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Yo no soy feminista, y tú tampoco deberías


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09/04/2019


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En coautoría con Emilio Velasco





En 1848, se acuñó el concepto de “lucha de clases” y con él, se formó una ideología, principalmente envidiosa y revanchista, que ha pervivido hasta nuestros días. Engels y Marx establecieron sus tesis basados únicamente en el viejo refrán “Divide y vencerás”. A partir de entonces, ellos y sus fanáticos han intentado vender la idea de que la sociedad se encuentra dividida en una guerra de clases (los burgueses, opresores, y los obreros, oprimidos) cuyo fin es la victoria de la clase oprimida para imponer un sistema que elimine las clases y reparta los medios de producción entre los obreros, garantizando la paz, la igualdad, la libertad y la armonía en la sociedad. A pesar de que la caída de la URSS en 1991 probó cuán errada era su ideología, sus adeptos no aceptaron ese fracaso, y desde la década de los noventa nos han querido vender el gato por liebre. La lucha de clases se ha transformado en nuevas tendencias ideológicas disfrazadas que buscan, una vez más, la división y estigmatización de parte de la sociedad para crear conflicto. Lo que hoy en día conocemos como feminismo es nada más y nada menos que el caballo de Troya de la izquierda; una vía por la cual pueden imponer su programa político y económico, arrogándose la defensa de la igualdad entre hombres y mujeres, como si no hubiese gente que defienda ese valor desde otras ideas distintas. ¿Pero de verdad defiende la izquierda la igualdad entre hombres y mujeres?



Aunque el feminismo hegemónico considera que defiende a las mujeres, su imagen de ellas no es muy positiva. Desde esta perspectiva, las mujeres estarían más o menos al nivel de los infantes, seres inmaduros y débiles que son incapaces de defenderse por sí mismos de los peligros que existen en el mundo, y el Estado ha de intervenir para protegerlas. Ellos dirán que la mujer es igual o más capaz que el hombre, pero sus propuestas defienden lo contrario. Defienden una protección especial para las mujeres, la instauración de una legislación y justicia paralela a las mujeres que castigue el hecho cometido de forma más leve que si, el mismo hecho hubiese sido realizado por un hombre; y el establecimiento de cuotas femeninas para puestos directivos o de poder (¿cómo no?), puesto que consideran que de no existir esas cuotas, las mujeres no podrían llegar a esos puestos, es decir, que las consideran menos capaces que los hombres y que necesitan de mecanismos que discriminen en función del sexo. La mal llamada discriminación positiva es un oxímoron de pies a cabeza porque discriminar supone un acto de diferenciación, valoración subjetiva de los sujetos en cuestión según sus atributos y decidir cuál está por encima del otro. En este caso, se prima a la mujer por encima del hombre de forma arbitraria porque, a menos de que se pueda justificar la discriminación en base al trabajo a realizar y, las características de las mujeres (colectiva e individualmente) en relación a este, es una discriminación arbitraria.

Ya no es solo que el feminismo actual tenga un estereotipo negativo de la mujer, similar al que había en el Antiguo Régimen, sino que las propuestas con las que quieren “proteger” a las mujeres son anacrónicas, porque ya se ha conseguido el objetivo o, son irrealizables al estar basados en ideas totalmente desligadas de la realidad.

Por ejemplo, en el manifiesto 8-M hablaban de la corresponsabilidad de los hombres en las tareas de cuidados. No podemos hablar de todos los casos en los que hay relaciones domésticas entre hombres y mujeres, ya que existen distintas relaciones que puede haber entre los mismos, pero si nos vamos al matrimonio, que seguro hace referencia a eso. Vemos que en el artículo 78 del Código Civil se establece: “Deberán, además, compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y otras personas dependientes a su cargo”. Este artículo quiere decir que ambos cónyuges deben ocuparse del cuidado de los hijos y de los mayores así como las tareas del hogar. Sin embargo, esto no quiere decir que el reparto sea equitativo, proporcional, ni igual. Cada pareja se repartirá sus deberes domésticos en función de su idiosincrasia y de sus circunstancias. No decimos que esto sea fácil, que no haya conflictos por ello o que no haya maridos o esposas que rehuyan de sus responsabilidades.; lo que decimos es que esto YA EXISTE. YA EXISTE LA CORRESPONSABILIDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES EN LOS CUIDADOS.





Dicha percepción femenina por parte de este colectivo, y su materialización en propuestas, no son nada más que marxismo de corte supremacista con base en la transferencia de la lucha de clases al terreno de los sexos.

Entre las principales referentes de este movimiento liberticida se encuentra Simone de Beauvoir. Considerada por muchos como la gran referente y ejemplo a seguir del feminismo actual, ella arrastra una sombra que si se difundiera más,muchas de sus seguidoras la dejarían de lado.

Simone fue una colaboradora nazi durante la ocupación de estos en Francia. Ella formaba parte del sindicato de trabajadores públicos y optó por trabajar libre y de forma consciente en Radio Vichy1, donde se difundían de forma activa propagandas nazis. (Pudo haber elegido trabajar en un ayuntamiento o algo menos involucrado con los nazis).  Si bien era profesora, ya no podía ejercer dicha profesión por temas relacionados con la pederastia. Muchos fanáticos de Beauvoir dirán que el caso de 1943 fue un hecho aislado, pero la realidad es otra. Simone de Beauvoir hacía una abierta apología a la pedofilia. Empezando por su ensayo “Brigitte Bardot y el síndrome de Lolita” (donde abiertamente adoraba los rasgos infantiles de la actriz) hasta firmar una petición para LEGALIZAR la pedofilía y justificar el abuso sexual por parte de tres adultos a varios menores de entre 11 y 14 años. En el texto firmado por Sartre y otros filósofos encontramos cosas como: “... tanto tiempo en prisión es algo que consideremos escandaloso de por sí. Hoy, el riesgo de ser condenado largas penas de prisión por haber tenido relaciones sexuales con menores, tanto niños como niña (...)la ley anticuada y la realidad del día a día de una sociedad que tiende a conocer la sexualidad de los niños y adolescentes  “

No basta remarcar los tintes nazis y pedófilos de Beauvoir, hay que sumar su concepción misógina de la mujer. En su libro “El segundo sexo”, ella define a la mujer básicamente como un ser inerte incapaz de decidir por si misma. Es más, al igual que sus fanáticas actuales, Beauvoir consideraba que solo ella y su feminismo sabían que era lo mejor para la mujer. Como decía Lucian Valsan en su artículo: “Simone de Beauvoir era nazi, pedófila y misógina, y aun así, mucha gente la idolatra.”

Por lo expuesto anteriormente, no somos feministas y el lector tampoco debería. Creemos en la igualdad jurídica (que ya existe) entre hombres y mujeres, que son igual de capaces que nosotros y que no necesitan un Estado paternalista que las trate como niños, quitándoles su dignidad.



“Las mujeres que han cambiado el mundo no han necesitado mostrar otra cosa que su inteligencia”. Rita Levi-Montalcini







REFERENCIAS

Robles, Juan. (2018). Las 8 vergüenzas de Simone de Beauvoir, partera de la ideología de género, que (quizá) no conozcas. Actuall. Recuperado de: https://www.actuall.com/criterio/familia/las-ocho-verguenzas-de-simone-de-beauvoir-que-quiza-no-conocias/

Valsan, L. (19 de Abril de 2016). Simone de Beauvoir: Nazi, Pedófila y Misógina. Projusticia







Etiquetas:   Comunismo   ·   Sociedad   ·   Libertad de Pensamiento   ·   Feminismo   ·   Neo Marxismo

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