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Los Alcázares: un sueño convertido en realidad


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24/01/2019


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Recientemente se han publicado los datos de población, facilitados por el Instituto Nacional de Estadística, y, a través de los mismos, nos enteramos que la Región de Murcia ha aumentado en más de ocho mil habitantes, cuando en el total de España se ha sufrido una leve regresión.

De los 45 municipios que conforman la totalidad de la geografía murciana, han aumentado población un total de 25. Y de estos, entre los cinco con mayor crecimiento se encuentra el de Los Alcázares.

Hoy me voy a permitir la licencia de escribir sobre este pequeño enclave, situado en el centro geográfico de la ribera del Mar Menor; y que, conviene recordar, se creó en el año 1983, por segregación de parte de los de Torre Pacheco y de San Javier. Un pueblo, en aquél entonces, dividido por una invisible y absurda frontera administrativa, fiel reflejo de un vetusto anacronismo, que los vecinos soportaban con unas ciertas dosis de ironía contenida.

El 13 de octubre de 1983, fecha en la que Los Alcázares consiguió tener su Ayuntamiento propio, su población alcanzaba, tan sólo, los 2.600 habitantes. Mientras que los datos actualizados a 2018, a los que me he referido al comienzo de este artículo, arrojan la cifra de casi 16.000 vecinos (independiente de la población flotante que se congrega en la época estival).

Fuimos un buen puñado de ilusos los que apostamos por conseguir que Los Alcázares dejara de ser un pueblo dividido administrativamente. Y los que nos empeñamos, con más ilusión que otra cosa, en fomentar un larvado anhelo que nuestros padres y abuelos nos legaron desde que, en aquél lejano septiembre de 1936, se conformara el Ayuntamiento Republicano de Los Alcázares, que tan solo duraría poco más de dos años.

Tuvieron que transcurrir casi cincuenta años para que los hijos y nietos de aquellos visionarios predecesores pudieran hacer realidad un sueño que ellos no pudieron culminar, por mor de una guerra incivil que se llevó por delante a miles de vidas humanas. Una desgraciada etapa en la historia de España, donde muchos ciudadanos vieron truncadas sus esperanzas en la defensa de sus valores e ideales, y por conseguir una sociedad más justa.

Antes de que Los Alcázares consiguiera constituirse como municipio independiente (en 1983), el peso específico que tenía, a nivel de renta social, entre las poblaciones de la Región de Murcia, era residual. Hoy, la renta per cápita de este joven municipio, lo sitúa en noveno lugar entre los cuarenta y cinco que componen nuestra Comunidad Autónoma.

Hace escasos días, Enrique Nieto, columnista del diario La Opinión, publicaba un artículo, titulado “Habitantes”, en el que comentaba el trabajo referido sobre el padrón de habitantes; y, refiriéndose a los pueblos con mayor incremento de población, decía textualmente: “…entre los que más nuevos habitantes suman, están San Javier y Los Alcázares, y, si se conocen estos lugares, es fácil saber por qué. Justamente en la zona que une a estas dos localidades (la de Los Narejos) la afluencia de extranjeros es tremenda… Hay bares y restaurantes de todas las nacionalidades posibles y un ambiente propicio para que estos residentes y turistas lo pasen bien.”.

Efectivamente, quien haya conocido la reciente historia de Los Alcázares y su evolución, generada desde el comienzo de su andadura tras conseguir su propio Ayuntamiento, puede dar fe de ello. Los datos de crecimiento económico y poblacional son incuestionables y, los que hemos tenido el orgullo de vivir en este rincón costero, somos fieles testigos de que, sin haber llegado a producir un desordenado crecimiento urbanístico, la expansión urbana y la creación de nuevos servicios han sido un factor clave en la configuración de una sociedad próspera, cuya población puede llegar a multiplicarse por siete en la temporada estival, dada su alta dependencia del turismo.

Todo esto lo expongo en contraposición con algunas críticas que, en determinadas ocasiones, se suelen hacer cuando se analizan los efectos negativos que el sector terciario tiene sobre ciertas economías. El turismo, efectivamente, si no se controla, puede llegar a ser pernicioso, y un elemento insostenible que puede dañar no solo el medio natural sino también la propia calidad de vida de los seres humanos.

Por suerte, Los Alcázares, con tan solo 21 kilómetros cuadrados de extensión territorial, ha sabido controlar de forma ordenada este tipo de impacto. Y, aunque su dependencia del sector turístico es fundamental, no obstante, ha sabido diversificar la utilización de otros recursos. Apostando firmemente por la creación de nuevas plazas hoteleras, y sin sufrir las consecuencias de un urbanismo salvaje que, desgraciadamente, tanto deterioro ha causado en otras zonas turísticas. Un modelo sostenible, por tanto, que le ha permitido incrementar su población fija y permanente durante todo el año, posibilitando una garantía de estabilidad socioeconómica que le diferencia de otras poblaciones turísticas de nuestro entorno.

No puedo olvidar el esfuerzo y el tesón que pusieron tantos y tantos vecinos, residentes y simpatizantes cuando, en 1977, iniciaron un camino sin retorno que nos llevaría a conseguir, seis años después, la creación de un municipio propio para un núcleo de población que, en aquél entonces, no superaba los 2.600 habitantes. El secreto estuvo en la tenacidad, y en la firme convicción que teníamos, sobre un proceso en el que se vio involucrado la práctica totalidad de los vecinos.

Yo me encontraba entre esos aventureros, y ahora, tras treinta y cinco años de andadura de esta maravillosa aventura, puedo decir que lo que ayer fue una quimera, hoy es una incuestionable realidad.

Me gusta recordar que yo tuve algo que ver en este episodio de la historia de un pueblo, que supo unir voluntades en un empeño común, sin ningún tipo de estridencias ni actitudes excluyentes. Los alcazareños supimos transformar nuestras inquietudes en legítimas reivindicaciones, dentro de la legalidad, del orden, y con un cierto halo festivo. Optamos por configurar nuestra estructura socio económica en un modelo basado en el turismo, pero, en mi subjetivo parecer, corregido y mejorado.

Un modelo turístico que, como Enrique Nieto escribía, ha conseguido un ambiente propicio, que permite encontrarnos, en cualquier temporada del año, numerosos extranjeros paseando por las calles y plazas de Los Alcázares.

Un pueblo, que nació a la orilla de un mar, de nombre Menor pero grande en belleza y hermosura. En suma, un pueblo que ha sabido conjugar su apuesta por la modernidad y la calidad en los servicios, sin renunciar al sabor añejo que le ha caracterizado como una sociedad acogedora.

Sirva el presente artículo como homenaje a aquellos que apostaron, bregaron y consiguieron que un sueño se convirtiera en realidad. Al menos, algo hicimos bien… 

Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com



Etiquetas:   Ayuntamiento

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