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Hoy, el fuego se
usa para matar y en algunos casos, para desfigurar lo que otrora fuera “la media
naranja”, “el peor es nada”, “la otra
mitad” o “el alma gemela”.
Argentina en el
último año aumentó el número de casos conocidos de mujeres que mueren quemadas
por su pareja, un total de 11 casos en lo que va del 2011 según datos aportados
por la ONG la Casa del Encuentro dedicada a la lucha contra la violencia de
género.
El ataque
incendiario se ha convertido en un modus operandi que cobra fuerza por la
exposición de los hechos en los medios periodísticos y la falta de castigo al
agresor que irónicamente, cuenta con el beneficio de la duda.
Se parece a la caza
de brujas de la Edad Media a manos de la Santa Inquisición; es inadmisible que
en el siglo XXI la mujer siga siendo vista como un cuerpo culpable; como un ser
endemoniado pasible de los peores tormentos.
Un sujeto
prostituido desde el alma al cuerpo; condenado en su pensar, sentir y hacer.
Se avizora un in
crescendo en la situación de desamparo de las mujeres a nivel mundial, ya que
la violencia contra las mujeres no es una realidad que toca sólo a la
Argentina.
No es suficiente
la existencia de ONGs y asociaciones dedicadas a combatir la violencia en todas
sus formas, si desde los poderes del estado no se trabaja mancomunadamente para
dar una solución a esta problemática.
Las organizaciones
intermedias sólo pueden ayudar a las víctimas a salir del círculo vicioso, a
entender la importancia de denunciar ante la Justicia los hechos de violencia,
pero no pueden hacer las leyes ni disponer su aplicación.
La organización de
congresos, charlas y cualquier otro evento con fines informativos encarados por
los estados, son meros hechos políticos
que no alcanzan para resolver la problemática, son pura propaganda política.
Es tiempo de
terminar con la hipocresía y dejar de escribir con la mano lo que se borra con
los codos.
La ley y su
aplicación es la mejor manera de poner a los responsables de los femicidios en el lugar que deben estar; en la cárcel, purgando
por sus crímenes.
Considerar los
ataques incendiarios porque son los más resonantes de los últimos tiempos no
nos impide mencionar que en 2010 murieron 260 mujeres por golpes, balas o
apuñalamiento; apenas 11 de las fallecidas fue por quemaduras provocadas por su
pareja.
Enhorabuena desde
el sector político se impulsan proyectos que buscan legislar sobre la
problemática: "La muerte de 260 mujeres el año pasado, es una barbaridad y
representa un aumento de 12%-13% en comparación a 2009", señaló a BBC
Mundo la diputada Cecilia Merchán, del bloque Libres del Sur.
La legisladora
introdujo hace pocos días en el Congreso un proyecto de ley que busca reformar
el Código Penal para incluir el delito de "femicidio". Es decir, un
homicidio agravado por la violencia de género.
Esperemos que el
año electoral no opaque su tratamiento, porque al paso que vamos, parece que la
vida de una mujer no vale un centavo.