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La esclavitud hoy


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19/09/2011

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La esclavitud hoy


A pesar de que la esclavitud está prohibida en todos los países, aún existen entre 12 y 27 millones de personas en condiciones de trabajos forzados en todo el mundo que podrían considerarse esclavas. En la mayoría de los casos se trata de personas que han de pagar una deuda adquirida mediante trabajo, a menudo de forma indefinida e incluso hereditaria, siendo común este concepto en el sur de Asia. Otra forma de esclavitud, en preocupante es el tráfico de niños y mujeres con fines de explotación sexual.

El sistema de castas indio, por otra parte, induce una forma de ordenamiento social discriminatorio cercano a la esclavitud, en el que existen personas “dignas” y otras que son “intocables” pues pueden llegar a contaminar. Aunque legalmente está abolido, este sistema se sigue practicando en el ámbito rural.

En otros países africanos como Mauritania, la abolición legal de la esclavitud no llegó hasta los años ochenta del siglo pasado, aunque la práctica real de la misma aún no ha podido ser del todo extinguida. No obstante, ha sido recientemente en el 2007 penalizada.

El Papa Benedicto XVI condenó las nuevas formas de esclavitud en el mundo contemporáneo, que afectan principalmente a inmigrantes indocumentados, mujeres en situación de prostitución y a menores obligados a trabajar. Con este pronunciamiento Benedicto XVI ratifica la doctrina seguida por muchos de sus antecesores de los siglos XV al XX, contraria al apoyo que el sistema esclavista recibiera por parte de la Iglesia durante 1.500 años.

La esclavitud en la religión

Hay constancias históricas de esclavitud en la antigua Mesopotamia con 5.000 años de antigüedad, de suerte que al surgir el cristianismo la práctica de comprar y vender a seres humanos como esclavos tenía ya por lo menos tres milenios sobre la Tierra, pero lamentablemente, contra lo que pudiera pensarse, la aparición de la doctrina del amor no vino a mejorar la suerte de millones de personas sujetas a este sistema de explotación.

Ocurrió que desde los primeros tiempos del cristianismo los mismos padres de la Iglesia, empezando por el apóstol San Pablo, exhortaban a los esclavos a la obediencia, sumisión y fidelidad con sus amos, aunque estos fuesen gentiles, a quienes debían servir "con temor y respeto", con amor y voluntad (Epístola a los Efesios).

Por su parte, San Agustín encontraba el origen o "primera causa" de la esclavitud en el pecado, considerándola un castigo de Dios según "las culpas" de los pecadores; veía en la esclavitud un medio de purificación, de perfección, de elevación, y siguiendo a San Pablo, exhortaba a los esclavos a no desear la libertad, sino a servir a los amos o dueños con buena voluntad "hasta que pase esta iniquidad y calamidad y se reforme y deshaga todo el mando y potestad de los hombres".

De igual manera, Taciano y San Gregorio de Nacianzo encontraron el origen de la esclavitud en el vicio, en el pecado, y otros como San Ignacio, San Crisóstomo y San Isidoro aconsejaron también al esclavo no desear la libertad y preferir la servidumbre.

La esclavitud en la historia

El tráfico de esclavos en Africa, que primero habían dominado los árabes para vender su mercancía en los mercados mediterráneos, comenzó a caer bajo el control de los europeos durante el s. XV.

Como mano de obra más apta se utilizó en toda América al negro esclavo. España fue la que menos se dedicó al tráfico negrero, limitándose a conceder licencias de entrada, inicialmente a los genoveses, después a las compañías alemanas y a los portugueses, y por último a franceses e ingleses; éstos obtuvieron la exclusiva en 1713 por el "derecho de asiento", hasta que se concedió la libertad en 1789. Aunque la entrada de esclavos negros fue general para todos los reinos y provincias de la América española, su número fue mayor en el área del Caribe y golfo de México, tanto por razones climáticas como por el rápido descenso de la población indígena en estas zonas.

Fue en las colonias francesas (Haití, Martinica, etc.) y en las inglesas (Jamaica, Virginia, Carolina, Georgia y en general en el Sur de las Trece Colonias) donde el empleo de esclavos alcanzó mayor densidad.

La esclavitud hoy

Denunciar la esclavitud es necesario: la esclavitud es todo aquel trabajo no remunerado o muy mal pagado, donde los humanos son privados de garantías como seres humanos, tales como la libertad.

La esclavitud no es particular de una cultura o de una nación: es triste confirmar que se halla en varias partes. Para denunciar algunas, podemos hablar de los niños y niñas que trabajan en las calles de distintos países en desarrollo y son explotados por adultos o niños mayores, quienes los privan de las ganancias y les dan un mínimo de paga con algo de alimento y un techo.

En países europeos como Inglaterra y España, o en algunos barrios chinos hay talleres de manufactura o restaurantes que engañan a la gente. Desde China les cobran una cuota para cruzar las fronteras y, una vez llegando a Europa, los tienen en condición de esclavos trabajando jornadas larguísimas y durmiendo todos bajo el mismo techo, sin ofrecerles condiciones de vida dignas.

En Israel, por ejemplo, son comunes las historias de mexicanas que en México trabajan como empleadas domésticas y son engañadas por sus patrones: les prometen sueldos diez veces mayores que los de México. Una vez en Israel les retiran sus documentos y les impiden salir a la calle, pues pueden ser deportadas.

La sociedad actual necesita trabajar con su pasado, analizar en qué consistió la trata de esclavos, las consecuencias sociales, culturales y económicas que se provocaron con ello. No obstante la tragedia histórica que es la trata de esclavos en términos humanos, el comercio de esclavos trajo consigo importantes manifestaciones culturales, como danzas y música. La gente desterrada reinterpretó sus tradiciones en los nuevos territorios y se desarrollaron nuevas tradiciones que también contribuyeron al mestizaje.

Beatriz Valerio



Etiquetas:   Ciudadanía
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