.blogspot.com/2011/07/pan-de-rana-autora-inma-millas.html">http://fcandelacriticaliteraria.blogspot.com/2011/07/pan-de-rana-autora-inma-millas.htmlLápizCero ediciones. 2011. Con la muerte nos hemos
dulcificado, inexorablemente
“Dejad a los “muertos” que
entierren a sus muertos” decía Jesús, quizá conocedor en los misterios
del espíritu, de que “muertos” eran aquellos que desconocían el significado de
un plan divino en el que, en apariencia, todo finalizaba con una tumba bajo
tierra.
Inma Millás no sólo comulga con
esa intuición, sino que también sabe que es inútil clavar la tapa del ataúd del
cual habrá de salir a pasear un esqueleto, una vez pasado un prudencial tiempo
de la descomposición orgánica; así quede todo bien rebañado. En este libro, la
muerte es sólo un evento del que ha de surgir uno mayor y no definitivo.
La realidad en la literatura de
Inma, es un bote de esencia prodigiosa que hay que agitar hasta los posos
antes de usar. La mixtura de sustancia irreal se convierte en una
pócima mágica que crea una suprarrealidad donde la imaginación más
inverosímil se nos hace tiernamente creíble.
Los elementos de atracción para
recrear una dimensión racional, nada que ver con la coherencia de lo rutinario,
devienen de una visión romántica de la existencia en la que se abarca la muerte
con una trascendentalidad que nos convence de los muchos beneficios de experimentar
las emociones de un cadáver.
Desaparecida la carne, los
andares de Carola, la protagonista, pertenecen a los huesos que se trasladan
con toda naturalidad ósea, buscando significado a las remembranzas de lo vivo,
en tanto la mirada rectangular y en blanco y negro de la calavera da cuenta de
los misterios existenciales observando el entorno, traspasadas las
barreras de lo mortal.
Los cadáveres conforman una variedad de pensamiento tan estrambótico como el de
los vivos en una realidad donde todo es posible más allá de lo imaginariamente
predecible.
Imaginación desbordada con un
ingenio perspicaz de argumentación que parece inspirada de los trasuntos
metafísicos de una autora que parece convenir con la fantasía, una
expansiva sabiduría de lo imposible que crea un entorno ordenado y clarificador
de una realidad de la que nos imbuimos en la sensación de un mundo que bien
podría haber sido, como ella lo describe, de no ser evidente éste.
De este modo
es fácil imaginar la volátil disposición de la Autoestima a escapar, cuál
díscola mariposa, de los individuos que la pierden o introducirse un escritor,
en su libro a medio escribir, para sustituir a su indispuesto personaje
con el fin de acabar la obra... los tintes surrealistas son absoluta, demoledoramente
ingeniosos.
En “Pan
de rana” de Inma Millás, todo es necesariamente posible, no obstante la Muerte
representa un simbolismo de dulzura tragicómica en el que el entendimiento es
tan versátil como ofuscador, durante otro periodo de aprendizaje al otro lado
de lo existente… o lo evidente, porque bien podría ser la etapa de la
mortandad una transición costumbrista de la que aprender como esqueletos lo que
el cerebro, ocupando la calavera, no logró desentrañar.
Porque
la falta de entrañas, de vísceras funcionales, no implica que la
protagonista esquelética, literal, sienta con los sentidos predispuestos sin
órganos que expliquen su funcionalidad existencial. El giro final aun implicará
más sorpresiva una narración gratamente pasmosa.
Inma Millás se descabalga de la
realidad para enaltecer la consciencia de muerte y convertirla en un deleite
poético, intelectual, romántico, sensible, muy sensible, humorístico y
transcurrida en compañía de personajes con el mismo destino de divagación en
busca de los misterios de lo infinito a través de los sentimientos despiertos.
En esta asombrosa novela nada es lo que parece: ni los muertos parecen estarlo
en el fondo, ni los vivos parecen ver y escuchar mejor que los ojos o los
oídos de los que no lo están. Nada es lo que puede parecer y todos terminaremos
pareciendo en el Campo Santo de la incertidumbre que pondrá fin al capítulo de
las paradojas que seguirán siendo paradójicas para quienes hayan de seguir
pensando sobre ello hasta dar con los huesos en la tumba.
De la muerte nadie se libra pero
tenemos la oportunidad de comprender su cometido que la autora descifra con
armónicas conclusiones y sentires dulcificados.La ironía acrecienta la impronta
de inteligencia sistemática que se desgrana durante las 165 páginas de
sorprendentes aspiraciones conseguidas.
La Muerte que recrea Inma Millás
es amable y virtuosa, una continuación de la epopeya de las inquisitivas
obligaciones que nos devuelve al destino de lo efímero para descubrir la
belleza de lo perenne en las Artes de la música, los versos, la literatura y la
inspiración de lo creativo, inmortal, pese a la temporalidad de los creadores.
Afirmaría que las imaginaciones
de la autora columbran una intuición espiritual, ahondada en la sencillez de un
alma que se desparrama virtuosa sobre el papel, con estilo de impecable letra
cultivada, dando consistencia a la sospecha de algunos mortales que pensamos
que nada acaba, sólo se transforma, como viene a consignar las investigaciones
de la avanzada Física Cuántica que explica la existencia de múltiples
dimensiones inadvertidas por los sentidos de lo humano… como la energía
portentosa de “Pan de rana” que , en su convicción singular, nos brinda la
oportunidad de emocionarnos y congraciarnos con la Parca que en las líneas de
esta obra se nos transforma en amable conocida de ida, vuelta... e ida...
Sólo un alma evolucionada, podía
escribir tanta maravilla y lleva el libro una rúbrica de realista dureza de la
vida que con la fantasía de la muerte es pura dulzura y con la consistencia de
un significado donde nada cae en saco roto, ni ataúd desencajado; ni siquiera
el esqueleto de la protagonista que gusta darse largos paseos por una escuela
llamada cementerio y de la que aprenderemos, aun respirando, mucho.
Desconcertante e imaginativa,
viene a a dar la razón "Pan de rana" de que no hay peores vivos que
los que no saben ver ni oír... con lo aguzados que están los sentidos de los
muertos.
Ignacio Fernández Candela