Se requiere ser una alimaña igual o peor para legitimizar a nombre de los mexicanos -le invito a López Obrador a hablar a título personal y sí quiere también por sus 30 millones de seguidores que todo le aplauden pero que mantenga al resto lejos de sus simpatías-, a un dictador que no sólo ha sumergido a su país en una crisis económica y social galopante sino que ha buscado perpetuarse en el poder a como dé lugar y no vayan a creer que estoy hablando del México que se vislumbra a partir de este 2019, sino de Venezuela.




