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Entrevista a la escritora Edurne Portela


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08/04/2019


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Licenciada en Historia por la universidad de Navarra. Edurne Portela desarrolla su carrera profesional durante trece años en Estados Unidos (Carolina del Norte y Pensilvania), con un doctorado en Literaturas Hispánicas junto a numerosos trabajos y publicaciones de investigación que compagina mientras tanto con la docencia.


Regresa a España en 2016, año de la publicación del ensayo “El eco de los disparos”. Después llegarán sus dos novelas “Mejor la ausencia” y “Formas de estar lejos”.

Actualmente se dedica a la literatura junto a diferentes colaboraciones con medios de comunicación.

Entrevista realizada por Begoña Curiel para ELD.

–Antes de “Mejor la ausencia” y “Formas de estar lejos”, ¿entraba dentro de sus planes adentrarse en el terreno de la novela? ¿Era un propósito de futuro o ha surgido con el tiempo?

Nunca me planteé escribir ficción, hasta que escribí El eco de los disparos. A pesar de ser un libro de ensayo, en él introduje unos breves relatos que tenían que ver con mis propias memorias de violencia. Me gustó mucho escribirlos y me sorprendió mucho que lectores y lectoras me dijeran que les habían gustado mucho y que se quedaron con ganas de más. Eso me dio confianza para lanzarme a la novela, pero no estaba segura de que iba a ser capaz.

–En una de sus entrevistas comentaba que cuando trabajaba en “El eco de los disparos” empezó de alguna manera a romper con la escritura del ensayo académico. ¿Fue el detonante de esta nueva etapa como novelista?

Sí, por ese aporte de los relatos que decía anteriormente, pero también porque fue un ensayo en el que rompía con la rigidez del ensayo académico, me permitía hablar desde el “yo”, mi propia subjetividad, aunque siguiera usando las herramientas teóricas académicas.

–Una vez que las novelas son una realidad que está cosechando buenos resultados, ¿plantea centrar su escritura en este género o seguirá compatibilizándolo con los trabajos que ha venido realizando?

No tengo ni idea. Supongo que dependerá del tema que quiera tratar. La ficción ahora para mí es un juguete nuevo y me encanta este descubrimiento, pero imagino que volveré al ensayo en algún momento.

–Ya sé que es pronto porque acaba de publicar la segunda pero, ¿alguna futura novela pulula ya por su cabeza?

Sí, pero como dice es muy pronto para hablar de ella.

–La violencia y sus diferentes formas son temas centrales de sus novelas. ¿Es una preocupación personal que canaliza a través de ellas o hay una explicación más amplia y compleja?

En realidad es un tema que llevo explorando desde que empecé mi carrera académica, hace más de veinte años. Me interesa porque es una parte intrínseca del ser humano y de nuestras sociedades y porque, por más que estudio sus diferentes manifestaciones y representaciones, siento que todavía no entiendo nada de ella. Por eso creo que seguiré indagando en ella.

–En “Formas de estar lejos” Alicia representa a la víctima del maltrato que “no se ve”. Siempre tengo la sensación de que gran parte de la sociedad ningunea esta realidad. Como si necesitara ver un “ojo morado” para creer.

Claro. Y fíjate que aun así, hay personas y colectivos que todavía niegan el maltrato físico, incluso si hay esa evidencia que señalas, como la del ojo morado. Pero sí, el maltrato psicológico es mucho más difícil de identificar, también porque normalmente son procesos paulatinos de degradación del otro. Son gestos, actitudes de desprecio, palabras, estrategias de control y de aislamiento que, tomadas una por una, igual no parecen maltrato, pero sumadas acaban arrasando con la otra persona.

–La intensa e interesante trayectoria académica de Edurne Portela, fundamentalmente en Estados Unidos ¿ha forjado de alguna manera su carrera como escritora? O ¿cómo ha influido una trayectoria en la otra?

Toda esa formación académica es muy importante. A través de ella aprendí a leer críticamente, a escribir, adquirí un conocimiento que yo creo que, inconscientemente, informa todo lo que escribo. También aprendí a tener una disciplina de trabajo que creo que es indispensable para lo que hago ahora.

–¿Qué nuevas satisfacciones le están reportando sus novelas? Con respecto a anteriores etapas.

Es una nueva forma de acercarme a la realidad y una nueva forma de conocimiento. Descubrir eso es maravilloso. También me da la oportunidad de establecer un diálogo continuo con el mundo exterior a través de lo que escribo, no sólo las novelas, también a través de mis columnas.

