.blogspot.com/2011/07/bermellon-escritora-chus-cuesta.html">http://fcandelacriticaliteraria.blogspot.com/2011/07/bermellon-escritora-chus-cuesta.htmlLápizCero ediciones, 2010.
Bermellón: el cromatismo de la eternal dulzura.
Con la convicción literaria que otorga la genuina intención
de las inspiraciones- bajo el auspicio del ingenio- “Bermellón”, de Chus
Cuesta, entronca por méritos desgranados de generosidad creadora, párrafo a
párrafo, con la Literatura mayúscula, intemporal, persistente más allá de los
usos temporales de la creación, para afirmarse como valor universal en la línea
de las más grandes obras.
Sé que Chus es autora del Siglo XXI, pero no exagero mi
percepción. Sólo Werther de Goethe y su amor derrotado por Carlota y la amistad
virtuosa de Guillermo, me otorgó el conocimiento del sentir expresado en la
consciencia de una emoción eternal. El Henri Toulouse Lautrec de
“Bermellón”, me ha constatado el amor puro, redivivo y exultante en mi emoción
lectora. La sutil descripción de valores universales como el Amor y la Amistad,
abarca una concepción literaria inesperada que me ha entusiasmado por la
esencia de su genialidad tan sencilla como nada frecuente.
“Bermellón” es una miscelánea de contrastes que narra, acaso
con ritmo poético que se capta con el alma, el don de los creadores que es toda
una disquisición ante un mundo previsible. Henri, McGregor, el Veneciano,
Tapié, conforman una unidad de nobleza perfilada por una lealtad que emociona y
emplaza con los valores de la amistad excelsa. El devenir de los personajes
torna la argumentación narrativa en una oda al amor, al compañerismo a
ultranza, al significativo trance de una bohemia enraizada en el espíritu de
las rebeldías, la consistencia de las fidelidades y la permanencia de la
dulzura.
Chus traza ingrávidas líneas de
magistral preciosismo que rubrica la autoridad del ingenio por las letras y una
sensibilidad sorprendente que trasciende al propio lector. Sabia es la
observación de los invisibles lazos de lo espiritual que se manifiesta a través
del Amor y las relaciones personales que son en este libro de una belleza
absolutamente embriagadora.
Con toda esta capacidad narrativa destaca la maestra
descripción de la abisal incertidumbre de los sentires que maneja el destino,
en apariencia servil, como lo es el del entrañable protagonista Henri. Ahíto de
sensaciones en la nobleza de su entorno- que le convierten en hombre
libre aun con las cadenas impuestas de las limitaciones físicas- Henri acaba encontrándose
con las capacidades de la expansión del alma que vuela ligera hacia Céline, un
reto en el paradigma del amor que le da y le quita la vida.
Henri se nos allega en la inquietud del amor que
contemporiza con la genialidad y nos transforma la cotidianeidad de lo
circunstancial, paradigmáticamente, en la intimista resolución del exclusivo
altruismo amoroso. Un altruismo que suaviza las taras, como cicatrices de un
impedimento para el propio espíritu de lo batallador, con el dolor de lo
consciente y el anhelo esperanzador de lo imposible. El arte y el enamoramiento
se conjuntan en color bermellón, como la casualidad de un pincel que obedece
los designios de un artista, presto a retratar su propio sentimiento cuando
posa el objetivo de su ensoñación personal.
El gran simbolismo de la paradoja en la ausencia, aun con
toda la plenitud del fondo de las almas que se separan aprendiendo todo la una
de la otra, queda vinculado por el cariño expreso del Amor a pesar del
conocimiento de su imposible.
Céline busca la universalidad
en el triunfo personal, gracias al impulso de un Henri que le alecciona el
alma; un enamorado que guarda celosamente la expresión del Amor infinito
que le sublima y le da la espalda. Con todo, sí, amor sublime.
Es sorprendente la facilidad de la autora para mimetizarse,
como experta del alma, con tantos conocimientos multidisciplinares que dan
clara noción de la profundidad de su espíritu creativo. El reflejo exacto de
una época, la interpretación del arte pictórico y literario; la aguzada
percepción de la paradoja para resolverla con hermosas sentencias, son algunos
de esos conocimientos multidisciplinares que dan consistencia de estilo único a
un modo de ser y expresar, literariamente arrebatador.
La vasta extensión de las posibilidades literarias con la
eficacia en el ordenamiento de las palabras, muestran de manera ilimitada- los
recursos personales como autora lo son- la certeza de la obra maestra, en la
intimidad creativa, de una mujer actual, a la altura de los mejores… de épocas
pasadas.
Chus no sólo conoce la analítica gramatical, desentrañando
la maestría que concibe la lógica ordenada del castellano con pleno dominio,
también instrumentaliza esa maestría para canalizar la infinita esencia del
alma sentidora; la que se desparrama con ingenio para abarcar la medida de lo
eterno a la comprensión humana, con la sencillez de un espíritu muy versado y
evolucionado que comprende ciertamente los misterios sobre el prodigio del Amor
verdadero.
Después de ahondarme en la versátil ingenuidad de almas tan
nobles que contiene “Bermellón”- a pesar de la acerba teatralización de una
vida demasiado real que forja en dura fragua el espíritu- perdura una impresión
de dulzura resolutiva que me ha convencido profundamente. Mucho habré de leer
este libro, convertido en favorito de mi vida, pleno de una retórica intimista
de rebosante sabiduría.
Esta lectura me ha dejado la impronta de un deseo
“Bermellón”… imaginar la mirada de la autora cuando escribía esta impresionante
obra, para poder percibir la magia de un virtuosismo inspirado, capaz de tanto
en contadas páginas de inmenso deleite lector.
Después de ser testigo lector de estos ingenios, ahora
comprendo en su justa medida las acepciones de goloso y dulce que lleva la
dedicatoria de nuestro libro por parte de su autora. Estas impresiones de
Literatura mayúscula siempre permanecen y ya voy buscando otro libro de Chus
Cuesta. Impresionante inspiración del alma.
Ignacio Fernández Candela