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Incertidumbre económica


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27/03/2019


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De economía va el rollo de esta semana, pues, aunque el Brexit se ha convertido ya en un tema cansino, lo cierto y verdad es que la incertidumbre que estamos viviendo, por mor y gracia de los británicos, que están acostumbrados a ganar en todos los líos en los que se meten, se está cobrando los primeros dividendos en forma de deslocalización empresarial y financiera (principalmente en Gran Bretaña), y en la retracción momentánea de la economía, en Europa.

Desde que los ingleses decidieron salirse de la UE, más de 275 empresas financieras han decidido trasladarse, desde su sede ubicada en el Reino Unido. Los activos y fondos que están moviendo están valorados en 1,07 billones de euros. Y son miles los empleados que se están trasladando a otros países de la UE. Según informa el New Financial, en uno de los informes emitidos, y que se considera de los más completos y objetivos, la diáspora de empresas beneficiaría a otros países, como receptores de las mismas. En primer lugar, se encuentra Irlanda, con más de 100 empresas acogidas por este país. Seguidos de Luxemburgo (60), París (41), Frankfurt (40), y unas 32 a Ámsterdam.

Y mientras, en España nos quedamos viendo la luna de Valencia. Relamiéndonos de satisfacción por el buen clima que tenemos, lo bien que se come, y por ser los líderes mundiales en la práctica de la “siesta”. Aunque no nos queramos enterar que la economía se está “desacelerando”, como en aquella otra ocasión en la que también afirmábamos que jugábamos en la Champions League de la economía mundial.

El factor principal por el que España se ha quedado, prácticamente, fuera del reparto del pastel, no nos cansemos, es la inseguridad jurídica. De todos es sabido que cualquier empresa o fondo de inversión, a la hora de elegir un destino, analiza de forma exhaustiva las condiciones socio económicas, pero sobre todo las circunstancias jurídicas y los factores de seguridad que le puedan condicionar a la hora de sentar sus reales en cualquier terruño.

Y España no es que sea un modelo a seguir, precisamente, en lo que se refiere a dar una sólida sensación de seguridad jurídica. Muchos son los ejemplos que se podrían poner. Uno de ellos, sin duda, es la tan cacareada “contrarreforma" laboral que el gobierno quiere imponer, y de la que no paran de hablar nuestros políticos situados más a la izquierda. Cuando en el resto de Europa se han desgañitado pidiéndonos que no lo hagamos y que, en todo caso, la citada reforma (que se quedó corta) hay que revisarla, pero para fortalecerla, no para derogarla.

Otro factor de inseguridad lo produce, aunque no me quede más remedio que referirme a él, el maldito procés, y sus consecuencias imprevisibles, de cara a un futuro, tras las elecciones generales.

El caso vivido con la fallida ubicación en Barcelona de la sede de la Agencia Europea del Medicamento, es una buena prueba de lo que supone para España, y en particular para Cataluña, el conflicto generado en esta parte de nuestro territorio; además de las consecuencias que esta situación está generando (y lo va a seguir haciendo) en lo que se refiere a la deslocalización de grandes empresas e inversiones extranjeras. Y para muestra un botón: desde el 1 de octubre de 2017 Cataluña ha perdido 3.819 empresas, 22.263 millones de euros en depósitos y casi un tercio de la inversión extranjera en la región.

Entre tanto, y para afrontar estos problemas, el gobierno de la Generalitat está jugando a los lazos de colores y a ver quién la tiene más larga (la lengua), a la hora de burlarse de todo lo que represente al Estado español, o a aquellos que no comulguen con las ruedas de molino que el independentismo quiere imponer por la fuerza, a pesar de que no son mayoría en Cataluña.

Pero no solo Cataluña sufre las consecuencias de este periodo de incertidumbre. En el resto del territorio español existe un claro síntoma de zozobra y de inseguridad motivado por los vaivenes políticos a los que nos enfrentaremos tras las elecciones generales. Unos comicios que pueden cambiar sustancialmente las reglas del juego, en muchos campos de la economía y de la industria, y que –en muchos casos- podría afectar a las inversiones, que buscan cobijo en lugares tranquilos y sin riesgos añadidos. Ya lo dijo Ignacio de Loyola: “en tiempos de tribulación no hagas mudanzas”

Otra sorpresa que nos aguarda la podría protagonizar el mapa que nos podemos encontrar tras las elecciones autonómicas de mayo, y los más que previsibles cambios que se pudieran originar, y que –seguro- darán lugar a unas nuevas composiciones de los parlamentos autonómicos. Órganos legislativos, estos, que, en su afán por reflejar sus ansias autonómicas, no cesan de legislar, machacando la ya debilitada unidad de mercado en la que se encuentra España. Eso sí, en su legítimo derecho del ejercicio de sus competencias, aunque algunas de ellas nunca debieron haberles sido transferidas.

James Roberts, investigador de la Fundación Heritage, decía que “… las comunidades autónomas están fraccionando la unidad de mercado”. Añadiendo que “La sobrerregulación está asfixiando a las empresas en España”. Un dato que tendríamos que tener en cuenta y que nos debería hacer reflexionar, si algún día se nos ocurre revisar nuestro Estado de las Autonomías. Un modelo que ha resultado muy beneficioso, pero que también ha supuesto algunos hándicaps. Y uno de ellos está afectando a la competitividad de nuestro país.

España no se puede permitir el lujo de verse troceada en diecisiete mercados diferentes. Donde 17 normas distintas, medioambientales, urbanísticas, o sanitarias frenan el desarrollo y expansión empresarial. Y donde las distintas regulaciones autonómicas de los colegios profesionales impiden el libre ejercicio de sus afiliados, regulados en el ejercicio de su profesión, por cánones que afectan a una pequeña parte de nuestro territorio.

A todo esto, el gobierno dice tener todos los planes de contingencia preparados para afrontar cualquier eventualidad. Y si nos remitimos al resto de los partidos, no hay más que tener gana de empaparse con el contenido de sus correspondientes mítines semanales, para darnos cuenta que lo tienen todo previsto también. ¡Menos mal!, porque yo ya me estaba preocupando. Como los veo tan atareados, enfrascados en sus discursos cansinos y reiterativos, es que no sé cómo tienen tiempo para dedicarse a gobernar, que es a lo que se tienen que dedicar, que para eso les pagamos.

Lo dicho, la inseguridad jurídica genera incertidumbre económica. Lo que viene a significar (utilizando el léxico taurino) que nos atemos los machos que vienen curvas. Y que, en Román Paladino, se traduce por:  prepárate para lo que se avecina.

Pos eso.

Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com



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