. Sentimientos todos
ellos que se acrecentaron cuando vi a Lenin Moreno y a su canciller José
Valencia pretender justificar este atropello. Y se acrecentaron aún más por la
mediocre y parcializada cobertura de prensa de los medios ecuatorianos, por las
intervenciones de los parlamentarios que votaron a favor de la resolución de la
Asamblea que apoyó la decisión del Ejecutivo de retirar el asilo diplomático, y
las declaraciones de la Ministra Romo que involucraron a un ciudadano sueco,
dos ciudadanos rusos y a Ricardo Patiño en una “trama de desestabilización
informática”. Es que el libreto es el mismo de los dos últimos años: la
traición seguida de aplausos y justificaciones bobas, seguida a su vez por
persecución política y todo ello disfrazado de legalidad.
Pero cuando un Estado comete todas las bajezas que
Moreno ha cometido, se supone que tenemos un sistema regional de derechos
humanos que está ahí para protegernos. Se supone que la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (CIDH) tiene como tarea vigilar, promocionar y precautelar
la observancia de los tratados interamericanos. Pues la CIDH nos ha fallado una
y otra vez.
Luego de la decisión de Moreno de saltarse el control
constitucional del referéndum de 2018, la CIDH recibió una solicitud de medidas
de protección a favor de tres de los consejeros del extinto CPCCS, quienes le
advirtieron sobre el descalabro institucional y constitucional que su remoción
acarrearía si el referéndum era aprobado en las urnas. La CIDH tuvo en sus
manos esta solicitud por 30 días y solo decidió acudir ante la Corte
Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) cuando el referéndum ya fue
aprobado por los electores. La Corte IDH en tan solo dos días y sin escuchar a
los consejeros ni al propio Estado desechó la solicitud de la CIDH ¡Cuánta
algarabía mostró Moreno! ¡Qué feliz que estaba! En su mente, el Sistema
Interamericano había dado luz verde para la creación del Consejo transitorio
presidido por Trujillo.
Dos peticiones individuales se presentaron en
diciembre de 2017 ante la CIDH denunciando la ruptura democrática que el
referéndum causaría. Era de esperarse que la CIDH tramitara estas dos
peticiones individuales con urgencia, ya que la propia CIDH había denunciado
ante la Corte IDH que la situación en Ecuador era de extrema gravedad y
urgencia de prevenir daños irreparables. La realidad mostró lo contrario. Ambas
peticiones individuales ni siquiera han sido transmitidas al Estado. Todavía se
encuentran en la primerísima etapa procesal ¿Qué espera la CIDH?
En todo este tiempo, el Consejo transitorio creado por
el referéndum de 2018 ha cesado a todos los superintendentes, a todos los
miembros del CNE, del Consejo de la Judicatura, al Defensor del Pueblo, a tres
magistrados del TCE. El Consejo transitorio nombró reemplazos transitorios, sin
seguir ningún procedimiento legal. Nos convertimos en una República transitoria.
¿Qué dijo la CIDH al respecto? ¿Emitió algún comunicado público? Nada. No hizo
nada.
El Consejo transitorio llegó al extremo de cesar a
todos los jueces de la Corte Constitucional, declarar una “vacancia
constitucional” que duró aproximadamente 5 meses y durante la cual no tuvimos
Corte, para finalmente nombrar una nueva Corte Constitucional, en lugar de
posesionar a los nuevos jueces de la lista de elegibles del anterior concurso
público, como así manda la ley. ¿Qué dijo la CIDH? Nada.
En dos ocasiones organizaciones de la sociedad civil y
víctimas del Consejo de Trujillo solicitaron a la CIDH los reciba en audiencia
pública para denunciar la situación en el Ecuador. En las dos ocasiones la CIDH
negó los pedidos. La CIDH ni siquiera ha querido oír a los denunciantes ¿Tenemos
los ecuatorianos acceso a la justicia interamericana?
Jorge Glas, preso político del Gobierno de Moreno,
pidió a través de sus abogados en Ecuador que la CIDH emita medidas cautelares
para proteger, entre otros, sus derechos políticos, su libertad personal y su
debido proceso. La CIDH negó la solicitud. ¿Qué razones brindó la CIDH al
momento de rechazar las medidas? Ninguna. La CIDH no motiva sus rechazos. Lo
que ocurrió después fue que Jorge Glas perdió su cargo de Vicepresidente, fue
sentenciado con un código derogado y en un proceso que no ofreció las garantías
mínimas de un debido proceso. Otra vez Moreno y sus ministros usaron a la
negativa de la CIDH como una bandera, arguyendo que el caso contra Glas era tan
limpio que hasta la CIDH dio la razón al Estado.
Tiempo después Jorge Glas fue trasladado de la Cárcel
4 de Quito a la Cárcel de Latacunga. El traslado no fue otra cosa que una
retaliación porque Fernando Alvarado, otro perseguido político de Moreno,
abandonó el país. La esposa de Jorge Glas acudió nuevamente a la CIDH para
denunciar este traslado abusivo y para poner en su conocimiento los riesgos
para la salud, vida e integridad que representan las condiciones en las que
Jorge Glas está detenido en la Cárcel de Latacunga. Silencio total de la CIDH.
Hasta el sol de hoy ni siquiera ha pedido información al Estado.
Y así llegamos al caso de Julian Assange. Sus abogados
en Ecuador y en Europa pusieron en conocimiento de la CIDH el riesgo de que el
Ecuador termine el asilo. Informaron a la CIDH de las condiciones en las que
Assange estaba siendo sometido en la Embajada ecuatoriana en Londres. Assange
estaba prácticamente incomunicado y sometido a un régimen de visitas similar al
que se usa en las cárceles de máxima seguridad. Pidieron a la CIDH que solicite
al Ecuador mantener el asilo diplomático. Arguyeron que de levantarse el asilo,
el Ecuador incumpliría con todos los compromisos internacionales que la Corte
IDH detalló en su Opinión Consultiva sobre el tema. Mostraron la amenaza que
sufría Assange de ser extraditado a los Estados Unidos. ¿Qué hizo la CIDH?
Rechazó las medidas.
Ahora que Assange ya fue detenido. Ahora que el
Ecuador ya incumplió con sus compromisos internacionales y ha puesto en riesgo
la vida e integridad de Assange. Ahora que los Estados Unidos ya hicieron
público su pedido de extradición. ¿Qué ha dicho la CIDH? ¿Ha emitido un
comunicado de prensa? ¿Qué ha dicho el Relator de la CIDH sobre libertad de
expresión? Nada. Absolutamente nada. Los ojos de la CIDH apuntan únicamente a
Nicaragua y Venezuela.
Moreno es el causante de todo lo que he narrado
arriba. En sus manos está el descalabro institucional que vive el país. Su
traición es la causante de la ruptura de principios democráticos básicos. La
vida e integridad de Jorge Glas y Julian Assange corren peligro por culpa de
Moreno. Pero ustedes, distinguidos integrantes de la CIDH, también son
responsables. Ustedes pudieron parar todo esto y no lo hicieron. Vieron para
otro lado. Creyeron las palabras vacías de Moreno. Se hipnotizaron con el cántico
de “reinstitucionalización” que Moreno, como sirena, entona en todos los foros
internacionales. Espero que la imagen de Julian siendo arrastrado por los
británicos se impregne en sus conciencias ¡Cuánto nos ha fallado la CIDH!Fuente de la
fotografía.