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"Poetas y Poesías" Ramón García Mateos


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21/01/2019


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«Me he despertado esta mañana con la amnesia


calcárea de los muertos, suspendido en la cuerda

que transita la sima pavorosa del olvido.»

(Ramón García Mateos, Morfina en el corazón, 2003)

“Poetas y poesías” por Mª Ángeles Álvarez.

Ramón García Mateos es un poeta y ensayista salmantino, nacido el 30 de septiembre de 1960, que actualmente ejerce la docencia como catedrático de Lengua y Literatura Española en el Instituto de Enseñanza Secundaria “Cambrils” de Cambrils (Tarragona), localidad en la que reside desde hace años.

Su trayectoria poética comienza con el libro titulado De una eterna voz (1986), que recoge tanto poemas suyos como de Leopoldo de Luís. Más adelante publicaría Triste es el territorio de la ausencia (1998) galardonado con el Premio de Poesía “Blas de Otero 1997”y Como el faro sin luz de la tristeza (2000) ganador del Premio “González de Lama 1999”.

En 2001 publica De ronda y madrugada, que obtuvo accésit al Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Torrevieja” y en 2003Morfina en el corazón, Premio Rafael Morales.

En sus composiciones, Ramón García Mateos combina la escritura culta y bien coordinada, con otra más sencilla y en la que algunos aprecian “aires de canción” o “cantares”. La temática es variada y también lo es la métrica.

Así, en Triste es el territorio de la ausencia (1998), el autor nos lleva consigo a lugares y tiempos de su niñez que perviven en su memoria y nos habla de ellos con un lenguaje sencillo y melancólico, pero a la vez vacío de tristezas. Y es que son numerosos los poemas en los que el autor nos cuenta con nostalgia un pasado perdido, un tiempo que ya no volverá, la infancia, la suya, marcada por la escasez, pero a la que mira con dulce melancolía. Sin embargo, García Mateos también nos trae de vuelta al presente, a través de temas como el amor.

Más tarde, con Morfina en el corazón, el poeta se pregunta quién es, si está vivo o muerto, si lo que ve, lo que vive es o no real. Se trata de una obra que comprende versos cercanos al existencialismo, pero sin caer en el tormento que esas dudas pueden llegar a generarle. Esta es una obra donde la pasión está también muy presente, conjugada con sentimientos que rayan el conformismo.

Dice Ramón García Mateos que “(…) Poesía y literatura no son la misma cosa; porque la literatura nace de la invención —de la mentira— y el verso desgrana la verdad en gajos de emoción y de ternura; porque la poesía es numen creador, dios de la blasfemia, redentor apóstata que nos salva de la equimosis del tiempo; porque la literatura es aire, dulzura que acaricia, mas el poema es luz que de tan pura hiere, resplandor que revela la negrura del alma, que inquieta las pupilas, deforma los cartílagos y purifica el tuétano del dolor (…). (fuente: Blog “Voz y mirada de España y América”).

Su poesía es nostálgica, sin caer en la exaltación de la tristeza, es comprometida y de denuncia social; es reflexiva, pero también apasionada; es una poesía de memoria, pero también de olvido. Y García Mateos sabe conjugar todo ello a la perfección a través de poemas que unas veces huyen de las formas clásicas, del encorsetamiento, recurriendo incluso a la poesía en prosa; pero otras, regresa a los versos más tradicionales.

De todos sus poemas hoy nos quedamos con uno de sus inicios, Yo hice el mundo en mi lengua castellana del libro Triste es el territorio de la ausencia, unos versos cortos y sencillos que a la vez encierran un profundo significado.

Yo hice el mundo en mi lengua castellana

Hoy estoy seguro que descubrí la vida en las palabras de aquellos hombres que hablaban a la puerta de la taberna con anchas sílabas de tierra. Solemnemente hablaban del trigo y de la lluvia, del vino y la cosecha. Sus palabras —ya mías— quedan en el recuerdo como paloma de luz en un revuelo.

Yo hice el mundo en mi lengua castellana

y aprendí el nombre exacto de las cosas

—madre, tierra, silencio,

hermano y compañía—,

supe entonces que sólo las palabras

eran de cuanto existe la medida.

El mundo se hizo en mí

a fuerza de palabras

y el verbo transformado en realidades

fue de pronto madera,

canción y sentimiento.

Nada quedaba fuera de los nombres,

las plantas se nombraban una a una,

los pájaros, el fruto de los árboles,

el nombre conseguido de los nombres.

Supe entonces que todo era ya mío,

que nada se escapaba a la palabra,

era entonces mi mundo

de luz y de esperanza.







Etiquetas:   Poesía   ·   Periodismo   ·   Cultura   ·   Lectores

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