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Cómo debería verse Pedro Sánchez en el espejo social


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06/02/2019


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Millones de hacendosos ciudadanos certificarían que los males de España, sus carencias y lastres, se originan en politicastros de baja talla como la de Pedro Sánchez: el paradigma vergonzoso de la corrupción moral en lo político. 


En principio parecía un humilde militante que emprendía una aventura política de altos vuelos, pero enseguida comprobaron los compañeros del puño en alto que era un aprovechado dispuesto al pucherazo para trepar en las filas del socialismo. Lejos de volar con la grandeza de un halcón, se coló en los cielos un pájaro de mal agüero que podría exterminar al PSOE del siglo XXI. Ya mostraba entre los suyos esas artes de juego sucio que luego ha ejercido sin vergüenza, para asaltar la democracia del país que tuvo la desgracia de verlo crecer sin escrúpulos. Una manzana podrida del cesto izquierdista llegó a mezclarse con la política nacional con sendas derrotas electorales, pues se le calaba a distancia que no había trigo limpio en el candidato. Se le echó del PSOE con cajas destempladas por marrullero y volvió en primarias por sus propios fueros, sin acta de diputado, a sustraer institucionalmente el derecho de voto y a gobernar sin decencia que asista, siquiera meramente, una dignidad inexistente. Estamos ante el currículum de un auténtico fracasado, si a honra nos referimos o a fraudulentos doctorados.

Hasta ahora le fue bien a este Dorian Gray avispado que deberá entregar el alma cuando se le acabe un sueño de grandeza basado en la farsa y la carencia del honor. Dependerá del grado de inteligencia, o de elemental moralidad, el voto que le otorguen los incondicionales del demonio, pero es previsible que tanta repugnancia impida, si hay gente de bien, brindar honrosa confianza a semejante falsario.

La cizaña que ha sembrado el presidente que usurpó un gobierno,  engañando a todo un país, regresará como cosecha propia para encajar la derrota electoral sin precedentes que le espera cuando convoque elecciones. Entonces esa imagen de chulesca prepotencia con que se mira en el espejo autocomplaciente, se transformará frente al social que lo ha deformado en función de sus viles actitudes; se verá a sí mismo en la repugnante realidad de un ser instintivo de naturaleza aborrecible, con el martillo de la derrota golpeando una mente malsana, propia de la traición sin límite hasta contra sí mismo.

El chulo de La Moncloa, como se le conoce en la calle, vive una realidad paralela propensa a la disposición amoral, ajeno a la propia humillación de sus comportamientos alienados. El reflejo político en el que se contempla Pedro Sánchez es una aberración reiterada que no pasa inadvertida al conjunto de la mayoría social que reclama elecciones libres. Porque jamás el PSOE de la democracia había incurrido en un descrédito tan evidente sin disimular las intenciones, esta vez ni se tomaron la molestia de simular lo rastrero, como así fuera en el pasado del que es digno sucesor este campeón del juego sin reglas.

 Un pesebre del socialismo ha caído en Andalucía como prolegómeno del hundimiento del PSOE nacional en las zarpas de Sánchez. El presidente ilegítimo no toma consciencia de la animadversión que ha despertado, rodeado de afines oportunistas que le doran la píldora de la vanidad que lo mantiene erecto que no erguido-tal es su apariencia de esperpéntico engreimiento-, cuando de saber cuál es su verdadera identidad ante el Pueblo que lo aborrece, estaría doblado e impotente por el peso del ridículo que siempre llevará consigo.

Desde que se hizo con el poder de modo tan ruin y engañoso y además vuela en Falcon a capricho, como si España fuera su cortijo, pasa por ser el peor político que jamás soportó la España democrática. No puede ser más necio el arribista porque el país que pronto elegirá un rumbo renovado, lejos de la manipulación soez de este iluminado, lo conoce y espera hacérselo saber ante las urnas. No se considerará al partido socialista cuando lleguen las jornadas del sufragio universal que el déspota negó, sino al caradura que se erigió presidente con mentiras y añagazas como burdo embaucador de feria.

El traidor monclovita, como también lo denominan a pie de calle,  ha traspasado los límites de la prudencia por mantener la poltrona que usurpó. En tanto la ciudadanía harta lo aguarda ya taimadamente, con la discreción adaptada a la desvergüenza de un gobierno farsante.  A pesar del engaño permanente del CIS  de Tezanos, quien loa con mentiras las traiciones de este aprovechado sin honradez, las encuestas auguran un pago justo a tanta licencia imperdonable. La egolatría como dolencia mental desmiente el liderazgo del que se ufana, ignorando la bochornosa imagen nacional y mundial que proyecta, así sea de elevado el pedestal al cual le aupó la bajeza de su esencia personal y socialista… sinónimos irrenunciables en su caso. Habida cuenta de los antecedentes del zapaterismo cabe preguntarse si no se pergeñará alguna artimaña para convulsionar la sociedad e influir en el voto, ahora que Villarejo pide desclasificar la documentación del 11-M argumentando que se cerró en falso. Como si no se supiese… Las experiencias soportadas deberían aconsejar no bajar la guardia.

De seguirse sin sobresaltos los trámites de la ortodoxia democrática, la vergüenza ajena será histórica cuando, sin justificaciones oportunistas, Pedro Sánchez rinda cuentas como miserable mamporrero que secuestró un país con viles modos de estafa. En la vida civil habría sido penalizado ante un tribunal imparcial, lejos del sectarismo sembrado desde sus ministerios y del que no se libra ninguno de la crítica inexorable por ese carácter de vileza que los define a todos sin excepción; tanto más como a él siendo presidente sin legitimidad democrática. Cuanto más se agarre este gobierno antidemocrático al poder, más dura experimentará su caída. Como un mono borracho asido a una liana quebradiza el sanchismo que busca armonizar a nivel nacional el Impuesto de Sucesiones, entre otras canalladas, sobrevive como un parásito que se nutre de la sociedad que lo rechaza. Esa es la realidad que el presidente okupa es incapaz de ver desde la ciega soberbia de tan inflado ego.



Cuando Pedro Sánchez se refleje en el espejo consciente de la realidad social que lo contempla, el PSOE lo estará enterrando para que no se vuelva a levantar. De millones de ciudadanos, a los que no dejó votar, depende que así sea en las próximas elecciones.



Publicado en La Tribuna de España.

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