamental, al enemigo
perfecto.
La nueva mafia debía de llevar un nombre y este la bautizó como
“fifís”, término usado en el porfiriato para describir a los amanerados
y/o homosexuales, y que incluye a todos aquellos que no son sus fieles
seguidores a los que él denomina “amablemente” como “solovinos” y
“animalitos”, comúnmente llamados “chairos” en el argot mexicano.
Su alegoría inició entonces con lo que sería la apertura de una
primera carta culpando de todo a los fifís, prensa fifí, empresas fifís,
medios fifís, etc. Creando en redes y medios afines una oleada anti
todo lo que oliera o se viera como lo que AMLO describió como fifí,
mediante estas acciones enterró en ese momento los cuestionamientos que
se hacían sobre la validez de la “guerra del huachicol” y la ineptitud
mostrada por su equipo en el abasto del combustible y la millonaria
compra de este a Venezuela. Tal distracción enfrentó a “fifís” contra
“chairos” pero desvió la atención mediática del medular tema.
Pocos días después y ante el embate de sus huestes sobre la opinión
contraria a sus designios surgieron muchas controversias pero menores en
tema que AMLO puede manejar sin recurrir a artimañas mayores, no gasta
en cañonazos para matar mosquitos, pero en la velada realidad de su
querencia está la posibilidad de la reelección o de al menos controlar
el congreso por los casi 6 años en los que oficiará como Presidente de
México, y para ello recurrió a una querencia de su esposa: “La conquista
de México”, un tema que ha sido olvidado por México, el México que solo
tiene memoria de 1810 para acá, con espacios en blanco entre esas
fechas, en las que nos olvidamos de la Nueva España y en donde poco o
nada sabemos de la conquista más que Hernán llegó con un puñado de
soldados y con la ayuda de los tlaxcaltecas y otros indios conquistaron
el territorio Mexica.
Pero el tema de la conquista y la petición de disculpas al Reino de
España, ocultó el innegable hecho de que en esa semana se votaba en el
senado la revocación de mandato, lo cual implica en la realidad que el
Presidente de México aparezca de nueva cuenta en las boletas de
elección, sugiriendo a los millones de personas a las que les regala
dinero que son sencillamente “sus gallos”.
Esta nueva carta que abrió, digamos, la segunda, se puede considerar
como la batalla de AMLO para lograr sus propósitos transexenales
perpetrando su mandato a través suyo o de sus incondicionales, sin
embargo, no consideró totalmente las variables de la misma, y que el Rey
de España no se iba a prestar al jueguito sucio que pretendía dar el
dirigente mexicano.
Falló también su estrategia en el senado pues no tuvieron los
acuerdos necesarios para pasar esa desastrosa Ley en esa semana, la
semana de la mexicanidad proclamada por AMLO, y tendrá que ser votada en
fechas posteriores, ya sin la sombra de la deleznable disculpa exigida.
Y es una deleznable y absurda disculpa exigida porque México no se
puede comprender sin España, precisamente porque México no existía como
tal, es la unión de las culturas la que crea el Reino de la Nueva España
que a su vez derivó en lo que hoy conocemos como México, no podemos los
mexicanos desechar nuestra hispanidad porque de ella provenimos y no
podemos exigir en el contexto actual una disculpa por actos cometidos
hace 500 años.
La cereza del pastel la consumó a los días de hacer estas
declaraciones, la esposa, la autora material junto con un español que
reniega de su patria (Paco Taibo) de este sinsabor, al presentar un
libro que habla precisamente de LA CONQUISTA. Si, fue un marketing
perfecto para ocultar un hecho y promover otro, pero ninguno floreció
como precisaron que lo harían. Los mexicanos no nos sentimos ofendidos
ni agraviados y reconocemos como parte de nuestra cultura los hechos
sucedidos.
Haya sido ficción o realidad, AMLO ya abrió por lo menos dos cartas
muy fuertes enfrentándose casi al mismo tiempo con la ciudadanía y los
españoles, casualmente de donde su propia familia proviene.
Si, AMLO es un maestro de la distracción, el encono, la
confrontación, es el inconfundible sujeto que crea la controversia y se
retira dejando a todos enfrentados, es maestro de una perversidad
absoluta, un egoísmo y egolatría infinitas en donde él mismo se dice
libre de pecados y de una calidad moral indiscutible. Sin duda alguna un
oscuro personaje fascista a la mexicana siguiendo la doctrina de
Giovanni Gentile.