.blogspot.com/2011/07/el-olfateador-escritor-francisco-angulo.html">http://fcandelacriticaliteraria.blogspot.com/2011/07/el-olfateador-escritor-francisco-angulo.htmlLápizCero ediciones. 2011.
El olfato del ingenio creativo
La trascendencia es aquello que se impulsa en la corriente
de lo previsible y traspasa la frontera creando su propio reclamo; en las
artes literarias es todo un paradigma de solidez argumental y es más
concluyente en el género policiaco. Francisco Angulo conoce la esencia
de lo eficaz en la confección de la trama narrativa y el resultado es
singularmente atractivo.
Pero ¿qué sucede si además de traspasar la frontera de lo
formalmente correcto, de lo estilísticamente impecable, se añade un sello de
originalidad que convierte en patente lo insospechable para el lector? Pues que
nos encontramos un libro como El Olfateador para concitar atención inmediata en
la lectura. Si la imaginación del autor genera brillantez en el ámbito del
proyecto de la Ciencia, no menos excelente iba a ser la desplegada en el
espacio literario con una canalización de originalidad implícitamente
convenida.
Olfateador es familiarmente un sustantivo que rememora la
pesquisa inherente a la acción policial. Así podríamos concebir la narración de
lo policiaco, si bien en la novela de Francisco Angulo predomina
la originalidad considerando que hablamos de un intelectual pragmático,
acostumbrado al examen analítico y a la complejidad del desarrollo científico
en una imaginación sorprendente, versátil y efectiva.
El contraste de la ciencia axiomática frente a la
consciencia vulnerable del alma terrenal, tan falible, es una constante
de intriga que da identidad a Harry, el investigador protagonista que vive
el declive de su carrera profesional con la angustia incontenida por la
impotencia de no resolver el asesinato de la pequeña Lisa, acaecido muchos años
atrás.
Continuos cambios de ritmo esbozan la integridad argumental
en que subyace la discontinuidad de la confianza en las posibilidades humanas,
siquiera en la grandeza de la misericordia o de la bonhomía de las intenciones
nobles, frente al embate de los conflictos existenciales que degeneran en
crimen, para resguardar la esperanza de que la Ciencia resuelva lo que
la perspicacia humana no logra atisbar por esconderse de la propia consciencia
bienintencionada de la voluntad aparentemente bondadosa.
Quien otea y cimenta
las perspectivas de la novela policial aportando rasgos de creatividad
inesperados, es un autor que demuestra estar versado en el inextricable
submundo de la conciencia frente a la problemática mundanal de la
radicalización de las sensibilidades en que degenera la oscuridad de la
violencia.
El Olfateador alude a la bestia indómita del
intimismo visceral en que confluye la confusión y el pulso por la cordura ante
la amenaza de la demencia. Trata de criminales pero también de locuras fundadas
en la justificación de los males que busca el bien de sus inconfesables
satisfacciones. No es un chapoteo, esta narración, por la trascendencia de las
luchas entre el Bien y el Mal, sino una profunda disquisición de lo mundano
confrontado con sus más profundos y dementes temores. Estamos ante una novela
que es miscelánea de acertadas sensaciones, a cada cual más fascinadora e
inquietante.
El desarrollo de la acción está pautado por una antología de
casos policiales- llamado “De crímenes y criminales”- que conforma un anecdotario
dinámico sobre la multiplicidad de factores que incide en el móvil de los
crímenes y la naturaleza impenitente de la ambición humana, torcida y entregada
al desfase de la agria voluntad asesina que en ocasiones no es comprensible ni
para el propio ejecutor desde la complejidad del espíritu destructivo que se
genera del inconformismo y la malignidad.
El Olfateador es un libro con propias pautas de
creatividad que resuelve una argumentación funcional con una miscelánea de
registros acomodados en un género policiaco que no obvia la ciencia
ficción y la profundización en la moral concluyente de las sinuosidades de la
mente , como la dificultad por analizarla con la paradoja de sus
contradicciones, siendo en esta ocasión, espectaculares.
El eje troncal argumentativo es el desvalimiento de las
sensibilidades ante la sinrazón de la violencia; una constante existencialista
en el laberinto interno de un policía que se ve influido por las miserias de
los bajos instintos después de tratar , cara a cara, con el crimen y los
autores que los inspiran. Todo asesino posee su propia marca de inspiración
destructiva, como así explorará el olfato de un Harry, inspector de policía,
con sus propios instrumentos de conciencia obnubilada ante el olvido de la
realidad.
En la magnífica novela de Francisco Angulo no
falta la sorpresa final, bien presentada y con intención de ingenio, que nos
acompaña durante toda la trama aun sin advertirlo hasta el momento preciso. La
confluencia de las paradojas desemboca en una superior de realidad donde nada
es lo que parece ni nadie es identidad previsible en un dédalo de vitales
subsistencias, ante una naturaleza salvaje y significativamente
misteriosa que, por mucho que se pretenda explorar, siempre será desconocida
incluso ante nosotros mismos.
No obstante la frase que inicia esta obra es tremendamente
lapidaria, acerca de la delgada línea que se traza entre el Bien y el Mal,para
finalmente quedarnos fuera de ella.
Resuelta, consistente en estilo- una constante de todas las
obras publicadas por LápizCero Ediciones- y capaz de imbuir al lector en sus
expectativas fielmente cumplidas de la originalidad, El Olfateador
aporta lo que el género policial trasciende a sus lectores y se implementa,
además, con otras virtudes que el ingenio conlleva en el arte escrito y que
Francisco intuye como excepcional investigador de las posibilidades humanas.Ignacio Fernández Candela