–Qué destacaría del contacto con sus lectores. De sus críticas, sean buenas o no tan buenas. Qué está sintiendo en plena vorágine de promoción de “Formas de estar lejos”.

Estoy muy feliz y muy agradecida. De momento los comentarios han sido maravillosos y en general siento que me tratan con mucho cariño y respeto.

–¿Ha vivido alguno de esos momentos mágicos de los que hablan los escritores por el comentario de un lector? ¿Alguno terrible? 

He tenido muchos momentos positivos, la verdad. Con esta novela en particular me está pasando que muchas mujeres (incluso algunas colegas escritoras) me dan las gracias por escribirla porque sienten que he contado de alguna manera su historia.

–Colabora con diferentes medios de comunicación. ¿Es complicado no mezclar estilos a la hora de escribir cuando se desarrollan distintos formatos?

La verdad es que no me cuesta. Cuando me siento a escribir una columna no tengo interferencias de la ficción. Son dos procesos, además, muy diferentes.

–Todos los escritores insisten en que la disciplina, la rutina diaria es indispensable. Cuando no es posible porque la agenda está repleta, ¿cómo lo hace Edurne Portela?

Busco los momentos. Cuanto más ocupada está una, más aprovecha los pequeños momentos para trabajar.

–¿Necesita de un ambiente determinado para escribir o puede hacerlo en cualquier lugar y horario?

Escribo mejor por las mañanas y en mi casa, pero eso no siempre es posible, así que me he acostumbrado a escribir en trenes y hoteles. Lo único que sí necesito es silencio. Pero cada vez es más difícil conseguirlo, sobre todo fuera de casa y en espacios públicos. Entonces opto por la música que me gusta y auriculares que aíslan de ruidos molestos, como gente maleducada hablando por teléfono en el tren.

–¿Qué lee Edurne Portela? Ahora y a lo largo de su vida lectora. Sobre todo en la infancia y adolescencia. ¿Tiene favoritos?

Leo mucho y mis favoritos cambian según voy cambiando yo. Pero de la niñez recuerdo el impacto que me causaron Momo de Michael Ende y El camino de Miguel Delibes. En la adolescencia me enamoré de los grandes autores latinoamericanos como Gabriel García Márquez, el Vargas Llosa de Conversación en la catedral, Rosario Castellanos y su Mujer que sabe latín, Alejo Carpentier…

–El País Vasco está en sus páginas aunque sea con distinta intensidad en sus obras. Supongo que se escribe mejor de lo que se conoce y se siente de una manera especial.

No es tanto por escribir mejor, sino más bien porque mi preocupación por nuestra historia está siempre presente en mi obra.

–En el documental “Vida y ficción” trabajó con José Ovejero recogiendo conversaciones con otros escritores para saber por qué trabajan en lo que trabajan. ¿Logró sacar una conclusión en claro de «por qué todavía siguen escribiendo los escritores»? ¿Es una reivindicación o más un canto a la esperanza de que su función es indispensable para la sociedad?

El documental es una defensa de la literatura. Muestra que, más allá de las condiciones materiales en las que escribimos que normalmente son bastante precarias, la literatura nos permite indagar en temas fundamentales de forma propia. Cada autor/a nos habla de esos temas que siempre han estado presentes en la literatura: la muerte, la memoria, el cuerpo, el dolor, la infancia…

–«Si me escribes para invitarme a trabajar (preparar una charla, dar una clase, escribir un texto) y además pretendes que cubra yo los gastos, un aviso: como cualquier carpintera, maestra, fontanera, enfermera, no trabajo gratis. Si no crees que lo que hago es remunerable, ahórrate el trabajo de escribirme. ¡Gracias!». Esta es la presentación que aparece en su página en el apartado de “contacto”. Genial. Permítame mi humilde felicitación. ¿Por qué es tan difícil –a veces resulta imposible dependiendo del interlocut@r–, hacer entender al mercado laboral que el trabajo intelectual es “trabajo”?

La verdad es que yo no entiendo a la gente que piensa que lo que hacemos no es remunerable. Es una falta de respeto absoluta hacia nuestro trabajo. Que piensen lo que les dé la gana, yo no voy a perder mi tiempo explicándoles por qué, si voy a estar trabajando horas en una charla o un texto, si voy a perder días de trabajo para desplazarme a un lugar, deben pagar un honorario. Desde que puse ese aviso me he ahorrado, seguro, más de una discusión innecesaria y si alguien me contacta ya me dice que la invitación conlleva honorarios. Eso sí, les sigue costando decirme a la primera cuánto pagan y siempre tengo que acabar preguntándolo. ¿Por qué costará tanto hablar claramente de dinero en este país?







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