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No todo vale


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14/02/2019


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El gobierno de Pedro Sánchez se ha visto obligado a recular, tras el bochornoso espectáculo que ha supuesto el fallido proceso negociador con los independentistas. Mientras, algunos de sus ministros y ministras, encabezados (o encabezonados, no sé) por la Sra. Carmen Calvo, nos han brindado una penosa actuación, digna de una tragicomedia propia del teatro de lo absurdo, y víctimas, sin duda, del papelón que les han obligado a representar.

La Sra. Calvo, tras el tsunami producido, apareció en rueda de prensa, provista del correspondiente traje de bombero, y estuvo tratando de justificar, durante hora y media, lo que ni ella misma se creía. Hasta el punto, que un periodista, cansado de escuchar las reiteradas consignas sobre la normalidad e intrascendencia de lo que estaba ocurriendo, osó preguntarle: “¿entonces Sra. Ministra, por qué nos han convocado a esta rueda de prensa de forma urgente?” Había que haber visto la cara de primeriza que se le puso a la portavoz del gobierno.

Pero la pobre no tuvo bastante con un sapo y se tuvo que tragar dos. Al día siguiente, tuvo que salir de nuevo, en rueda de prensa, tras un Consejo de Ministros y Ministras, bastante movidito, por cierto, a anunciar la ruptura de las negociaciones. Y aquí viene lo mejor; cito textualmente: “en base a que los independentistas quieren hablar del derecho de autodeterminación y del referéndum”. Otra guinda: Adriana Lastra, del PSOE, achaca el fracaso a que “…los independentistas anteponen el interés propio al interés general de todos los españoles”. ¡Toma ya! como si estos dos argumentos no los conociéramos desde el minuto uno del procés.

¿Pero es que el gobierno se entera ahora de lo que piden los secesionistas? Quiero pensar que no todos, pero, algunos de los miembros de este gobierno, o están sordos, o tienen algún problema que les produce un efecto retardado en su proceso de comprensión, o se están quedando con nosotros.

De todas formas, esto no ha terminado aquí.  Pedro Sánchez, como buen negociador que es (me dicen que alguna clase le dio Zapatero), no quiere cerrar ninguna puerta. Y a la petición de 21 medidas que le hizo el gobierno de la Generalitat, y que ha tenido guardado bajo siete candados hasta que el Sr. Torra le ha dado la gana de publicarlo, contesta con un memorando en donde sigue ofreciéndoles una mesa de partidos catalanes. Pero, además, a nivel nacional (alguien tendrá que explicar esto como se come), y con representación de Podemos y el PNV (como pide Torra), más el famoso relator, que el Sr. Sánchez no lo ha descartado. Parece comprensible, por otra parte, ya que le ha costado tanto que entendamos la descripción y utilidad de esta figura, que ahora no lo va a desperdiciar.

Por lo que apreciamos, el líder del PSOE prefiere usar aquella expresión, usada por los hidalgos en el Siglo de Oro, que decía: sostenella y no enmendalla. Y sigue erre que erre, a pesar de que todo lo que está planteando está viciado de origen, dado que el planteamiento de una mesa de partidos donde aquellas fuerzas políticas que representan a más de la mitad de la población española no van a estar presentes, no tiene legitimidad alguna. Y eso lo saben.

Lo lógico sería que este tipo de negociaciones se celebraran en el parlamento donde está representada la mayoría del pueblo español. Además de que, fue allí donde el propio Pedro Sánchez, antes de ser Presidente, propuso celebrar cualquier contacto o negociación que hubiera que hacer en relación con la situación de Cataluña. ¿Por qué no recurren, entonces, a desarrollar esas conversaciones en el Congreso?

La respuesta es bien simple. Los independentistas prefieren una mesa donde, con la inclusión de Podemos y PNV, se aseguren una cierta mayoría que les permita sacar adelante sus proyectos y darles visibilidad internacional para presionar al gobierno y ponerle contra las cuerdas. ¿Está dispuesto el PSOE a correr ese riesgo?

A todo esto, la oposición, a la que el patinazo de Sánchez le ha venido como anillo al dedo, lo quiere aprovechar dando caña en la calle (que es donde más le duele al Partido Socialista. Convoca una manifestación y pretende sacar rédito político. Yo no estoy de acuerdo con esta táctica, y creo que en este momento se deberían utilizar todos los resortes, que todavía existen, para tratar de unir a las fuerzas constitucionalistas (si es que queda alguna) y hacer renacer de las cenizas un cierto consenso, que se rompió con la oportunista moción de censura.

Por otra parte, también reconozco que no nos merecemos este gobierno. Y que los bandazos que ha estado dando, y las contradicciones a las que se enfrentan constantemente sus miembros y miembras, no nos permite otorgarles un ápice de credibilidad. Por lo que, realmente, es que estoy hecho un verdadero lío.

Por eso creo que lo mejor sería que el Presidente del gobierno se retire a meditar, consulte con su oráculo particular (no sé si será el de Delfos u otro), que convoque –cuanto antes- unas elecciones, y que cada partido nos diga lo que piensa hacer con este problema. Ese sería un buen punto de partida, que permitiría poner los cimientos sobre los que, con posterioridad, construir un acuerdo sólido en el que se contemplara una solución a este problema. Una solución, que estoy seguro tendrá que ser a medio/largo plazo, y que –al contrario de lo que piensan los secesionistas- tendrá que tener el consenso de la mayoría del pueblo español, al que –lo quieran o no- pertenece Cataluña.

El PSOE tiene el deber de recuperar la ilusión de millones de españoles que depositaron sus esperanzas en un partido que no les puede defraudar. Y Sánchez no debe seguir escudándose en el independentismo para seguir manteniéndose en la Moncloa.

Como tampoco puede seguir dependiendo de aquellos que quieren romper España, ni continuar sometiéndose, de manera soterrada, al yugo que supone el continuo chantaje ejercido por los independentistas. Unas veces con los presupuestos, en otras ocasiones con sacar adelante determinados Decretos Leyes. Pero, en definitiva, se traduce en la necesidad de ejercer la acción de gobierno diaria, cuestión esta que el PSOE (con tan solo 84 diputados) no puede desarrollar y precisa de la ayuda envenenada que le puedan prestar otros grupos.

El gobierno tiene la obligación de intentar, por todos los medios, la solución a este problema, pero debe saber que no todo vale.

Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com

 



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