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Racionalizar el Gasto; Una forma de hegemonizar nuestra práctica diaria.


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03/02/2019

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“…ahora que el petróleo es nuestro, viva la soberanía, que tal señor Presidente si se convierte en comida, no lo digo por María ni porque me da la gana, pero el pueblo compañero tiene un hambre soberana…


Alí Primera, Ahora que el petróleo es nuestro. 1979.

 

Hurgar en la tecnicidad del Gasto Público en Venezuela, como ejercicio intelectual, equivale en algunos casos, a solo estar atrapado en datos estadísticos que muestran la evolución histórica que este aspecto ha sufrido en nuestra política fiscal, sobre todo, cuando dicha evolución resulta ser un mero símil con su patrón referencial; el producto interno bruto.

La concepción del gasto público que mostramos como sociedad por algunos efectos técnicos difiere de la cotidianidad de mostramos como ciudadanos activos, bien vale pena preguntarnos en este sentido, ¿cómo hacemos a diario para suplir nuestras necesidades y cumplir con nuestras obligaciones sin que eso represente un aumento en el gasto familiar?

La respuesta a esta interrogante, pasa inclusive por el hecho de aceptar que muchas veces nos cohibimos de gastos considerados “superfluos” en el acontecer diario, solo con la firme intención de estirar los ingresos percibidos de forma personal o colectiva en el núcleo familiar. Y es que, tal cohibición no responde a un acto coercitivo de las políticas públicas sino por el contrario, representa una acción consecuente de la madurez económica que se adquiere cuando se entiende el mercado y sus actores.

No puede verse el gasto, como un hecho compulsivo, tal y como la teoría clásica de la economía sostiene, no podemos alimentar una sociedad en la cual cada quién gasta a su antojo, bajo la premisa que eso es la base de la generación de empleo para otros actores del proceso económico, lo cual explica en una forma casi irónica, la conducta inescrupulosa de muchos y muchas de botar sus desechos sólidos en la vía pública, la creencia es sencilla, mi acto de botar la basura, es el empleo del barrendero (a) de no hacerlo, no habría necesidad de contratarlo.

Tampoco puede orientarse el gasto a la acción de satisfacer necesidades de manutención como ciertos sectores apuntan a reconocer como prioridad, dando una especial atención a las importaciones de comida y bienes de consumo masivo, por encima incluso, del valor agregado que puede ayudarnos a fortalecer la industria nacional con procesos productivos a corto, mediano y largo plazo, cuyos efectos sean disminuir la dependencia económica con otros países.

No podemos (así lo demuestra la cotidianidad) gastar sin control, usted no consume café por señalar alguna costumbre, todos los días en la calle, ya que entiende el gasto que representa y la brecha que se abre entre el gasto y su ingreso, aún cuando es testigo, que es la forma de sobrevivir de las personas que lo venden. Usted por ejemplo, apuesta a estrategias de unión entre pares y genera espacios de hacer y compartir café en la oficina u otros espacios.

Esta práctica cotidiana, pudiera ser una resistencia a la teoría clásica de la economía, ¿Es una práctica inhumana que atenta contra el empleo de otros? No queremos que estas líneas sea una confrontación con el tema de valores, por el contrario, debe entenderse como una descripción natural de un proceso que hemos obviado en términos macroeconómicos; la racionalidad del gasto.

Racionalizar el gasto significa entender que sea justo y necesario, que realmente esté asociado a los procesos de producción de bienes y servicios o prestación de servicios que hacemos, significa preguntarnos al momento de formularlo, ¿Es este realmente el costo, o puede ser menos? Esta simple analogía, nos confronta con nuestros criterios de costos o lo que creemos “cuesta” un trabajo o producto.

Tenemos un problema tácito en nuestra sociedad, no estimamos costos, hoy por hoy, cualquier persona coloca un precio sin perseguir criterios técnicos para su definición, lo hacemos en la sociedad, pero no sucede así en el hogar, ya que en este último sin negarnos nada, disminuimos las cosas y nos ajustamos a sus valores reales, o cómo podemos explicar a las amas de casa, aliñando la carne para “estirar” su consumo, las prácticas de utilizar los huevos como salvadores de comidas recalentadas, o la simple combinación de platos que significan sobras de platos principales de días atrás. No es un tema exclusivo de la sabiduría popular, es la madurez económica llamada racionalidad del gasto.

Ø  Es racional el gasto, cuando entendemos que algunas cosas estimadas, podemos hacerla nosotros mismos y disminuir los costos.

Ø  Es racional el gasto cuando acudimos a profesionales para un trabajo u oficio, con miras a que el conocimiento profesional no represente contratar varios en el futuro, por experimentar con personas que desconocen el área.

Ø  Es racional el gasto, cuando nuestra mirada busca dentro, lo que pretendemos contratar fuera, una insistente práctica que no observa los recursos y talentos que tenemos al frente, cuando nuestra mirada siempre marca un horizonte externo.

Ø  Es racional el gasto, cuando entendemos que un activo, que se deprecia y deteriora, debe necesariamente ser objeto de una política eficiente que alargue su vida útil, no prácticas de abuso y exceso de sus capacidades instaladas que traen consigo, reparaciones mayores producto del mal uso.

Ø  Es racional el gasto, cuando antes de pedir, pensamos en como generarlo como ingreso, erradicando conductas de que un tercero subvencione lo que hago, la sostenibilidad y lo sustentable deben ser criterios a adoptar.

Ø  Es racional el gasto, cuando hacemos acciones que signifiquen mejoras en los procesos y optimización de los mismos. La comodidad y la eficiencia no están divorciadas de los procesos revolucionarios.

Ø  Es racional el gasto cuando presentamos el gasto sin los valores agregados que muchas veces encarecen el servicio y no resultan del todo necesarios.

Ø  Es racional el gasto cuando no busco reproducir los modelos establecidos por el estamento económico,  por el contrario, busco fortalecer el poder popular y darle oportunidad de crecimiento a pequeños emprendedores.

Ø  Es racional el gasto cuando hacemos “sustitución” ese mismo criterio que nos lleva en nuestros hogares a comprar un botellón de agua para ahorrar más que comprar botellitas de menores presentaciones.

Ø  Es racional el gasto, cuando antes de hacerlo, nos preguntamos si existe otra forma de hacerlo.

Ø  Es racional el gasto cuando nos hacemos la idea que sale de nuestro propio peculio.

Ø  Es racional el gasto cuando hacemos revolución y abandonamos las prácticas clientelares.

Ø  Es racional el gasto cuando entendemos de una vez por todas, que la administración que hacemos en las instituciones públicas, se hace con sentido común, no con premisas utópicas disociadas de la realidad.

Ø  Es racional el gasto cuando se comprende que no todo puede darlo el Estado, los actores de los procesos deben tomar parte protagónica en el hacer de las cosas.

 

Racionalizamos el gasto, cuando vemos cada vez más claro, los ingresos que estarán en la acera del frente.

Fin.

 



Etiquetas:   Administración Pública   ·   Gasto Público   ·   Municipios

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