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Valparaíso en mi Poesía


Inicio > Literatura
07/04/2019

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VALPARAÍSO




Enredadera de ensueño

en un mágico recodo del Pacífico.

Ciudad fresca, vibrante,

de mil secretos escondidos

en la sutil embriaguez

de sus barrios empinados

Torbellino de sonrisas

Invitando a la aventura lejana

Valparaíso,

Relampaguear multicolor en las fiestas

Reflectores curioseando las galaxias

Cerros cubiertos de metáforas.

Metáforas en busca de luciérnagas

rasgando la sombra quieta de la noche

con el murmullo incesante de la brisa,

Fantasía que se desliza

Por los cables dorados

de los ascensores

hacia la frontera diamantizada

del horizonte





Colegio Rubén Castro, 1963.

NAGUILÁN

Tumbado cual anciano pensativo

El navío duerme en su duro lecho

La soledad pasea con la brisa marina

por la humedad crujiente de sus bodegas

Silenciosos mástiles suplican socorro

a las estrellas

Miles de miradas han rozado sus chimeneas

ya oxidadas por la indiferencia

de la vida

Su quilla se ha herido

en oleajes que azotaron los maderos

Ya las olas acarician hipócritas

la popa angustiada

La noche lo rodea

el viento frío abre aún más sus heridas

Los astros, desde su terraza de luz,

observan al Naguilán en su desgracia

y lo cubren cariñosos con su sueño.





1963, Copihue Tricolor, naufragio en Valparaíso.

A VALPARAÍSO, PRIMERO VOLVIÓ EL RECUERDO

Hoy tienen encanto retardado

la blanca biblioteca del colegio,

nuestros pasos forzados, en puntillas,

esa solterona con cara de silencio

En la libre costanera celestina,

grandes trompos de espuma desafiábamos,

los furtivos pitillos, las cimarras,

los tesoros de anónimas fragatas

Con sus chapas llorosas descolgadas,

un almud de misterio en sus tatuajes,

con su sueño minero en almendrales,

el ascensor Polanco se empinaba

Traía el torreón sobre su arcada

el crepúsculo sembrado de romance,

el puente elegido por suicidas,

todo el siglo prendido

en sus ajuares

Mi recuerdo hoy pisa entusiasta

Se adelanta olfativo, con ansias

Va explorando en braseros de abuela

coloniales vigas fantasmas

Calles altas, adoquinada palma,

mi recuerdo hoy busca su calma

tras las mamparas del cité, protegidos,

hubo pacos durmiendo su guardia

Sube, sube, recuerdo sin trabas

Atesora y rescata del alba

los pitazos llamando a las fábricas

¡Falta tanto en cada manzana!

No hay retén ni caballos que pastan

Las bateas no entonan sus tangos

El pregón ya no cruza la plaza

¡Ay, mi patria, se mustia tu casa ¡

Las esquinas se preñan de rabia

La novena no lleva campanas

Tus hijos escapan o cambian

Valparaíso, el recuerdo hoy en ti se desangra

Basterrica es una calle sin alma

Las postales no alcanzan,

no alcanzan…





Buenos Aires, 1980.

POR NOMBRE, VALPARAÍSO

En el primer sorbo de tu espuma,

en el primer asomo hacia tus duendes,

te llamé, Valparaíso,

enredadera de fantasía

en un mágico recodo del Pacífico

¿Cómo llamarte hoy, andén del alba?

¿Cómo si ya no hay lumbre en tus candelas?

Simple como te vi,

vas en mi estribo,

Eres ancla central del desvarío.

Simple, como el brincar de tus inviernos,

Alto, rudo y sensual

con siete espejos.

Vengo de recorrer largas bahías

Vengo de remecerme en tus recuerdos.

Padre yo te sentí en astilleros

Padre yo te llevé por cien senderos.

Vuelvo, pobre de mi, viejo y reseco

Trepo hasta el mirador, lleno de viento

Vuelvo casi sin voz

Vuelvo y te trepo

Hay sed de atardecer

Bebo sin tiempo

Puedo por fin morir,

pródigo hijo

Recibo tu perdón,

renazco en besos.

¿Cómo llamarte hoy, pálido amigo,

si fue nuestra amistad

barril de sueños

pendiendo del farol

de algún prostíbulo?





Memorias Poéticas y Licencias para un Reinicio, 1993





DE FARRA EN VALPARAÍSO

Hoy he venido a tus patios a escudriñar los recuerdos

vibrar de nuevo tu ritmo, prendido a tu firmamento.

Hoy me instalé en tus alturas para repasar los caminos.

Crepusculares se vinieron los temblores aprendidos,

Las espumas se encendían y el tiempo se devolvía

perdido por cien quebradas, fronteras de lateríos.

Adoquines y escaleras, el pecho late de prisa,

amores roncos de olvidos, de rayuelas y exorcismos

Me traje en mi recorrido un aromo florecido,

tristes aullaban mis perros, encandilados de vinos

Los eucaliptus musitaban colibríes y luceros.

Abuelas junto al brasero, susurran penas de fuego,

En tertulias fantasmales, mis muertos liban gloriados

y el tango surge de nuevo, entre Gardel y Castillo 

Con ponchos de alpaca y cobre,

camufladas de sortijas,

se arremolinan sensuales

las mujeres con tarifa

La higuera duerme reseca,

 las guitarras han partido

Como noche de San Juan,

con ecos de brujos ebrios,

se empina en acantilados

un corazón clandestino

Escapa por ascensores un amante empobrecido,

el pregón de navegantes termina en los lateríos,

La cueca brava aparece,

se me encabrita el deseo,

mosaicos de reflectores anuncian un año nuevo

Yo me estremezco de besos

y el puerto se vuelve niño.





Comarca de Poetas,12 de enero de 2016





Etiquetas:   Literatura Latino Americana   ·   Poesía   ·   Valparaíso

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