"En la desigualdad que vivimos el único recurso que nos queda es la Divina Providencia".
"En la desigualdad que vivimos el único recurso que nos queda es la Divina Providencia".

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Anoche me encontré con el sujeto
de la foto y me resultó imposible no retratar su paciente labor cabalística.
Obsesionado por descifrar la suerte y tratando de arrebatarle al destino, mediante
la tan anhelada combinación mágica, su pequeña porción de éxito, el individuo
examinaba con rigurosidad religiosa las diferentes alternativas numéricas que
le ofrecía una pequeña cartilla delgada como si se tratase del más completo ejemplar técnico
de análisis estadístico para invertir en la bolsa de valores. Me pregunté si el
sujeto estaba consciente de que la probabilidad de atinar, en un juego de azar,
mediante instrucciones escritas, y en muchas ocasiones contradictorias, era un
completo despropósito, y si la dedicación sacerdotal con la que se abandonaba al
cálculo metafísico de la fortuna le daría una alegría repentina el día menos
esperado o si, por el contrario, el paso del tiempo le dejaría tan vacía la
esperanza como vacíos quedaban sus bolsillos después de apostar su provisión en
el oscuro entramado del mundo de las apuestas.